art–NarracionOral

Artículo escrito para la edición en papel de CulturaEnGuada que se publicó con motivo del XXIV Maratón de los Cuentos de Guadalajara.

 

El Maratón de los Cuentos de Guadalajara es un monstruo que despierta unos días al año para darse un gran atracón de cuentos contados y luego pasar el resto del año digiriendo la tremenda comilona. 

No es la primera vez que hablo del Maratón como un monstruo devorador de cuentos, ya lo hice tiempo atrás en un blog de ElDecano.es en el que escribí durante unos cuantos años y también he vuelto a recuperar esta idea para un artículo sobre el Maratón que se publicará en el próximo número de la Revista N de ANIN. 

Pero siempre lo he citado de pasada y hoy, aprovechando la oportunidad que me brinda CulturaEnGuada, voy a intentar desarrollarlo un tanto.

Los monstruos (ya habiten en los cuentos ya habiten fuera de ellos) son algo que a un mismo tiempo nos atrae y nos repele. El Maratón de los Cuentos de Guadalajara, como buen monstruo, también ejerce sobre nosotros esa doble tensión, especialmente la de atracción, y eso ha sido así desde sus inicios. Fue gracias a su poderoso atractivo que gentes diversas acabaron reuniéndose en el Palacio del Infantado para contar y escuchar cuentos (aunque en muchos casos no lo habían hecho antes); también esta fuerza atractora ayudó a que la buena nueva de la revitalización del cuento contado llegara a lugares bien lejanos por los medios y la prensa que venían por aquí a ver qué se cocía, o más bien, qué se contaba; y fue también gracias a esta tensión de atracción que narradores y narradoras dispersos por todas las provincias y regiones acabaron por encontrarse aquí, conocerse y reconocerse como colectivo, como oficio.

Artículo escrito para el Boletín n.º 32 de AEDA que coordinó Almudena Francés y que reflexionaba sobre los márgenes de los cuentos y cómo los cuentos servían para acercarnos.

 

En muchos cuentos tradicionales es fácil encontrarse con dos elementos (de vital importancia para el ser humano) asumiendo gran protagonismo (de manera central o periférica) en la trama de la historia. Estos dos asuntos no son otros que la comida (imprescindible para la pervivencia del individuo) y el sexo (imprescindible para la pervivencia de la especie). La necesidad de comida y sexo son dos pulsiones que están incluidas en la base de la pirámide de las necesidades humanas que diseñó el psicólogo americano Abraham Maslow; ambas comparten muchas características pero, de entre todas ellas, querría señalar una: ambas pueden resultar extremadamente placenteras.

Comer para sobrevivir y tener sexo para perpetuarse han devenido en goce. El placer de una buena comida y el disfrute del buen sexo ungen de un carácter festivo algo que, en principio, debería ser una mera tarea, un puro trámite para la subsistencia.

Este asunto del goce ha hecho que quienes se consideran investidos por el dogma y se piensan con la capacidad de legislar sobre lo que (ellos creen que) está bien o está mal hayan fijado su atención en estas cuestiones pues, todo lo que resulta un placer para la carne, parece contravenir la idea del valle de lágrimas y, sobre todo, parece lastrar los placeres espirituales (que no espirituosos) que son, supuestamente, más puros y elevados.

Artículo escrito para la Revista N de ANIN, Associació de Narradores i Narradors.

 

Los inicios

Por cuestiones que serían largas de contar, en 1992 se dio una peculiar coincidencia en Guadalajara que acabaría por alumbrar el Maratón de Cuentos: la directora de la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara, Blanca Calvo, fue también alcaldesa de la ciudad. Como gobernaba en minoría (los tres concejales de Izquierda Unida eran todo el equipo de gobierno, mientras que los diez del PSOE y los doce del PP eran la oposición) no podía aprobar nuevos presupuestos (pero sí prorrogar los del año anterior). Esta alcaldesa bibliotecaria no comprendía que en Guadalajara no se celebrara el Día del Libro ni hubiera una Feria del Libro y quiso organizar algo (sin poder presupuestar nada). Fue de esta manera cuando una tarde de conversación con dos buenas amigas suyas Eva Ortiz (bibliotecaria de Azuqueca de Henares) y Estrella Ortiz (decana de esta nueva hornada de cuentistas que iban apareciendo), surgió la idea de un Maratón de Cuentos, una Fiesta de la Palabra que costara muy poco dinero y que se sustentara en la participación de las gentes de la ciudad, los grupos de teatro, artistas, escritores, asociaciones... Para que tuviera más repercusión se preguntó al Guinness cuánto tiempo debía durar para entrar a formar parte del Libro de los Récords, y como la respuesta fue de 24 horas el primer Maratón de cuentos se propuso durar eso. En este primer Maratón se permitió leer pero, visto que era una rémora para el feliz desarrollo del mismo, en la siguiente edición esto ya no sucedió (y así continúa hasta nuestros días). [Más información sobre el origen del Maratón de los Cuentos de Guadalajara]

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