Sobre la profesionalización de la narración oral

Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

 

En el ámbito del libro y relacionado con La hora del cuento, hablaremos de tres aspectos fundamentales: editoriales (editores, libros y autores), librerías y críticos.

 

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Las editoriales.

Existían libros de LIJ (literatura infantil y juvenil) en el panorama editorial previo a los años 70 del pasado siglo (desde autores propios como *Elena Fortún* o Antoniorrobles a clásicos de otros países como Kipling o Stevenson, por poner dos conocidos ejemplos). Igualmente había libros ilustrados en España antes de los años 70. Por poner algunos ejemplos hay varias ediciones (al menos desde 1947) del álbum ilustrado El negrito Sambo en español, y también eran muy populares los famosos cuentos de Calleja desde finales del S. XIX. El panorama es más complejo y rico de lo que pueda parecer (para echar un vistazo en este sentido, aquí).

Pero es a finales de los 70, con la apertura tras los estertores y final de la Dictadura, cuando en España desembarcan los libros que están revolucionando la literatura infantil y juvenil en Occidente, libros escritos por autores que, en muchos casos, pasarán a formar parte del nuevo canon de la literatura infantil y juvenil contemporánea, textos que llevaban años siendo leídos y disfrutados en otros países pero que eran desconocidos aquí. Y sobre todo libros bellamente ilustrados, en los que texto e ilustración cuentan juntos una misma historia: los álbumes ilustrados.

 

Aparecen en este momento editoriales que dan a conocer muchos de estos libros y autores extraordinarios, entre ellas debemos destacar la vallisoletana Miñón, una editorial que aglutina en su catálogo un altísimo porcentaje de libros maravillosos, muchos de ellos álbumes ilustrados que sorprenden por la calidad de sus textos y la novedad de sus ilustraciones. Hay grandes editoras, como Esther Tusquets en Lumen, abriendo la puerta a la publicación de este tipo de libros y publicando álbumes de gran calidad (merece la pena echar un vistazo aquí). Igualmente la colección de Altea Benjamín publica libros y cuentos deslumbrantes a un precio muy accesible. Gracias a editoriales como estas empiezan a conocerse en España autores de la talla de Tomi Ungerer, Helme Heine, David McKee, Max Velthuijs, Raymond Briggs, Jan Lööf, Ralph Steadman, Rosemary Wells, etc.

También la editorial Alfaguara comienza a publicar libros de altísima calidad y de autores imprescindibles: Arnold Lobel, Maurice Sendak, Michael Ende, Roald Dahl, Gianni Rodari, etc.

Igualmente autores e ilustradores españoles (que en muchos casos estaban publicando fuera de España) comienzan a ser publicados en nuestro país. 

 

Es un momento en el que hay una gran entrada de textos y autores extraordinarios. Y muchos de estos libros, muchos de estos cuentos, se presentaban como un excelente material para contar. Es importante tener en cuenta que esta avalancha de "buen material susceptible de ser contando" en ese momento es determinante: el cuento está entrando en las escuelas, pero hacen falta buenos textos para contar, buenos libros ilustrados que animar a leer. La maquinaria estaba lista, con los buenos libros llega la gasolina precisa para ponerla en marcha, como así sucedió.

 

En los años 90 del pasado siglo aparecen nuevas editoriales que serán fundamentales para la creación y difusión de textos contados: Kókinos, Kalandraka, OQO, Corimbo... en esta línea, y más adelante, aparecerán otras editoriales como Thule, Bárbara Fiore, A buen paso, etc. Pequeñas editoriales dirigidas por editores (y no comerciales) con el objetivo de incluir buenos textos en su catálogo. Libros que en muchos casos nutren los repertorios de narradores orales y que, en otros muchos casos, acompañan a los buenos textos con excelentes ilustraciones que pueden servir de apoyo para la narración.

 

Nota aparte merecen las grandes editoriales (SM, Edelvives, Edebé, etc.) que entran en el mercado escolar (editoriales escolares) y cuyo objetivo es conseguir el mayor número posible de ventas más allá de la mayor o menor calidad de los productos que orfecen. En este sentido merece la pena señalar la cuestión de lo políticamente correcto, una lacra que poco a poco ha ido invadiendo muchos de los parajes de la edición para niños y jóvenes. Para un ejemplo al respecto ver aquí. A pesar de ello también entre estas grandes editoriales encontramos algunas colecciones notables (Sopa de libros en Anaya, por ejemplo).

 

Las editoriales (especialmente las grandes, pero no solo) a veces como contraprestación por importantes compras de lotes de libros ofrecen visitas de autor y/o "cuentacuentos" con narradores de plantilla que, en muchos casos, deben contar textos propios de la editorial para así "vender" sus productos, dificultando así al narrador la búsqueda del repertorio personal que desarrollará su propia voz, fundamento de este oficio artístico.

Esta práctica es común desde los despertares del oficio, pues ya en 1993 encontramos a narradores como Ana García Castellano trabajando para editoriales, o narradores como Pep Tort que llevan muchos años contando y que prácticamente nunca han salido del ámbito editorial.

 

Para terminar, os remitimos a este artículo de Roberto Mezquita publicado en la revista Tantágora sobre narradores que escriben (y, próximamente, otro artículo que saldrá también en Tantágora sobre editoriales que publican a narradores, en cuanto salga el artículo lo enlazaremos también aquí).

 

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Las librerías.

También en estos primeros años de la década de los 70 aparece la primera librería (de la que tenemos constancia) especializada en LIJ, la librería Talentum, en Madrid, puesta en marcha por Carmen Olivares. Sucede además que en esta librería comienzan a contarse cuentos los sábados por la mañana (¡estamos hablando de mediados de los años 70!): y allí comparten espacio para contar *Montserrat del Amo*, acaso el gran referente de la narración oral en España en ese momento, y *Federico Martín Nebras*. Me interesa señalar que en este momento, en esta librería Talentum, en la que cuentan Montserrat del Amo y Federico Martín, confluyen las tres líneas propuestas en esta segunda etapa de la profesionalización de la narración oral: librería Talentum (el libro), Montserrat del Amo (la biblioteca) y Federico Martín (la escuela).

En los años 80 hay libreros que comienzan a contar cuentos en sus librerías, el caso más destacado, sin lugar a dudas, es Pep Durán, cuya fama como narrador trasciende de la librería Rovafabes en la que comenzó a contar y tiene que compatibilizar su trabajo como librero y como trajinante de cuentos y dinamizador de libros y de lecturas. Pep Durán es uno de los fundamentos del renacimiento de este oficio, pues fue modelo para algunos pioneros (Pepepérez, *Estrella Ortiz*) o para quienes querían programar cuentos (bibliotecas especialmente).

A finales de la década de los 90, pero sobre todo en la primera década del siglo XXI aparecen muchas librerías especializadas en LIJ en las que, como hizo la precursora Talentum, se cuentan cuentos (a veces son los propios libreros, como en El dragón lector, Madrid; otras veces son autores y narradores contratados para ello, como en La ballena de los cuentos, en Guadalajara). Entre estas librerías conviene destacar la interesante labor que ha realizado La mar de cuentos, Madrid, puesta en marcha por Marta Anson.

 

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Los críticos.

Para terminar con este bloque de La hora del cuento. Los libros, hay que hablar de los críticos.

En 1979 *Paco Abril*, promotor del libro, formador de maestros y narrador oral, recibe el Primer Premio Nacional a la Mejor Labor Crítica en LIJ. Todavía no habíamos hablado de Paco Abril, uno de los pioneros en el ámbito de la animación a la lectura y de los promotores del cuento contado a principios de los 80 de pasado siglo, referente que no debemos olvidar y cuya labor continua como activista del libro y el cuento le llevó en 1989 a fundar La Oreja Verde, suplemento de LIJ en el periódico Nueva España.

Otras revistas importantes nacen en los 80 y 90: Educación y biblioteca (cuyo cierre nos consternó apenas hace unas semanas -junio 2011); Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil (CLIJ), dirigido por Victoria Fernández; Revista Peonza, dirigida por el incombustible equipo Peonza; Revista Babar, etc. 

Otros ámbitos de crítica de LIJ están en la red, importan destacar algunos blogs como La biblioteca de los elefantes (administrado por dos narradores orales: Félix Albo y Soledad Felloza), o Bienvenidos a la fiesta, o SOL, o Tierra Oral (también de otro narrador), etc.

De entre los críticos de LIJ conviene destacar, al menos, a dos personas. Por un lado a Ana Garralón, cuyo blog es referente imprescindible en todo el mundo de habla hispana en el ámbito de la crítica y reflexión sobre la LIJ. Por otro lado citar también a Gustavo Puerta Leise, cuyo trabajo en el suplemento de El Mundo y en Educación y biblioteca facilitó a muchos lectores el acercamiento al álbum ilustrado y les enseñó a valorarlo y comprenderlo.

El apartado de la crítica es importante. Si hay críticos es porque hay una demanda de conocimiento, de discernimiento de los productos en el mercado. Si hay críticos es porque se valora positivamente el cuento y el libro de LIJ. Los críticos ayudan a la conformación del criterio de los lectores (y de los compradores) de esos libros. Los críticos también orientan y ayudan en la búsqueda del repertorio para los narradores, una búsqueda incesante que forma parte de la esencia del oficio. La existencia de críticos simboliza la buena salud que disfruta el libro de LIJ y eso siempre es bueno para los narradores que andan buscando buenos cuentos para contar.

Interesa anotar también la presencia de narradores entre los críticos de libros, quizás por la constante búsqueda de textos para contar, de nuevo repertorio, muchos narradores se han convertido en grandes lectores.

 

Dicho esto, entristece anotar que no existe crítica profesional referida al ámbito de la narración oral, apenas algún pequeño conato: El adelantado de Segovia y El Norte -donde Alfonso Arribas reseñó durante diez años y de manera notable a todos los narradores que pasaron por el Festival de Narración Oral de Segovia-; también el Colectivo Légolas incluyó un espacio en su blog para que los asistentes habituales a las sesiones de cuentos que ellos programaban pudieran escribir y publicar las críticas de las sesiones; y por último el blog de Los cuentos de la luna a veces incluye críticas de sesiones de cuentos... y poco más. [Más sobre los críticos aquí].

 

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Mención aparte merece la creación en 1981 de la asociación Amigos del IBBY, que luego pasará a denominarse Amigos del libro (OEPLI) y que forma parte de la sección española del IBBY. Esta asociación dedicada a la promoción del libro infantil y juvenil y a la animación a la lectura, será también una de las grandes impulsoras de la expansión de la narración oral en estos momentos en España; y como muestra de su importancia está la celebración en 1995 de unas jornadas centradas en el cuento contado (pero de esto hablamos con más detalle más adelante).

 

Y como última nota de este epígrafe, recordar la guía Historias de cuentistas elaborada en 2011 por la biblioteca del CIVICAN, en Pamplona, una guía de libros en los que contar cuentos tiene protagonismo y relevancia dentro de la trama narrativa. En los libros, finalmente, también se cuenta.

 

 

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Unas cuantas conclusiones sobre todo este proceso:

I Sobre los cuentos tradicionales y los folcloristas.

II Sobre La hora del cuento.

III Sobre el oficio.

IV Breves reflexiones últimas.

 

 

 

I Sobre los cuentos tradicionales

 

Viendo la evolución de todo el epígrafe de Los folcloristas me atrevo a afirmar que las buenas recopilaciones de cuentos tradicionales viven alejadas del gran público. Apenas hay honrosas excepciones como la imprescindible Cuentos al amor de la lumbre, de Antonio Rodríguez Almodóvar, publicada por Anaya (edición de bolsillo en Alianza), o la colección de Cuentos Populares de la editorial Siruela que dirige Ana Griot. Nótese que en ambos casos son personas vinculadas al cuento contado (estudiosos y narradores), y nótese también que en ambos casos estas colecciones contienen versiones (arquetípicas o reescritas) de cuentos tradicionales, por lo tanto, versiones diferentes a las aportadas por los informantes, es decir, versiones que no interesan a los estudiosos. Versiones en suma que pierden parte de su esencia (porque el modo de contar también cuenta) para acercar los textos a los lectores.

Las grandes colecciones de cuentos tradicionales y los trabajos de última hora de recopilación de textos folclóricos están en manos de estudiosos y de profesores universitarios. Los cuentos contados pasan de los últimos informantes a los archivos universitarios.

Esta situación hace que mucha gente interesada en los cuentos populares no conozca estas colecciones excepcionales de cuentos tradicionales y se acerque a otro tipo de textos más comerciales y deturpados. Y lo que es peor, muchos narradores profesionales desconocen estos materiales maravillosos o, si los conocen, suele ser en versiones mediocres que no despiertan su interés por contarlos.

Por otro lado, aunque todavía aparecen de vez en cuando colecciones insólitas de cuentos tradicionales (Los cuentos de Ahigal, abril de 2011), cada vez resulta más difícil encontrar informantes capaces de contar buenos cuentos, versiones completas, textos maravillosos. La oralidad pervive, pero cambian sus formas. Y desde luego, la del cuento tradicional, languidece.

Sorprende ver a narradores profesionales de toda Europa contar cuentos tradicionales. Ellos se sienten parte de una cadena de transmisión, se sienten portadores de una palabra tradicional que es la esencia misma de la cultura y el país. Este sentimiento no parece tener lugar entre los narradores españoles salvo en algunos casos: *Antonio Rodríguez Almodóvar*, Victoria Gullón, Carles García, *Ignacio Sanz*, Carlos Alba, M. M. Hammú... Tal es la distancia entre los textos tradicionales y los narradores actuales. También es verdad que hay cuentistas profesionales que han ido trazando su propio repertorio (partiendo de textos propios o de autor) hasta llegar a los cuentos tradicionales, en un proceso que ha durado años, es el caso de Alberto Sebastián, Pep Bruno, etc.

Quizás la misma evolución de la oralidad tradicional, o los avatares de su recogida y estudio, han sido culpables de que esto suceda hoy en día. Quizás la vinculación tradicional de nuestro oficio a la escuela, la biblioteca y los libros (donde los cuentos tradicionales no acaban por sentirse cómodos) es la que nos haya separado de los viejos cuentos de vieja. Quizás la misma definición que nos dan de narradores urbanos frente a los narradores rurales o tradicionales, nos dé alguna pista de esta desafección por el cuento que habitó en estas tierras durante siglos.

Bien es verdad que muchos narradores orales profesionales tienen en su repertorio algunos cuentos tradicionales (aunque en muchos casos sean tradicionales de otras culturas lejanas), pero el porcentaje de esos textos en el global del repertorio suele ser muy bajo, cuando no, en algunos casos, prácticamente nulo.

Tal vez va siendo ya hora de reforzar la relación entre texto tradicional y narrador oral actual: será una relación beneficiosa para ambos. El cuento tradicional siempre está cómodo en gargantas y orejas, y el narrador oral siempre está cómodo con un buen texto que contar. El repertorio tradicional está esperando la voz que vuelva a darle aliento [más sobre este asunto].

 

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II La hora del cuento

 

Aunque hemos analizado La hora del cuento desde ámbitos separados (la biblioteca, la escuela, etc.) cada vez más se aúnan esfuerzos y se plantean propuestas de trabajo desde estas instituciones conjuntamente, lo cual siempre es una buena noticia.

Dicho esto, si se echa un vistazo a los datos acumulados en el epígrafe La hora del cuento, fácilmente se perciben dos líneas recurrentes:

  1. que el cuento contado ha tenido un apoyo vital en bibliotecas y escuelas porque es un recurso excelente para animar a leer. Como afirma *Blanca Calvo* en su artículo "Abecedario de animación a la lectura" publicado en el nº 100 de Educación y BibliotecaLa N nos lleva a narración oral, porque a leer se puede empezar con los oídos […] Las historias piden más historias y, desde las palabras escuchadas es natural llegar a las páginas impresas”. De igual manera las editoriales han encontrado en el cuento contado una vía estupenda para la difusión y venta de sus títulos (y también como premio por grandes compras); 
  2. y que, desde un primer momento, la hora del cuento ha estado relacionada con el público infantil (en bibliotecas y, obviamente, en escuelas).

En cuanto al cuento como estrategia de animación lectora parece una paradoja: el cuento contado como recurso para acercar al texto escrito. Pero ¿y si el cuento contado no animara a leer?, como afirmaba Pablo Albo en la microponencia que impartió en el II Encuentro de Cuentistas, en Mondoñedo (oct 2004) y que más tarde publicó en la Revista N, pretendiendo ensalzar el valor en sí del cuento contado.

Es verdad que los cuentos están en las escuelas. Pero también es verdad que siguen siendo parte de la maquinaria que acerca a la lectura: es fácil encontrar que se celebra en una escuela el día del libro, o encuentros con tal o cual autor... pero no conocemos ninguna escuela en la que se celebre la semana de la oralidad. Así pues el cuento contado (en sí) es todavía un valor por descubrir en la escuela.

Son pocas las experiencias que conocemos de celebraciones escolares de oralidad (sin el objetivo de servir de paso hacia la lectura): niños que recopilan textos tradicionales (la conocida experiencia del libro viajero; o la interesante propuesta de La ciudad oral, coordinada por José Manuel Pedrosa y llevada a cabo en varios institutos de secundaria), o niños que cuentan cuentos a otros niños (que preparan textos y luego van por otras aulas a contar), o padres/abuelos que entran en el aula para contar, o la experiencia de los cuentos con chocolate... pero pocas, muy pocas son las actividades que buscan la mera fiesta de la palabra dicha.

Quizás algo esté ya cambiando en este sentido, pues es verdad que comienza a haber jornadas para profesores sobre oralidad en la escuela (por ejemplo éstas del CPR La Almunia, en mayo de 2011).

 

En cuanto a la asociación del cuento contado con el público infantil pensamos que sigue existiendo esa idea, sobre todo entre gente que no ha asistido a espectáculos de narración. Es un tópico recurrente y, sorprendentemente, con una carga despectiva, pues parece que el trabajo para niños es un trabajo menor (de menor calidad, de menor valor, de menor interés...) cuando debería ser muy al contrario. Quizás esto explica que aun hoy en día sea difícil acercar al público adulto (y no digamos ya juvenil, que trata de separarse cuanto más mejor del ámbito infantil).

En este sentido, la asignación de los cuentos para el público infantil (en escuelas y bibliotecas) acarrea también otros problemas: por ejemplo, la dificultad que hay para conseguir nuevos espacios para los espectáculos de narración oral (como pequeños teatros), lugares idóneos para la palabra dicha (para público adulto) en los que no se tiene en cuenta la posibilidad (remota) de programar a narradores profesionales. O por ejemplo, la cuestión de la gratuidad: un espectáculo que no cuesta nada a los asistentes es un espectáculo que tampoco vale nada... [más sobre este asunto].

 

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Las bibliotecas parece que han consolidado (en la medida de las posibilidades presupuestarias) la actividad de La hora del cuento (v.g. las tres bibliotecas municipales de Las Rozas, Madrid). Algunas incluso programan pequeños festivales (v.g. la BPM de Liétor, en Albacete) o maratones de cuentos (v.g. la BPM de Mota del Cuervo, en Cuenca) en los que hay gran implicación de usuarios y nutrida asistencia; otras grandes festivales y Maratones, como la de Guadalajara, de prestigio internacional. Quizás al no tener que impartir unos contenidos, al no tener que adaptarse a un programa escolar, la biblioteca ha alcanzado una relación con el cuento más libre, sin compromiso didáctico, como fiesta de la palabra dicha (aunque siempre rodeada de libros). En este sentido asombran los datos de libros prestados tras las sesiones de cuentos en las bibliotecas de Las Rozas, libros que, obviamente, no tienen por qué coincidir con los cuentos contados, y que en algunas ocasiones (en algunos viernes) sobrepasan los 500 préstamos.

Señalar también que pensamos que es la consolidación de esta programación continuada y estable, de esta red de pequeños eventos de narración oral, la que ha sido el fundamento sobre el que se ha edificado la profesión. Los grandes eventos de narración oral (festivales, maratones, etc.) dan prestigio y difunden la nueva del cuento contado, pero los pequeños eventos continuados, perseverantes, permiten que los cuentos rueden, que los repertorios crezcan, que la voz se ajuste y, sobre todo, que haya trabajo todas las semanas: es decir, que este oficio pueda existir. 

Por eso debe alertarnos y no poco el desmantelamiento de recursos que está sufriendo la red de bibliotecas y escuelas: sin ellas, sin su lluvia fina y vehemente, el oficio volverá a languidecer. [Más sobre este asunto aquí]

 

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Como conclusión a este epígrafe de La hora del cuento, afirmar que la vinculación del cuento con la biblioteca y la escuela es (y ha sido) tan fuerte y tan determinante para el despertar del hambre por las historias contadas que se ha convertido en un ámbito imprescindible de trabajo.

Esta relación entre cuento contado y escuela/biblioteca da también una idea de la trayectoria de muchos profesionales que reconocen su trabajo como un modo de acercar los libros a los lectores, es decir, muchos narradores asumen naturalmente que su oficio forma parte de la maquinaria de animación a la lectura. Esto quizás explicaría la poca ligazón de muchos narradores orales profesionales con textos tradicionales y su poco (o nulo) sentimiento de formar parte de una voz ancestral. Y también explicaría la necesidad de muchos de estos narradores orales profesionales de encontrar en los libros y álbumes (especialmente en las novedades) los cuentos para renovar y ampliar su repertorio.

 

 

III Sobre el oficio

 

La situación actual.

Actualmente son muchos los narradores orales que se dedican profesionalmente a contar. No existe un estudio fiable, pero calculamos que serían unas 50-70 personas las que, en toda España, tienen como oficio contar cuentos (en el Catálogo de narración oral del SLIJGu hay, actualmente, 107, bastantes de ellas son personas que compatibilizan contar cuentos con otros oficios, algunas están jubiladas y hay también quienes apenas cuentan esporádicamente). Este dato (50-70) implica que nos encontraríamos por debajo de la media europea (de aproximadamente unos 2 narradores profesionales por millón de habitantes).

De cualquier manera en estos 30 años (1982-2011) el oficio de contar cuentos se ha convertido en una realidad. Se han consolidado las escuelas y las bibliotecas como lugares donde el cuento contado habita y se siente cómodo, también otros espacios como cafés, museos, pequeños teatros, etc., acogen sesiones de cuentos regularmente. Los festivales y maratones dan relevancia al cuento contado, difunden sus nuevas y permiten la existencia de la fiesta alrededor de la palabra dicha. Las programaciones estables, muchas de ellas muy consolidadas, permiten el trabajo del día a día de los narradores y empapan como la lluvia que cala en la tierra sedienta de palabras.

Además son muy diversos los estilos y las voces narrativas que actualmente conviven en el panorama de la narración oral en España: desde los narradores que cuentan con el único recurso de la palabra y un leve apoyo gestual hasta los narradores teatrales que interpretan el papel de un narrador ingenuo; desde los narradores que cuentan con apoyo de ilustraciones, o de objetos, o de mimo, o de malabares, o de marionetas, o de paneles (tipo aleluyas)... hasta los narradores que no precisan más que de una buena historia; desde los narradores urbanos que tratan de renovar historias y buscar repertorios actuales a los cuentistas que vindican la tradición y los modos y textos antiguos y populares; narradores para público infantil, bebés, adolescentes, adultos; narradores que cuentan en grupo, narradores que cuentan solos... Todo esto nos puede dar una idea de la riqueza y y diversidad de caminos recorridos por los profesionales que, hoy en día, siguen indagando y buscando cada uno su propia voz narrativa.

El panorama, a pesar de los desmayos últimos provocados por la acuciante crisis, parece haberse asentado y permite que el oficio perviva, al menos hasta ahora. Aunque los recortes en la educación y cultura públicas (de grueso calado a finales de 2011) empiezan a afectar seriamente a los pilares sobre los que se sustenta esta profesión y se dejan notar seriamente.

Dejando esta situación de lado hay todavía cuestiones pendientes, algunas muy interesantes y relevantes, para el oficio de cuentista. Vayamos con ellas.

 

Las cuestiones pendientes.

Itinerarios de formación: Ya en el Primer Encuentro de Narradores que se celebró en Cádiz hubo una mesa de debate centrada en la formación de los narradores. Esta cuestión sigue, hoy en día, sin resolverse. La reflexión sobre el proceso de formación de los nuevos narradores es una tarea urgente. Los profesionales de este tiempo han tenido que ir elaborando, cada uno por su pie, su propio itinerario de formación. Un trabajo que en muchas ocasiones ha resultado arduo y lleno de dificultades.

Sin duda el asunto de los itinerarios de formación es complejo y muy serio. Hay muchos países en Europa donde la formación está reglada (con programas de mentorado que duran tres años, o con escuelas de narración que imparten cursos diversos, etc.) y otros en los que se empieza a pensar en ello.

Debemos ser capaces de reflexionar de manera conjunta sobre este tema y valorar cuáles pueden ser las vías posibles de formación que sirvan para que el oficio se consolide (con la aparición de nuevos narradores) y que los nuevos narradores tengan una buena formación inicial (una buena base de partida). 

En este sentido la situación actual de la formación de los narradores es culpable de algunos de los males que nos acucian. Muchos narradores imparten talleres (en su derecho están, claro) de narración oral y en apenas con un curso de 12 horas han lanzado al mercado una nueva hornada de "cuentacuentos"... ya hablamos de los problemas  que esto acarreaba en este epígrafe. De cualquier forma, tras la proliferación de talleres y narradores en el último tercio de la década de los 90 del pasado siglo, hubo un proceso de selección natural y, poco a poco se fue estabilizando el número de profesionales. Tenemos la percepción de que la aparición de nuevos narradores en los circuitos de narración a partir de 2005 es más lenta, pero también más segura. En este sentido merece citar la experiencia que hubo en el XX Maratón de Cuentos de Guadalajara en el que se dejó una franja para narradores inauditos, nuevos narradores no escuchados habitualmente, un espacio pensado para ir conociendo las nuevas voces narrativas.

Quizás merecería la pena atender a las soluciones que en algunos países de Europa se están dando a esta cuestión para que los nuevos narradores tengan, por un lado, itinerarios de formación consolidados y, por otro, espacios en los que ir dando forma a su propia voz y, cómo no, espacios para ir mostrando su labor y vendiendo su trabajo.

Los itinerarios de formación siguen sin estar claros, la mayoría de los narradores provienen de ámbitos diversos y van trazando su propio camino recibiendo talleres de narradores profesionales y reflexionando sobre su propio trabajo y el de otros compañeros. No hay un camino definido que, al menos, pueda orientar a quienes estén interesados en intentar formarse como narradores. Sí es posible encontrarse con multitud de talleres con calidades muy dispares, pero no hay escuelas de narración oral (como sí hay en algunos países de Europa) u orientaciones de itinerarios posibles, y apenas sabemos de un par de experiencias de tutelaje (mentor-aprendiz), la realizada a lo largo de un año por el Colectivo Fábula con la canadiense Atnaer Lussier y la que comenzó Pep Bruno en 2010 con Begoña Perera.

En el tema de la formación es relevante señalar el trabajo muy positivo que algunas asociaciones hacen para promover y facilitar la formación continua de sus miembros y para procurar espacios de reflexión sobre el cuento contado y el acto narrativo. También hay algunas experiencias de formación y reflexión más o menos continuadas como el Laboratorio de cuentos de José Campanari, o el Hospital de cuentos de Virginia Imaz, o el Seminario de Narración Oral que dirige Félix Albo, vinculado al Festival D'Palabra (FLLIC), en Cuenca, desde 2008, el único estable y de periodicidad anual al menos hasta 2012. A pesar de estas propuestas puntuales pensamos que no es suficiente, hay que seguir promoviendo más reflexión (sobre la propia labor, sobre la de otros compañeros, sobre el oficio...), hay que seguir generando documentación, escribiendo, publicando, dando a conocer todo lo que nuestra labor suscita y puede llegar a significar. Y también hay que promover la crítica y la reflexión de expertos externos a nuestro oficio, profesionales de la crítica artística y estética, otra cuenta pendiente.

[Añadido en oct. 2013>] Dos pasos muy relevantes se han dado en esta dirección desde la primera redacción de este texto: la publicación en AEDA de un documento que reflexiona sobre las líneas básicas para trabajar en la formación de los narradores DE LA FORMACIÓN DE LOS NARRADORES (publicado en septiembre de 2013); y la elaboración de un número monográfico (también en AEDA) sobre la formación de los narradores (publicado en noviembre de 2013)..

 

Las cuestiones éticas y las condiciones mínimas: También en el primer encuentro de Cádiz, allá por 2004, se habló de la necesidad de crear un documento sobre cuestiones éticas del oficio. Todavía hoy este tema sigue pendiente. Nos contaba Numancia Rojas como en 1986, en Caracas, alrededor del Festival de Narración Oral, los cuentistas se habían comprometido a cumplir el 5º mandamiento: "no contarás el cuento del prójimo, ahí teníamos que dejarnos las pestañas -nos vuelve a decir Numancia- para buscar nuevos buenos cuentos..." pero también así consiguieron que el Festival fuera un verdadero éxito año tras año. Un documento con reflexiones y cuestiones éticas sobre el oficio mejoraría nuestro trabajo de manera interna, de cara a la cocina de los cuentos: entre cuentistas y en nuestra relación con el cuento y con el ámbito de trabajo.

Por otro lado, entre Cádiz y Mondoñedo (primer y segundo encuentro) se elaboró un documento con las condiciones aconsejables para contar, el texto existe, pero ese manifiesto no es conocido ni fácilmente encontrable: por lo tanto, no es útil. Debemos insistir en la difusión y en el fácil acceso y en que se conozcan estos materiales (actualizados) que mejorarán nuestra labor y permitirán que los cuentos transiten de forma cómoda de la boca a los corazones. Este documento, su conocimiento y aplicación, mejoraría nuestro trabajo de manera externa: en el momento mismo del acto narrativo (con programadores, espacios, público, etc.).

[Añadido en oct. 2013 >] AEDA revisó y actualizó este texto presentado en Mondoñedo y el 20 de marzo de 2013 publicó en su web y dio (y sigue dando) gran difusión al DECÁLOGO. CONDICIONES DE CUENTO, documento que trata de paliar esta carencia y de mejorar, de manera externa, el hecho narrativo.

 

La presencia en los medios: Una deuda pendiente, muy pendiente, es la presencia de nuestro trabajo en los medios. Apenas algunas reseñas puntuales y casi siempre confusas en las que, por ejemplo, se habla de monólogos, o de "la magia de los cuentos" y otros adjetivos tópicos y hueros para referirse más a lo ya idealizado que al trabajo realizado por el narrador que hizo la sesión. Salvo la brillante excepción de El adelantado de Segovia, y la propuesta del Colectivo Légolas con críticas del público asistente a las sesiones de La Corrala, el terreno de la crítica es un enorme baldío. Debemos perseverar para que haya más referencia a nuestro trabajo en las agendas culturales, para que se cite a los profesionales que van a contar, para que haya más crítica, especialmente en los lugares donde se celebran ya festivales y eventos de gran solera, muy consolidados. Esta es una muy urgente tarea para difundir y dar a conocer nuestro trabajo.

Capítulo a parte es la presencia en internet, donde encontramos cada vez más webs y blogs de narradores orales y asociaciones que tratan de dar cumplida noticia de nuestro trabajo. En este ámbito hay que destacar un blog imprescindible: el blog de Los cuentos de la luna, gestionado por *Carles García*, Luis A. Alonso y Diego Calavia y vinculado al Café de la Luna, uno de los espacios decanos de la narración oral en España.

Un recurso también imprescindible en la red es el blog de blogs de Darabuc: De narración oral, donde están enlazados prácticamente todos los blogs de narradores españoles y se puede seguir fácilmente la actividad de muchos de ellos en la red.

[Añadido en oct. 2013>] De nuevo en AEDA se han dado pasos interesantes en este sentido abriendo un archivo que reflexiona sobre la crítica de la narración oral y que contiene, además, reseñas publicadas por críticos a diversos profesionales.

 

Teatros: Si bien es verdad que los Festivales de Narración Oral suelen celebrarse en teatros, no existe una programación estable de cuentos en teatros. El programador de teatro se resiste al cuento. Hay algunas excepciones en programaciones estables (como los Viernes de los cuentos), y en narradores que vienen del ámbito teatral y que participan contando cuentos (como espectáculo unipersonal) en esos circuitos teatrales (José Manuel Garzón, Arnau Vilardebó, Soledad Felloza, etc.). Pero en general, el teatro es todavía hoy un territorio a conquistar por el cuento contado.

 

Multilingüismo: En las Comunidades con dos lenguas oficiales ya se estaba utilizando -desde hace muchos años- el cuento contado como recurso para el aprendizaje de lenguas. También hace años que Tim Bowley, Brigitte Arnaud, Marina Sanfilippo, etc. cuentan en su lengua materna en nuestro país en circuitos de Escuelas Oficiales de Idiomas, pero en los últimos años, con la multiplicación de centros bilingües por todo el territorio, se observa la aparición de nuevos narradores que viven y trabajan en España y que cuentan (sobre todo) en inglés (Jenny Ramsay, Sophie Heydel, etc.). De momento esta nota es para constatar este hecho y para desear que el afán por utilizar el cuento de modo didáctico no desplace al cuento contado por el puro placer de contar, de escuchar, de revitalizar la tradición, etc., y sobre todo no lo convierta en "una asignatura más", y sí para desear que las propuestas multilingües de narración oral (experiencias de contar en diversas lenguas simultáneamente) se sumen a la búsqueda de nuevas formas de expresión artística y de narración. En Europa hace ya algunos años que se está trabajando en este sentido y empiezan a aparecer propuestas muy interesantes (por ejemplo, en Ginebra se estrenó recientemente un espectáculo de narración sobre Alicia en el País de las Maravillas contado en cinco lenguas en el que participa la española Casilda Regueiro).

 

El oficio como negocio: preparando este estudio nos ha sorprendido la cantidad de narradores (y festivales) que no disponen de una web profesional o que tienen una web con una estética infantiloide y poco seria. Esto también va en detrimento del oficio (y del propio narrador). Es importante darnos cuenta que este oficio nuestro es un trabajo y, como tal, debe tratar de sacar el mayor provecho posible a las leyes de la mercadotecnia y de la venta de un producto: el cuento contado.

Aunque por mucha mercadotecnia que apliquemos lo que de verdad vende las bondades de nuestro trabajo es la calidad que alcancemos y que seamos capaces de ofrecer. Así pues, seamos serios, dediquemos el empeño y el esfuerzo que sea preciso para lograr renovar repertorios (leer, leer y leer; escribir, escribir y escribir; contar, contar y contar) y ofrecer buenos cuentos y de buenas formas: eso será garantía de pervivencia nuestra y de todo el oficio. Pero también seamos serios en la valoración de nuestro oficio, en la presentación de facturas, en la legalización de nuestra tarea... todo eso también dignifica, y no poco, nuestro trabajo.

Dedicar mucho esfuerzo a mejora de la calidad de nuestro repertorio y de nuestro trabajo no debe hacernos descuidar la mejora de la presentación y difusión de nuestra labor.

 

El oficio como gremio: son diversas las asociaciones de narradores en España, pero cada vez más es necesario que seamos capaces unificar criterios y tener una voz propia frente a los desmanes, las incomprensiones y las injusticias. Un ejemplo claro de lo que está por venir (en estos tiempos de crisis) y de la necesidad de aunar esfuerzos lo encontramos aquí.

Redes.

En los últimos años están surgiendo varias redes de narración oral. Se puede ver a nivel nacional con la aparición de múltiples asociaciones de narración oral en la última década. Pero interesa especialmente destacar la que se está elaborando desde 2008 entre narradores, festivales y escuelas de narración oral de toda Europa, el FEST, la Federation for European StoryTelling. El proceso de creación de esta red es lento y difícil, pero avanza sólidamente hacia su nacimiento con estatutos, objetivos y estructura, consensuados por todos sus miembros (más de 60 representantes de asociaciones de narradores, festivales y escuelas de toda Europa) y que verá la luz, por fin, en Alden Bielsen (Bélgica) en junio de 2012. 

Avanzar con Europa, compartir experiencias, modelos de trabajo, propuestas... será un gran impulso para el oficio. Conviene destacar que la integración de España en este proyecto es total, no solo hemos asistido a tres de los cuatro FEST-meeting, sino que también hemos tenido a tres españoles en los últimos Steering Group (Casilda Regueiro, Pep Bruno y Charo Pita) y, además, en 2011 AEDA, la asociación de profesionales de la narración oral en España organizó el cuarto FEST-meeting en Toledo (7-10 de junio de 2011).

Por otro lado ha aparecido también otra red de cuentacuentos, surgida de una manera totalmente diferente al FEST (sin debate, sin consenso, sin una estructura democrática) que, detrás de una aparente buena voluntad para con la generalidad de los cuenteros parece esconder otras intenciones de mayor beneficio y lucro para unos pocos: hablamos de esta autodenominada Red Internacional de Cuentacuentos (RIC) y la analizamos con más detalle en esta ficha.

 

 

 

 

IV   Reflexiones últimas

 

Somos afortunados. Tenemos un oficio extraordinario en el que compartimos emociones, historias, sueños. Un oficio que precisa mirar a los ojos para ser, que habita en el silencio y en la palabra, que existe desde que existe el ser humano, porque contar cuentos es alimentar almas. Somos también los depositarios de palabras e historias que llevan vivas de boca en boca durante cientos de años. Y somos el resultado de un montón de sinergias (escuelas, bibliotecas, folcloristas, estudiosos, escritores, editores...) que desembocaron en la revitalización de un oficio que languidecía.

El cuento nos da mucho, mucho. Démosle también nosotros al cuento cuanto podamos: alimentémoslo, cuidémoslo, tratémoslo con delicadeza y respeto, difundámoslo. Disfrutemos del cuento, pero con seriedad. Porque esto que nos recorre la garganta es algo muy serio.

Y hagamos lo posible, todo lo posible, por dignificarlo. Por dar a conocer nuestro oficio y la materia de que se alimenta: el cuento. Porque cuanto más nos demos a conocer, cuanto más se sepa de qué hacemos, cómo es nuestro trabajo, cuál es nuestro oficio, menos confusiones habrá con "monologuistas", "animadores", etc. Y cuanto mayor sea la calidad de nuestra labor más se marcará esa diferencia entre nuestro oficio y otros oficios similares.

Ojalá este estudio que comencé en octubre de 2010 y que termino a mediados de julio de 2011 sea un granito de arena más en esta tarea de dar a conocer y difundir nuestro oficio. Ojalá.

 

Saludos

Pep Bruno

 

 

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Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

 

En la primera década del S. XXI el oficio de contar cuentos se consolida, empieza a ser conocido y reconocido. Es un momento de grandes e importantes hitos: aparecen webs, blogs y listas de distribución que permiten el intercambio de información y reflexión; surgen los primeros encuentros de narradores a nivel estatal; nacen varias asociaciones de narración oral; se publican revistas especializadas; incluso surge una editorial especializada; se crea la primera asociación de profesionales; también encontramos a narradores que escriben y publican y reciben reconocimiento por su labor como escritores; se inicia la creación de una federación europea de narración oral, etc.

Pero vayamos por partes.

Consolidación de espacios para contar.

En esta década de principios del S. XXI se consolidan espacios y circuitos para contar cuentos. No hablamos sólo de los grandes eventos como *maratones de cuentos* o *festivales de narración oral* (que como puede verse en las fichas proliferan en estos años), hablamos de la *programación estable y continuada de cuentos contados*, la que se realiza regularmente en bibliotecas, centros culturales, cafés, pequeñas salas, escuelas... Pensamos que esta posibilidad de trabajo continuado es la que apuntalará y reafirmará el oficio. Es verdad que los grandes eventos darán prestigio y difundirán la noticia del cuento contado, pero será la suma de los pequeños eventos la que permitirá un suelo sobre el que edificar la profesión.

Cabe destacar también la aparición en estos años de programas de apoyo y recursos para bibliotecas y escuelas en el ámbito de la animación a la lectura y, por ende, de la narración oral. Valga como ejemplo la Guía de Recursos de Animación a la Lectura de Castilla La Mancha que, en este 2011 de crisis, tras unos cuantos años de excelentes resultados, parece ser que ha dejado de funcionar.

Importa decir, para terminar este apartado, que en esta red de pequeños y grandes eventos los cuentistas se encuentran, se cruzan, se conocen... y va naciendo la conciencia de pertenecer a un oficio y la necesidad de mantener el contacto e intercambiar experiencias, reflexiones, ideas...

 

Internet.

Afortunadamente en estos años la red de redes es ya una herramienta de uso habitual, poco a poco hay narradores que van abriendo sus webs como escaparates para darse a conocer. Pero la red también se convierte en un recurso excelente para abrir puentes de comunicación entre cuentistas. Así, en el año 2003, Pep Bruno crea un canal de chat (#cuentistas) en el que, los lunes a partir de las diez de la noche, quien quiera pueda entrar y conversar sobre cuestiones relacionadas con el oficio. Félix Albo y Pep Bruno crean las listas de distribución narrantes y cuentistas, respectivamente, la primera vinculada más a la creación y la segunda a cuestiones sobre el oficio (y las dos todavía en activo). En 2004 Pep Bruno, con la ayuda de Ángel María Herrera (GrupoBúho), crea y administra la web www.cuentistas.info, web que organiza la información que va llegando a las listas de distribución y que sirve también para coordinar a narradores, incluir noticias, novedades y promover documentos. Y es ahora cuando ya se cuenta con la infraestructura mínima necesaria para organizar el Primer Encuentro de Narradores.

Hoy en día son bastantes los narradores y asociaciones que cuentan con sus propias webs (aunque aún falta todavía bastante camino por recorrer en este sentido) y blogs, y conviene señalar al menos dos páginas web imprescindibles en el ámbito de la narración oral, se trata de:

 

Los encuentros.

En 1996, en Bilbao, se habían celebrado las I Jornadas de Cuentacuentos, patrocinadas por el Ayuntamiento de Bilbao, dirigidas por Alfonso Saiz Valdivielso y coordinadas por Jorge Rioboo y Ana García Castellano. Asistieron unos 24 narradores que estuvieron contando por todo Bilbao, además de participar en mesas redondas y comunicaciones. Pero estas Jornadas no tuvieron continuidad. 

En marzo de 2004 los contadores madrileños hicieron también un primer encuentro (para narradores de la Comunidad) que no tuvo continuidad pero en el que se tocaron temas muy interesantes y recurrentes de otros encuentros. Puedes ver bastantes detalles del encuentro en este artículo/crónica de Carlos Alba.

Finalmente, y también en 2004, cuatro narradores: Pepe Maestro, Pep Bruno, Félix Albo y Pablo Albo organizaron el "Primer Encuentro de Cuentistas, Cuentacuentos y demás Profesionales de la Narración Oral" (para todo narradores de todo el Estado). El evento se celebró en Arcos de la Frontera (Cádiz). Había previstas 40 plazas y, finalmente, asistieron 90 personas. Muchas de las microponencias y mesas de debate que allí se trabajaron siguen siendo hoy en día temas urgentes sobre los que reflexionar, asuntos pendientes de más debate y más estudio. Tienes el dossier que publicó Educación y Biblioteca con casi todas las microponencias y mesas de trabajo del encuentro aquí.

En 2005 se celebró el II Encuentro en Mondoñedo, organizado por un grupo de narradores gallegos coordinados por Paula Carballeira. En 2006 ANIN se encargó del III Encuentro en L'Espluga de Francolí. En 2008 el IV Encuentro fue organizado por Kontalari, la Asociación de Cuentistas del País Vasco, en Hondarribia. En 2009 el V Encuentro fue celebrado en San Lorenzo del Escorial y organizado por MANO. Y en 2010 NANO organizó el VI Encuentro en Lliria.

Todos estos Encuentros han sido motivo de celebración y reflexión, espacios para el encuentro y la palabra, para el silencio y el debate. Pero también han sido motor para la toma de conciencia del oficio y para el nacimiento del tejido asociativo entre narradores.

*Aquí tienes un listado de todos los encuentros con toda la información que hemos podido reunir de cada uno de ellos*

 

Asociaciones.

En 1998 se funda, en Cataluña, ANIN, la Associació de Narradores i Narradors, la primera de todas las asociaciones de narración oral creadas en España y quizás también la que reúne a un mayor número de miembros, la que genera más actividad y documentación y ¡la que tiene una web más completa! 

No será la única asociación, pero han de pasar casi diez años hasta que aparezcan nuevas asociaciones y, en muchos casos, vinculadas a la organización de *Encuentros de Narración Oral*.

En 2007 se crea la primera asociación profesional de narradores, y es, de nuevo, en Cataluña, se trata de la Associació de narradors professionals. En ese mismo año, y al calor de la organización del IV Encuentro de Narración Oral, nace Kontalariak, Euskalherriko Ipuinkontalarien Elkartea (Asociación de Cuentistas del Pais Vasco). Esta asociación organiza BAZEN BEHIN... Euskal Herriko Kontalarien Festa (HABÍA UNA VEZ... Fiesta de los y las narradoras del País Vasco), fiesta de periodicidad anual que se celebra desde 2006 (antes de la puesta en marcha de la asociación) y es de carácter itinerante, es decir, cada año se organiza en un lugar del ámbito de la asociación: Getxo 2006 (Vizcaya), Aramaio 2007 (Álava), Pasajes de San Juan 2008 (Guipuzcoa), Etxalar 2009 (Navarra), Bermeo 2010 (Vizcaya). Este año 2011 se celebrará en Legutio (Álava).

En 2008, también con motivo de la organización del V Encuentro de Narración Oral, nace MANO, la Asociación Madrileña de Narración Oral, también una de las más activas en cuanto a la oferta de talleres y actividades.

En 2009, con motivo de la organización del VI Encuentro de Narración Oral, nace NANO, Narradores Amb Narradors Organizats (su ámbito es la Comunidad Valenciana).

En noviembre de 2010 se funda en Galicia la Asociación Cultural "VariosVentos" (asociacion de contadoras e contadores de historias) cuyos miembros son narradores orales que cuentan en gallego.

Salvo en la Associació de narradors professionals (para Cataluña), en el resto de asociaciones no hay un criterio de profesionalidad para ser admitido como miembro, son asociaciones de narradores y gente interesada en el cuento contado. 

En 2009, tras participar en el II FEST-meeting en Laussana, los narradores *Carles García*, Virginia Imaz, Pep Bruno y Roser Ros deciden reunir a un grupo de cuentistas para debatir (durante los meses de agosto y septiembre de ese mismo año) un *Documento marco* que sirviera para la creación de una asociación de cuentistas profesionales a nivel estatal. Ese documento fue utilizado como base para la elaboración de los estatutos de AEDA, la asociación de profesionales de la narración oral en España, que nació legalmente en los primeros días de 2010 tras este largo proceso. 

*Aquí tienes un listado de todas las asociaciones con toda la información que hemos podido reunir de cada una de ellas*.

 

Los primeros libros.

En 2002 *Estrella Ortiz*, cuentista (del grupo de los que hemos denominado pioneros), publica en la Editorial Ñaque, Contar con los cuentos, el primer libro de teoría sobre cómo contar cuentos escrito por una representante de esta nueva generación de profesionales de la narración oral. El libro consiste en un amplio estudio que reflexiona sobre el acto narrativo y da pautas para el desarrollo de la propia voz. Sin duda este libro es un hito en nuestro oficio, uno de nuestros referentes imprescindibles. Desde 2009 el libro está incluido en el catálogo de Palabras del Candil, en su colección En Teoría.

Otro libro que resultó ser un importante aldabonazo para el oficio fue el escrito por Marina Sanfilippo (del grupo Trécola) y publicado en 2007: El renacimiento de la narración oral en Italia y España (1985-2005), ed. Fundación Universitaria Española, que no es otra cosa que la publicación de su tesis doctoral y un extraordinario estudio para ver el resurgimiento del oficio en España y su comparación con lo sucedido en Italia. Obviamente ha sido una guía imprescindible para algunos momentos de este estudio.

 

Las revistas.

Desde el año 2000 la asociación catalana ANIN publica la Revista N, narradors y narracio, de periodicidad anual, podéis consultar todos los números en su web. Es la revista decana en el ámbito de la narración oral en España.

También la Revista Mnemósyne, vinculada al Festival de Los Silos y a la Universidad de La Laguna, y dirigida por Ernesto Rodríguez Abad, publica en la primera década del S. XXI un total de once números, de periodicidad anual, todos ellos dedicados al cuento y a la narración oral. A partir del próximo número la edición será digital y podrá consultarse en la web.

En 2005 Roser Ros funda y dirige la revista Tantágora, de periodicidad semestral. Desde su publicación esta revista se ha convertido en un referente imprescindible para todos aquellos interesados en el cuento contado y en el oficio de contar. Puedes ver información sobre esta revista y descargarte los números en pdf aquí. Desde febrero de 2014 la revista Tantágora pasa al formato digital, podéis encontrarla en este enlace.

En noviembre de 2011 se publicó el primer número de El Aedo, la revista sobre narración oral de la AEDA, asociación de profesionales de la narración oral en España. Desde entonces, y con una periodicidad anual, publican sus revistas que suelen tratar un tema concreto a fondo (contar en tiempos de crisis, los itinerarios de formación, etc.), son, por lo tanto, revistas monográficas. Tenéis todos los números disponibles aquí.

 

Una editorial.

En 2006 María Jesús Marco, Alfredo Sanz, Lourdes Quesada y Pep Bruno fundan, en Guadalajara, la editorial Palabras del Candil, especializada en libros y cuentos de narradores orales (a estos cuatro socios se les unirán, dos años después, otros cuatro: Félix Albo, Pablo Albo, María Jesús Paniagua y María Jesús Moratilla). La editorial nace con el objetivo de publicar libros de interés para quienes cuentan o para quienes disfrutan del cuento contado. Entre sus líneas de publicación se encuentra una colección dedicada a la teoría, otra a las colecciones de cuentos tradicionales, otra a la creación y dos más para el libro infantil/juvenil y el álbum ilustrado.

La existencia de una editorial especializada da clara muestra de la situación en la que se encuentra el oficio: consolidado y con necesidad de más gasolina.

 

Los nuevos canales para contar.

La televisión e internet han servido también para difundir la noticia del resurgimiento del cuento contado y se suman a la ya tradicional vía de la radio. Señalaremos tres de los ejemplos más significativos de esta década.

Por un lado la radio: que sepamos al menos en varias emisoras locales de la Cadena SER (Jaén, Úbeda, Alicante, Guadalajara), en estos años, ha habido (y en algunos casos sigue habiendo) espacio para los cuentos contados.

Por otro lado, entre los años 2001-2008 el narrador Pepepérez participó en el programa La Banda, programa infantil con bastante audiencia que emitía Canal Sur, con un microespacio titulado "El coleccionista de palabras", donde había espacio para los cuentos contados.

Y por último tenemos la experiencia del Canal Narradores en YouTube, creado y administrado por Martha Escudero en 2007, en el que puede verse a bastantes narradores contando cuentos, grabados y editados con una calidad estupenda. Una experiencia muy interesante.

 

Los narradores que escriben.

Aunque ya hemos hablado de ello en otro apartado de este estudio, merece la pena recordar que a lo largo de esta década aparecen narradores que empiezan a publicar libros. Ya conocíamos el caso de escritores que contaban (Carles Cano, *Ignacio Sanz*, *Antonio Rodríguez Almodóvar*, etc.), pero ahora surge el proceso inverso: narradores orales profesionales que empiezan a escribir libros (Charo Pita, José Campanari, Pepe Maestro, etc.) y que, incluso, ganan premios (Ana Griot, Pablo Albo, Paula Carballeira, Pep Bruno, etc.). Remitimos de nuevo al artículo de Roberto Mezquita publicado en Tantágora para dar una clara idea de esta situación.

 

FEST.

No cabe duda de que el panorama del cuento contado en España está consolidado, afirmado y en pleno crecimiento. 

Tradicionalmente la narración oral española ha tenido bastante vinculación con la cuentería de Iberoamérica y con algunos narradores provenientes de África (Marcelo Ndong, por ejemplo) y Europa (Pepito Mateo, por ejemplo) que podían contar en español. Interesa reforzar estos lazos con Iberoamérica pero también es necesario mirar hacia Europa.

En 2008 comienza a tomar forma la idea de una Federación Europea de Narración Oral (FEST-Federation for European StoryTelling) que agrupara a asociaciones, festivales y escuelas de narración. Para ello este grupo de europeos se reunió en Oslo, en 2008, en lo que fue el I FEST-meeting. En 2009 el II FEST-meeting se celebró en Laussana y allí asistieron representantes de los narradores españoles (Casilda Regueiro fue elegida como miembro del Steering Group). En 2010, en Reading, tuvo lugar el III FEST-meeting (donde Pep Bruno pasó a formar parte del Steering Group) [puedes ver crónicas de tres FEST aquí]. Y en 2011, organizado por AEDA, se celebró el IV FEST-meeting en Toledo (allí Charo Pita tomó el relevo y fue nombrada miembro del ExCom): casi todas las asociaciones españolas participaron del FEST y pasaron a formar parte del Council.

Los puentes entre España y el resto de Europa ya están tendidos, ahora podremos ver, conocer, compartir, mostrar, vincular... experiencias, trabajos y proyectos. La narración oral española ha entrado de pleno derecho en Europa y las redes y relaciones que se van tejiendo nos ayudarán para el progreso y el crecimiento de la profesión.

 

Suma y sigue.

Antes de terminar este somero listado de peldaños que van conformando la escalera por la que va caminando nuestro oficio quizás merezcan ser señalados algunos datos más referentes a la universidad y a otras artes escénicas.

El cuento contado también ha entrado en la universidad (no de la manera como se encuentra en algunas universidades europeas en las que se imparten estrategias de narración oral), pero ha dado ya algún paso significativo. Hay al menos dos narradores muy vinculados a la universidad, son Ernesto Rodríguez Abad y Marina Sanfilippo (de Grupo Trécola): desde su ámbito van procurando la entrada del cuento contado como expresión artística y oficio en la universidad.

Por otro lado hay algunos profesores universitarios interesados en la Literatura Infantil y Juvenil y, por cercanía, en la narración oral como parte de las estrategias básicas de promoción de la lectura. Entre ellos destacan Jaime García Padrino y Pedro Cerrillo, vinculados a la CEPLI e interesado en la LIJ desde hace años (*como puede verse en esta mesa redonda de 1995 en la que interviene Jaime García Padrino*).

También hay que recordar que en 2009, dentro de los cursos de verano de la Universidad del País Vasco, y coordinado por Virginia Imaz, se impartió el curso de verano Vivir para contarlo, contar para vivir, impartido por un nutrido grupo de narradores profesionales.

Puede verse el renovado interés que este oficio despierta en estudios como el del antropólogo social Jesús Sanz Abad que habló en el XIII Congreso de Antropología (León, septiembre de 2011) del Maratón de Cuentos de Guadalajara y del resurgimiento del oficio de cuentista como práctica (y marca de prestigio) cultural y como elemento para la mejora social y el desarrollo económico.

Y como último dato recordar a José Henríquez (crítico teatral de Primer Acto) quien en el V Encuentro de Narradores (en San Lorenzo del Escorial) incidió en que la narración oral está muy viva y cada vez más presente en otras expresiones artísticas (danza, teatro, etc.): los cuentos contados son ya, y de nuevo, algo común, algo habitual, algo cotidiano.

 

::o::

 

Vista toda esta retahíla de datos y eventos, revistas, libros, redes, proyectos... nos parece posible afirmar que el oficio de contar cuentos se encuentra firmemente asentado y en pleno proceso de crecimiento. Debemos ser conscientes, por un lado, de que somos protagonistas de este proceso, y por otro, de que estamos asentando las bases de los narradores que vendrán detrás de nosotros, lo cual nos debe hacer asumir esta cuestión con responsabilidad y visión de futuro.

Pero es tiempo ya de ir a las conclusiones finales.

 

 

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Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

 

Como vimos en el epígrafe anterior, en los años 80 del pasado siglo van surgiendo (y consolidándose) espacios para el cuento contado (la escuela, la biblioteca) y aparecen también los pioneros, personas que compatibilizan su trabajo en otros ámbitos con el de contar cuentos y que, poco a poco, van dedicando más tiempo a contar y menos a otras tareas hasta que llega el momento en el que surgen los primeros profesionales narradores.

Aun así la tarea es difícil: son escasos los lugares para contar y la idea de que alguien cobre dinero por contar cuentos resulta, en muchos lugares, inaudita.

A pesar de todo los pioneros van abriendo sus propios caminos. 

Hasta que llega la década de los 90 y en ella se dan dos circunstancias que favorecerán la  expansión (y posterior consolidación) del oficio. Por un lado la aparición de festivales y grandes eventos de narración oral para todos los públicos y por otro la proliferación de talleres para la formación de narradores orales. 

 

Los talleres y los nuevos espacios.

En 1989 llegó a Madrid *Francisco Garzón Céspedes*, venía invitado por Juan Tamariz para impartir unas charlas sobre conversación escénica a magos. Él provenía del movimiento de narración oral de Cuba y había sido invitado al Festival Iberoamericano de Cádiz en ese mismo año. Cuando llega a España todo estaba preparado para que los narradores empezaran a contar. 

En Madrid impartió decenas de talleres a lo largo de la década de los 90, y de aquellos talleres surgieron decenas de narradores orales cercanos a su corriente artística: la Narración Oral Escénica (NOE a partir de ahora); importa y no poco señalar ese concepto de escénica aplicado a la narración oral, como veremos unas líneas más adelante. Con el paso de los años muchos de sus alumnos más significativos se fueron separando de su línea de trabajo y emprendieron la búsqueda de su propia voz narrativa. 

También en 1989 llega a España (a Alicante) Numancia Rojas, narradora chilena afincada en Venezuela, contemporánea de Francisco Garzón Céspedes, y que había empezado a contar de forma profesional bajo la influencia del narrador y estudioso Daniel Mato. Numancia Rojas comenzó a impartir talleres de narración oral y a promover espacios y eventos de narración, primero en Alicante y más adelante en Barcelona donde ha acabado abriendo una librería especializada en libros de cuentos y en narración oral: La casa de los cuentos.

Conviene también señalar aquí un taller celebrado en el curso 92-93 promovido por la Sala de Teatro Cuarta Pared, dirigido por Magda Labarga y Marissa Amado (Palique cuenteras), que duró todo un año (lunes y viernes) con 20 alumnos.

Con aquella proliferación de talleres sucedieron un par de cosas en los lugares donde se impartían, merece la pena que nos detengamos un momento para comentarlas:

  • Para empezar, surgieron bastantes grupos de narradores. Era muy común que un grupo de personas que había asistido a un mismo taller se reuniera para contar juntos, así surgieron grupos como CuantoCuento, Palique, Griot, GrupoBúho, etc. Para quien está empezando resulta más más fácil contar en grupo porque no hace falta preparar un extenso repertorio cada uno, con muchos pocos se hace un buen repertorio; además la suma de voces diversas da color a la sesión e igual que puede haber bajos también puede haber altos dentro del ritmo global de la sesión; en grupo la responsabilidad de la sesión no recae en una única persona, el grupo cuenta con más recursos; etc.
  • Para continuar, aparecieron nuevos espacios para contar cuentos, especialmente espacios de cuentos para adultos (detalle muy importante ya que el público adulto prácticamente hasta entonces no había sido tenido en cuenta en España), en su mayoría se trataba de pequeños café-teatros (el detalle antes señalado de Escénico implicó la búsqueda de espacios teatrales -en gran, mediano o pequeño formato- para contar). El primero de todos ellos (hablo ahora de Madrid) fue el Café Despertar (en 1991). Poco tiempo después (en octubre de 1992) se empiezan a programar cuentos en  Libertad 8 (a cargo de CuantoCuento, colectivo de 12 narradores en aquella época, de los que hoy quedan cuatro: Mercedes Carrión, Concha Real, Anselmo Sáinz y Yolanda Sáez, en la actualidad) y todavía, a día de hoy, hay espacio para los cuentos contados en el Café Libertad 8. Otros espacios surgieron (La travesía, La Manuela, La Flauta Mágica, La Palma, etc.) aunque con el paso de los años dejaron de programar cuentos.

En cuanto a la aparición de nuevos lugares para los cuentos me comentaba Victoria Gullón que esos años eran de gran efervescencia en Madrid y la necesidad de contar cuentos les hizo buscar sus propios espacios (a parte de los cafés), llegando incluso a instaurar un lugar habitual para los cuentos en el Parque del Retiro (todos los domingos por la tarde) y en la Casa de Campo (jueves por la noche), de julio a octubre, en los años 93 y 94 (puedes ver algún programa aquí y aquí). El éxito de la convocatoria, inicialmente espontánea y mantenida en todo momento por dos colectivos: Cuento Contigo (luego Kakatúa) y Círculo del Cuento Chino, fue tal que llegaron a salir varios artículos en prensa (El País) y, posteriormente, el Círculo de Bellas Artes invitó a los narradores a contar durante tres días (Caravana de Cuentos) en sus salones, con un importante éxito de público (y nueva reseña en El País).

*Aquí puedes leer cómo contaba en 1995 Mercedes Carrión esta ebullición de talleres y espacios para contar en Madrid*

Pero volvamos a *Francisco Garzón Céspedes* cuya idea iba más allá de los talleres, él quería tejer una red de festivales de narración oral que pudieran estar relacionados con los que ya funcionaban en Iberoamérica y que tenían una fuerte vinculación con él (y su movimiento de NOE). La oportunidad llegó enseguida.

 

Los festivales.

En 1989, dentro de la programación de la segunda edición del Festival del Sur, festival de teatro de los Tres Continentes que se celebraba (y se celebra) en Agüimes (Gran Canaria), y recomendado por el CELCIT, se encuentra *Francisco Garzón Céspedes* para participar en el teatro con un espectáculo de narración oral. Durante su estancia en Agüimes sugiere al director del mismo, Antonio Lozano, la posibilidad de crear un festival propio de narración oral (escénica). Este proyecto toma forma y en enero de 1991 se celebra el I Festival de Narración Oral "Cuenta con Agüimes", a la sazón, el primer festival de este tipo que se organiza en España. Hasta el año 2000 Francisco Garzón Céspedes dirigirá el festival, a partir de ese año el Festival de Narración Oral de Agüimes pasa a ser dirigido por Antonio Lozano (hasta la actualidad).

Por otro lado, en 1989, en el Festival Iberoamericano de Cádiz, *Francisco Garzón Céspedes* asistió para impartir un taller sobre NOE. A ese taller asistieron varios componentes de la compañía teatral La Carátula, de Elche (Antonio González, Cristina Maciá y José Manuel Garzón). En ese encuentro se fraguó el Festival Internacional de la Oralidad de Elche, cuya primera edición se celebró en 1991, y cuya dirección artística, en los tres primeros años, corrió a cargo del propio Francisco Garzón Céspedes.

Estos fueron los dos primeros festivales de narración oral que se celebraron en España. Francisco Garzón Céspedes siguió promoviendo festivales (Contar con Madrid, también en 1991, pero que ya no se celebra) y siguió impulsando la participación de la narración oral en ámbitos escénicos (como en el primer BITA de Cuenca, en 1996).

Desde esos primeros festivales hay (y ha habido) muchos otros. *Puedes consultar la lista de festivales de narración oral más representativos que se celebran actualmente*.

 

El Maratón de los Cuentos de Guadalajara.

En 1992, siendo *Blanca Calvo* la alcaldesa de la ciudad de Guadalajara y la directora de la Biblioteca Pública del Estado en dicha ciudad, se celebró el primer *Maratón de los Cuentos de Guadalajara*, su duración fue de 24 horas ininterrumpidas. La idea, gestada por *Estrella Ortiz*, cuentista, Eva Ortiz, bibliotecaria, y la misma *Blanca Calvo*, se hizo palabra y desde entonces pasó a ser un referente imprescindible en el mundo de la narración oral (más sobre los inicios del maratón, aquí). 

Desde ese año hasta la actualidad el SLIJGu y la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara han organizado (el segundo o tercer final de semana de junio) el *Maratón de los Cuentos de Guadalajara* (puedes leer *cómo cuenta Blanca Calvo los inicios del Maratón aquí*)

Esta actividad nace como fruto del trabajo alrededor del cuento (y el cuento contado) y en el ámbito de la animación a la lectura desarrollado por el SLIJGu (como hemos comentado en este epígrafe) en escuelas y bibliotecas. 

El Maratón de los Cuentos comienza siendo una fiesta de la palabra, una celebración del cuento contado. Pero también pasa a ser enseguida un faro al que encaminarán sus pasos mucha gente vinculada al cuento, entre ellos narradores orales que contaban o empezaban a contar por toda España y que desconocían la labor (y muchas veces la existencia) de otros narradores. Quizás sea necesario recordar que este es un trabajo, en general, muy solitario, y que no son muchos los que hacen de contar cuentos su oficio, a este respecto todavía hoy en día (julio de 2011) en España nos encontramos por debajo de la media europea de narradores profesionales (que en Europa estaría, aproximadamente, alrededor de dos narradores por millón de habitantes).

Así pues, desde un principio, los efectos del *Maratón de los Cuentos de Guadalajara* son varios (puedes leer esta cuestión *con más detalle en esta ficha*):

  • Por un lado se revitaliza el cuento contado que pasa a ser el centro de una fiesta popular en la que acabará implicándose gran parte de la ciudad y que acabará teniendo fama internacional.
  • Por otro lado lado se da a conocer la actividad del cuento contado, todavía algo insólita a principios de los noventa del pasado siglo: la repercusión en los medios (incluso a nivel nacional) es notable.
  • Por otro sirve de punto de encuentro para muchos narradores dispersos que no provienen de grandes urbes o de talleres multitudinarios, narradores que en muchos casos llegan de ámbitos diversos y por itinerarios propios hasta el territorio de la palabra dicha. En el Maratón podrán conocerse y reconocerse, podrán asumir que son un colectivo y que su labor es parte de un oficio (más sobre este asunto, aquí).
  • También impulsa la demanda de los espectáculos de narración oral en bibliotecas y escuelas.

Al calor del *Maratón de los Cuentos de Guadalajara* y viendo la dificultad para encontrar narradores orales en todo el territorio, en 1996 el SLIJGu publica el primer Catálogo de narración oral, en el que se recogen a todos los narradores conocidos: pensemos que cuando en 1997 se intenta invitar a narradores de las 17 Comunidades del Estado al Maratón, hay varias comunidades en las que no hay narradores conocidos o, incluso, en las que no hay noticia de que se cuenten cuentos. En 1999 se publica una segunda edición del Catálogo y en 2002 una tercera. A partir de esta edición el Catálogo tendrá formato digital. Crear un Catálogo de narración oral en el que incluir un listado de cuentistas profesionales implicó también la elección de unos criterios que definieran esa profesionalización que diera entrada en el catálogo: críticas/reseñas, programas, tiempo contando, cursos y, sobre todo, asistencia a sus espectáculos.

También sucede que el tiempo de espera entre un Maratón y otro resultaba demasiado largo para los componentes del SLIJGu y el público de Guadalajara, por eso en febrero de 1994 nace la programación de *Los Viernes de los Cuentos*, que tuvo en sus inicios diversos formatos y espacios. Tienes más información sobre este ciclo de narración en su ficha.

Y por último, al calor del *Maratón de los Cuentos de Guadalajara* surgen *otros maratones de cuentos por toda España (y también por otros países)*.

 

Dos eventos significativos.

En esta década de los 90 hubo dos eventos significativos que nos pueden dar pistas sobre el auge que el cuento contado estaba teniendo, especialmente el primero: las Jornadas sobre Literatura Oral organizadas por *Jorge Riobóo* para la Asociación de Amigos del Libro, la puesta de largo del nuevo resurgir de la narración oral en España.

El 9 de febrero de 1995, la Asociación de Amigos del Libro celebró unas Jornadas en Madrid centradas en la narración oral. Asistieron entre otros *Montserrat del Amo*, *Ana Pelegrín*, *Antonio Rodríguez Almodóvar*, *Estrella Ortiz*, *Blanca Calvo*, el periodista *Jorge Riobóo*, etc. Este encuentro fue un aldabonazo para el oficio incipiente, la puesta de largo del cuento contado. La masiva asistencia fue una muestra más del gran interés que esta arte (y cada vez más, oficio) estaba suscitando. Las Jornadas tuvieron tres partes: una primera con varios cuentos contados por diversos narradores (que iban siendo ilustrados en directo por ilustradores), una segunda parte de debate sobre la literatura oral (a cargo de Montserrat del Amo, Blanca Calvo, Mercedes Carrión, Jaime García Padrino y Jorge Rioboo) y una tercera parte con más cuentos contados e ilustrados. Puedes ver el programa completo (con narradores e ilustradores) y la transcripción completa de la mesa de debate en el *dossier de las Jornadas de Literatura Oral de la OEPLI*, se trata de un material muy interesante por eso hemos decidido incorporarlo completo en este trabajo.

Me contaba *Estrella Ortiz* que los asistentes a esta Jornada de Literatura Oral tenían la sensación de estar participando en un evento histórico, un punto de inflexión en el renacimiento y consolidación del oficio de contar cuentos. Como así fue.

Por otro lado, en 1996, se celebraron en Bilbao las I Jornadas de Cuentacuentos, promovidas por el Ayuntamiento de Bilbao. El encuentro fue dirigido por Alfonso Saiz Valdivielso y coordinado por *Jorge Riobóo* y Ana García Castellano. Fue un encuentro al que asistieron 24 narradores para contar por toda la ciudad y para participar en mesas redondas y comunicaciones. Un primer intento de encuentro que no tuvo continuidad. Hubo que esperar hasta 2004 para que los *Encuentros de Narración Oral* resurgieran y se consolidaran.

Sale por primera vez (y en dos eventos muy significativos) en este estudio la figura de Jorge Riobóo, periodista cultural siempre interesado por la narración oral, que promovió y difundió la noticia del resurgimiento del cuento contado en todos los ámbitos en los que trabajó. Merece destacar el reportaje que hizo sobre el *Maratón de los Cuentos de Guadalajara* para el magazine cultural "La Mandrágora", que él dirigía, de La 2, y que podéis ver completo al pie de la ficha de *Jorge Riobóo*; casi con total seguridad este fue el primer reportaje largo (y de gran repercusión) que se hizo de un evento de narración oral tras unos primeros años de revitalización del oficio.

 

Un caso único.

En octubre de 1998 la bibliotecaria encargada de las tres bibliotecas municipales de Coslada argumentó la necesidad de contar en plantilla con una persona dedicada a la narración oral continuada, fue así como Mercedes Carrión fue contratada como personal laboral dentro de la plantilla del Ayuntamiento de Coslada. Entre sus horas de trabajo estaban incluidas las dedicadas a la búsqueda de repertorio, el ensayo de los cuentos y las sesiones de cuentos en bibliotecas. Es el único caso de narrador de plantilla en un ayuntamiento del que tenemos constancia.

La bibliotecaria quería revitalizar La hora del cuento y, a nivel económico, el argumento más interesante era que resultaba más barato tener a un narrador en plantilla que andar contratando a narradores continuamente. A nivel artístico ser el narrador de la casa conlleva algunos problemas y cuestiones interesantes sobre las que merece la pena reflexionar [más sobre los narradores de la casa aquí].

Valga este caso como ejemplo para comprender la expansión en esta década de los cuentos contados y su progresiva (re)implantación en bibliotecas y en otros espacios. [Una entrevista a Mercedes Carrión]

 

Narradores de otros países.

Un aspecto de relevante importancia en esta década de los 90 fue también la llegada a España de narradores orales profesionales que venían de otros países y que se quedaron en España a vivir y a trabajar. Muchos de ellos provenían de Iberoamérica donde el movimiento de la narración oral profesional, en algunos países, estaba bastante consolidado. Ya hablamos de *Francisco Garzón Céspedes* y de Numancia Rojas, a ellos se sumaron Soledad Felloza, Martha Escudero, José Campanari, Tim Bowley, etc.

La aportación de todos estos cuentistas fue muy importante, no solo porque sirvieron de modelos diferenciados para los narradores españoles, sino también porque enriquecieron la situación de la profesión sumando cuentos y voces narrativas con acentos y ritmos desconocidos hasta entonces. Además algunos de ellos también impartieron talleres de narración oral.

Es importante señalar que en esa década hubo también algunos casos de personas provenientes de otros países que comenzaron su andadura como narradores profesionales en España, incorporándose al movimiento general de revitalización del oficio y aportando también sus propias peculiaridades culturales. Como ejemplos valga citar a Boni Ofogo, Eliana ArredondoInongo-vi-Makomè y Yosi Hioki.

Una última cuestión sobre los narradores provenientes de otros países. Es también en esta década cuando comienzan a visitar España (para participar en *festivales*, *maratones*, etc.) narradores provenientes de otros países, principalmente de Iberoamérica (v.g. Ana Padovani) y, en menor medida, de Europa (v.g. Antonio Fontinha) y África (v.g. Marcelo Ngong). Su paso por España fue importante para la formación continuada de los narradores españoles, no tanto por la impartición de talleres sino más bien por servir de modelos para la reflexión sobre el acto narrativo: vernos en los otros y pensar sobre cómo cuentan los otros.

 

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En la década de los 90 del pasado siglo todo estaba preparado para que la narración oral se revitalizara. Muchos fueron los narradores que provenientes de talleres o de otros ámbitos (el teatro, la escuela, los talleres de animación a la lectura, la escritura, la animación sociocultural, etc.) acabaron contando cuentos (y haciendo de ello su oficio). El camino fue lento pero antes de acabar la década había ya un buen puñado de narradores profesionales contando en España.

Los distintos itinerarios personales, en muchos casos solitarios, y en otros muchos al calor de compañeros y talleres, dieron paso a diferentes voces narrativas y a diferentes estilos de contar: desde el estilo más cercano al teatro (con profusión de tramoya, vestuario, etc.) hasta el más depurado (pura sola palabra), desde el que contaba con objetos o haciendo malabares o con música o con cuadros, hasta el que apenas gesticulaba. Las diversas maneras de contar dieron color y riqueza a este oficio que estaba naciendo. 

También en esta década aparecen narradores que crean su propio repertorio, narradores orales que inventan sus propios textos para contar (más sobre este tema aquí), así pues a los dos habituales caminos para la conformación del repertorio (tradición y textos de autor) se añade esta nueva vía (la de la propia creación) que toma gran impulso y acabará por desembocar en la aparición de narradores orales que escriben y publican libros, profesionales que empezaron contando y a los que este oficio les llevó a escribir y, más tarde, a publicar (a diferencia de los escritores que acabaron contando).

De cualquier manera sobre todas estas cuestiones del narrador oral y las diferentes formas de contar y de adquirir el repertorio hablaremos más en profundidad en el epígrafe de *La figura del narrador oral*.

Cada vez más la biblioteca y la escuela demandaban actividades de narración oral: se consolidaron espacios y se fue asentando el trabajo. También hubo narradores que comenzaron a impartir cursos para profesorado y técnicos de animación a la lectura. En las comunidades bilingües pronto se vio que la narración oral podía ser un instrumento idóneo para la difusión y aprendizaje de lenguas.

 

Fuera de la escuela y la biblioteca aparecen nuevos lugares para contar cuentos: circuitos de narración oral que surgen en los 90 y que con el paso de los años se van consolidando (como el Circuito de Narración Oral del País Vasco); grandes festivales (como el Festival de Los Silos, en Tenerife, o el Festival de Narradores Orales de Segovia); pequeños cafés (como el Café La Luna, en Logroño, o el Harlem, en Barcelona, dos referentes imprescindibles fuera de los circuitos institucionales); maratones de cuentos; teatros que programan espectáculos de narración oral; etc. [Puedes encontrar información más detallada aquí: *Festivales de narración oral*, *Maratones de cuentos* y *Programaciones estables*]

 

Por otro lado, esta proliferación de espacios (sobre todo en grandes núcleos urbanos) y de talleres (para formar a narradores) tuvo también algunos aspectos negativos:

  • A veces sucedía que narradores con muy poco bagaje, o mal preparados (con apenas diez o doce horas de "taller") subían a un escenario a contar. Quizás si la flauta sonaba el espectáculo podía resultar bien, pero en muchos casos la sucesión de malas sesiones truncó espacios e hizo perder mucho público.
  • También sucedió que el rápido crecimiento (en número y en nivel de responsabilidad) de los nuevos narradores no era proporcional al desarrollo natural, al proceso de búsqueda de la propia voz y, sobre todo, a la reflexión sobre el trabajo que se estaba realizando, lo que implicó algunas carencias notables: poca atención a las cuestiones éticas del oficio, en especial a la búsqueda del propio repertorio y al respeto por el trabajo de otros narradores; dificultades para encontrar repertorio; inexistencia de la evaluación y reflexión sobre el propio trabajo; etc.

De cualquier manera y a pesar de estos detalles, la década de los 90 del pasado siglo fue, sin duda, la de la consolidación: consolidación de espacios para contar (y no sólo de grandes eventos, sino también de programaciones estables de largo aliento), de público para escuchar y de cuentistas. Cuentistas profesionales que dedicaban muchas horas a la búsqueda de nuevos repertorios y a la preparación de espectáculos de narración oral, avanzando cada vez de manera más firme y segura en el territorio de la tierra oral y de los cuentos contados. Interesa también señalar que el aumento de las oportunidades de contar implicó también el crecimiento personal de los narradores no solo desde la teoría sino también desde la práctica continuada; y es que es imprescindible para una buena formación la posibilidad de una práctica habitual del oficio, cosa que, hasta estos años, no resultaba sencillo. Cuentistas, en suma, que estaban formándose continuamente (práctica continuada, teoría, evaluación sobre el propio trabajo) y, sobre todo, compartiendo experiencias y reflexiones con otros compañeros de oficio.

 

 

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Tras la valorización del cuento tradicional (ver Los folcloristas. Inicios); tras la aparición de las primeras grandes colecciones que dan una idea de su situación y nos permiten su estudio y preservación (ver Los folcloristas. Las primeras colecciones); y tras el tratamiento y estudio que se da al cuento tradicional y popular, y sobre todo la percepción de que los narradores tradicionales de cuentos van desapareciendo (ver Los folcloristas. El ATU).

Tras el renacimiento de las bibliotecas, mucho más que meros almacenes de libros, bibliotecas mediadoras entre los libros y los usuarios, bibliotecas en los que la animación a la lectura se convierte en una actividad imprescindible para acercar el libro al lector. Bibliotecas, en fin, en las que el cuento contado va a ocupar un lugar preferente. [Ver La hora del cuento. La biblioteca]

Tras el movimiento de renovación pedagógica: escuelas de verano, jornadas, seminarios, centros de formación y recursos, movimientos y formadores destacados... el cuento entra con paso firme en las escuelas y en las aulas. A pesar de ello todavía hoy hay grandes carencias en las escuelas (¡aún sin la figura del profesor bibliotecario!). [Ver La hora del cuento. La escuela].

Tras la aparición de editoriales que ofrecían un excelente catálogo de libros y cuentos para niños y jóvenes, con álbumes ilustrados, con autores clásicos contemporáneos o nuevos escritores con materiales interesantes para contar. [Ver La hora del cuento. Libros]

El camino está desbrozado para que vayan apareciendo los primeros narradores profesionales.

 

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Para comenzar hay unos cuantos de entre quienes se dedicaron a la renovación de la escuela que compaginaban su labor docente con la narración oral (*Ana Pelegrín*, *Federico Martín*...), ellos, al igual que *Montserrat del Amo* o *Paco Abril*, forman parte de este grupo de pioneros profesionales de la narración oral, personas que en la década de los 80 del pasado siglo contaban cuentos y cobraban por ello.

 

La narración oral en el País Vasco y en Cataluña tiene referentes provenientes del sur de Francia, donde el movimiento de narración oral es muy fuerte. Así pues, en el País Vasco, casi al mismo tiempo que el narrador vasco-francés Koldo Amestoy comienza a contar, Virginia ImazPello Añorga, ambos maestros, dejan su oficio en la enseñanza para dedicarse por entero a contar cuentos.

Roser Ros, pedagoga y maestra vinculada al movimiento Rosa Sensat, conocedora del folclore (tesis doctoral sobre rondallas), escritora y formadora, comienza a contar cuentos. Más adelante será miembro fundador de ANIN y editora de la revista Tantágora, pero de eso hablaremos en su momento con más detalle. También en Cataluña comienzan a contar Teresa Durán (escritora) y Pep Durán (librero).

Merece la pena deternerse en este último pues proviene de un ámbito poco usual (la librería) y se convirtió en un modelo para muchos otros que comenzaban a contar en la década de los 80 (Estrella Ortiz, Pepepérez...), aquí nos cuenta cómo fueron sus inicios: "Empecé a contar en el año 1974, en la libreria Cap Gros. Más tarde, en el 1975, abrimos la libreria Robafaves aquellos que abandonamos el Cap Gros por problemas financieros con su propietario. Empecé a contar en la librería al darme cuenta de que si contaba los álbumes a los clientes que se interesaban había otros que escuchaban y al final vendía más de uno. El día de mi aniversario (10/5/1974 -30 años) mi compañera de mostrador me regaló una maleta de cartón decorada. En ella puse libros de cuentos, álbumes ilustrados, objetos diversos que sugerían tesoros, secretos encerrados en cajas de música, algún personaje protagonista de cuentos en forma de muñecos, y ofrecí los servicios de la librería para descubrir las novedades editoriales y para formar las bibliotecas de aula. Contaba en el aula de las escuelas, ante los alumnos y maestros, después de contar dejaba como muestra una maleta con libros para que descubrieran su contenido, la tenían una semana y me la devolvian entera y en buen estado. Mas tarde, muchos de los alumnos con sus padres visitaban la librería para comprar algunos de aquellos títulos."

Poco a poco, y sin abandonar nunca el oficio de librero, Pep Durán fue dedicando cada vez más tiempo a la narración. Entonces eclosionó el movimiento que promovía la animación a la lectura y comenzaron a aparecer jornadas, encuentros... y Pep Durán continúa: "Recuerdo que Blanca Calvo me llamó para participar en los primeros Encuentros de Animación a la Lectura que organizaba la Biblioteca de Guadalajara, viajé a muchas de las bibliotecas de la provincia."

Algunos detalles más que son de interés: "La inspiración para utilizar las maletas como cofres de tesoros llenos de libros y secretos la tuve al ver actuar a LE CIRC IMAGINAIRE de Victoria Chaplin y J-B Thierrée en el teatro Romea de Barcelona en el año 1974. Sacaban de las maletas todos los personajes del circo, todo cabía en ellas. Este espectáculo me dio la confianza de que los libros ilustrados, los álbumes, podían sugerir un mundo de mundos encerrados en maletas y contenían todos los tesoros y secretos que buscamos constantemente para llenar nuestro vacio interno."

 

En Valencia en 1984 nace el Colectivo Fábula, entre sus fundadores se encuentra Vicente Cortés (actor). Un año más tarde pasa a formar parte del Colectivo Fábula *Carles García* (narrador oral de tradición familiar). Este colectivo desarrolla actividades de animación a la lectura, a la escritura y de narración oral. También en Valencia Carles Cano (escritor) y Llorenç Jiménez (maestro), a mediados de los 80, comienzan a contar en la escuela.

En Aragón El silbo vulnerado lleva desde 1973 trabajando la poesía en escena, entre sus fundadores está Luis Felipe Alegre (actor) a quien encontramos a veces recitando poesías y romances dentro de espectáculos de narración oral, aunque hasta 1991 no crea un espectáculo específico de narración (Bululú).

En Andalucía *Antonio Rodríguez Almodóvar* (escritor y estudioso) publica los Cuentos al amor de la lumbre y no pierde oportunidad de contarlos de viva voz. Mientras tanto en Granada, Javier Tárraga, giróvago, en 1982 comienza también con espectáculos de narración oral. En Málaga, en 1987, y proveniente del ámbito de la educación, Pepepérez comienza a contar (el primer año con el grupo Harapos y después en solitario) tras haber visto contar a Pep Durán.

En Castilla comienzan su andadura como narradores *Ignacio Sanz* y Claudia de Santos (escritores) en Segovia en 1983, y también Avelino Hernández (escritor), en Soria. Y en Guadalajara, *Estrella Ortiz* (actriz), en 1984. Los tres primeros desde el ámbito de la escuela y la segunda, proveniente del mundo del teatro, desde el ámbito de la biblioteca. 

En 1986, en Murcia, proveniente del mundo del teatro, comienza a contar Juan Pedro Romera.

A finales de los 80 en Baleares se encuentran contando Nati de Grado (trabajadora social-biblioteca) dentro de las actividades que realiza de animación a la lectura y Caterina Valriu (Catalina Contacontes), profesora universitaria.

 

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La situación de estos primeros nuevos narradores fue difícil, empezaban a ser parte de un oficio que nacía y muchos de ellos no eran conscientes de ello. A pesar de los movimientos de renovación pedagógica en la escuela y de revitalización de bibliotecas todavía había muchas escuelas y muchas bibliotecas que no sabían exactamente qué era eso de los cuentos contados (ni mucho menos qué era eso de pagar por escuchar cuentos).

A pesar de las dificultades y compaginando la labor de narrador con la de su propio oficio (maestro, formador, escritor, actor... depende de cada caso), poco a poco fue asentándose esta actividad. La palabra dicha fue ganando espacios y oyentes, poco a poco. Muy poco a poco, como la lluvia que lentamente empapa los campos y, a fuerza de vehemencia, acaba por calar hasta lo hondo.

Otra cuestión relevante es que en muchos casos, estos incipientes profesionales de la narración ni siquiera sabían que había otros narradores contando cuentos. En Comunidades donde había varios cuentistas (Valencia, País Vasco, etc.) sí era posible compartir experiencias y dudas. Sin embargo, en otros lugares el itinerario se iba trazando en absoluta soledad, pues en esta década de los 80 todavía no había ningún festival ni actividad específica dedicada a la narración oral en la que los cuentistas pudieran conocerse, verse, escucharse... ningún espacio en el que compartir palabras y dudas.

 

Los pioneros tuvieron, además de la complejidad de ir formando parte de un oficio extraño, poco conocido y muy solitario, la dificultad de encontrar espacios para trabajar. Me contaba *Estrella Ortiz* que en los primeros años como narradora oral los pocos espacios en los que el cuento contado tenía cabida estaban estrechamente vinculados a ferias del libro, muestras municipales del libro, semanas de animación a la lectura, salones del libro, campañas escolares promovidas desde bibliotecas, actividades gestionadas por los centros coordinadores de bibliotecas y otros eventos siempre cercanos al libro y a las bibliotecas. 

 

Pero todo esto está a punto de cambiar. A pesar de las dificultades iniciales el terreno está preparado: la noticia del cuento contado y sus bondades corre de boca en oreja y la demanda va aumentando, despacio pero de manera continua.

Y pronto llegarán dos detonantes que ayudarán a la difusión del oficio, a su conocimiento general y la aparición de una segunda generación de cuentistas urbanos. Estos dos detonantes son, por un lado, la proliferación de talleres de narración oral a partir de 1989 y, por otro, la organización de grandes eventos vinculados al cuento contado. Está todo dispuesto para que la narración oral deje de ser cosa de unos pocos.

 

 

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Bibliografía:

-Marina Sanfilippo, El renacimiento de la narración oral en Italia y España (1985-2005), Fundación Universitaria España. [Disponible en PDF en la web]

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A principios de los años 70 del pasado siglo España vive una época convulsa. La dictadura está en sus últimos días y la democracia va tomando posiciones: las ansias de libertad y de renovación impregnan todas las esferas de la vida del país.

La educación también vivirá esta necesidad de renovación.

 

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En 1965, en Cataluña, Marta Mata y un grupo de profesores inician, de manera clandestina, la Escuela de Maestros Rosa Sensat, cuya intención es la renovación pedagógica (aquí sus objetivos) mediante la formación continua del profesorado en ejercicio. El cuento recibe con este movimiento una invitación formal para entrar en la escuela.

En 1968 *Ana Pelegrín* llega a España. Filóloga, investigadora, ensayista y pedagoga, realiza trabajos de campo para el Seminario Menéndez Pidal (donde consolida su inclinación y conocimiento por la tradición, el folclore y la poesía) y, en 1975, junto con Felicidad Orquín, funda en Madrid Acción Educativa (AE), imprescindible revulsivo de la renovación pedagógica en las aulas que tiene entre sus referentes imprescindibles a Gianni Rodari y su Gramática de la Fantasía (entre otros autores y estudiosos como Freinet, Piaget, etc.); puedes ver aquí los objetivos de AE. Muy vinculado a Acción Educativa ya desde sus inicios (colabora desde el momento de su fundación) está *Federico Martín Nebras*. Él conocía de primera mano el movimiento Rosa Sensat y, a principios de la década de los 70, viajó hasta Madrid para embarcarse en el proyecto de la escuela de Trabenco.

El terreno está preparado para que el cuento entre por la puerta grande en la escuela. Y lo hace por varios caminos: desde dentro del aula (los maestros), desde otros profesionales que entran ocasionalmente en el aula (escritores, formadores y, finalmente, narradores)

 

Los maestros.

Son muchos los maestros que empiezan a integrar el cuento como recurso dentro del aula. Conviene resaltar este dato: el cuento contado entra en la escuela como un recurso, fundamentalmente como herramienta para animar a la lectura, aunque también se persiguen otros objetivos (transmisión de valores, fomentar la capacidad de atención y escucha, etc.)

Esta entrada del cuento en la escuela es debido, como dijimos antes, al importante movimiento de renovación pedagógica en el que destacaron maestros de maestros como *Ana Pelegrín*, *Federico Martín Nebras*, Montserrat Sarto, etc. Proliferan los cursos, las jornadas, los encuentros de formación... En los Centros de Profesores se diseñan cada vez más cursos sobre animación a la lectura entre cuyos contenidos aparece, indefectiblemente, el cuento contado.

Entre estos maestros y pedagogos, además de los ya citados, destacan otros profesionales que, en algún momento, llegarán incluso a dejar la escuela para dedicarse a contar y a formar a otros profesores en el ámbito de la narración oral y de la animación a la lectura. Entre ellos podemos citar a Roser Ros, Pello Añorga, Llorenç Jiménez y Virginia Imaz.

Este trabajo de lluvia constante, de cuento contado en el aula, caló, fomentando el hábito de escucha y la revitalización de la costumbre de la palabra dicha (cada vez más menguada en hogares y otros espacios habituales para la transmisión de cuentos), así pues la escuela se ha convertido en el espacio natural del cuento contado. Importante para que esto así sucediera, además de la vehemente labor de los maestros, es la proliferación de libros adecuados (ver epígrafe pertinente), la aparición de las bibliotecas escolares (todavía más un anhelo que una realidad) y el desarrollo de programas escolares de animación a la lectura y narración oral (algunos tan extraordinarios como Leer Juntos, nacido en el pueblecito oscense de Ballobar y que, a día de hoy, se lleva a cabo por todo Aragón y otras Comunidades).

La pervivencia del cuento contado en la escuela generó demanda de más cuentos: he aquí una de las razones fundamentales para la aparición del narrador oral, profesional ajeno al centro y que acude a él para contar cuentos y cobrar por su trabajo.

 

Los escritores.

En la escuela el cuento contado suele ir siempre de la mano del libro y como estrategia de animación a la lectura. Hay autores que entran en la escuela para hablar de un libro propio y que, de manera natural, acaban contando.

Ya en los años 50 del pasado siglo, cuando *Montserrat del Amo* comienza a contar cuentos lo hace de la mano de su labor como escritora, *puedes ver cómo lo cuenta aquí*. Antes que ella, en los años 30, *Elena Fortún* también compatibilizaba su oficio de escritora con su empeño por el cuento contado.

En este sentido es lógico que los cuentos de Cuentos al amor de la lumbre o Los cuentos de la Media Lunita, de *Antonio Rodríguez Almodóvar*, acabaran siendo contados por el mismo autor. Merece la pena detenernos en estas colecciones de cuentos que se convirtieron desde su aparición (hace más de 25 años ya) en un recurso fundamental para el conocimiento y transmisión de los cuentos populares españoles. Estos libros son todavía hoy en día imprescindibles para que los profesores (y padres, y narradores, y educadores...) puedan conocer una excelente selección de cuentos articulados de manera arquetípica y escritos de forma que resulta sencillo recordarlos y contarlos.

*Antonio Rodríguez Almodóvar* no sólo ha hecho una notable labor de difusión de los cuentos populares españoles, sino que también es un importante estudioso del cuento tradicional y maestro de maestros en el arte de contar y de trabajar con los textos populares. Y no hemos de olvidar su labor como escritor que mereció en 2005 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.

De igual manera *Ignacio Sanz*, escritor, folclorista y narrador, comenzó contando de forma natural en las escuelas a las que acudía como autor hasta que, en 1983 (por lo tanto, uno de los pioneros), participó en unas jornadas en Zamora junto con Agustín García Calvo y con *Federico Martín Nebras*, los tres como narradores orales. Este fue el inicio de su andadura como narrador y formador de maestros en territorios de oralidad y animación a la lectura.

Hay otros autores que, casi de manera azarosa, acabaron contando.

Un caso significativo es el de Carles Cano, escritor (ganador del Premio Lazarillo en 1994) que empezó contando cuentos en las visitas que hacía como autor en las escuelas y al que, cada vez más, llamaban, además de como autor, para que fuera a los colegios para contar cuentos.

En otras ocasiones es más difícil discernir si primero fue el narrador o fue el escritor, es el caso de Xabier Puente Docampo, maestro, escritor y, siempre, narrador (ya sea mediante palabra dicha o mediante texto escrito), que recibió en 1995 el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. 

También hay que citar a Teresa Durán que compagina sus múltiples facetas con la narración de cuentos.

 

 

A principios de los 80 del pasado siglo aparecieron los primeros narradores orales profesionales, gente que vivía básicamente de contar. Uno de los elementos fundamentales para la aparición de la figura del profesional fue la creciente demanda que había de cuentos contados en la escuela. De todo esto hablamos en el tercer bloque de este somero estudio.

 

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Ya *Marciano Curiel Merchán* a principios del siglo XX recogía cuentos tradicionales porque encontraba en ellos un recurso excelente para trabajar en el aula. 

Esta relación cuento-escuela se vio reforzada (después de muchos años de sequía en la Dictadura) con los movimientos de renovación pedagógica que prepararon a maestros y maestros de maestros para la re-entrada del cuento en el aula. Sucedió entonces que maestros, estudiosos y escritores se pusieron a contar cuentos en la escuela y el cuento contado pasó a formar parte del día a día de muchos niños. Así pues la escuela se ha convertido en tierra fértil para la palabra dicha y el hábito de los cuentos contados se ha ido asentando en muchas aulas y en muchos niños. Y como las historias traen hambre de más historias, la escuela ha pasado a ser un espacio vital para el oficio de los narradores orales, uno de los más importantes ámbitos de trabajo.

Es preciso señalar antes de terminar este epígrafe que a pesar de la importancia del cuento contado en las aulas, en las escuelas de magisterio donde se forma el profesorado el cuento contado (y cómo contarlo) apenas tiene presencia (*alguna afortunada excepción hay, claro*). Una triste paradoja.

 

 

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Bibliografía:

 

-Marina Sanfilippo, El renacimiento de la narración oral en Italia y España (1985-2005), Fundación Universitaria España. [Disponible en PDF en la web]

Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

 

La actividad de La hora del cuento inició su andadura en Inglaterra y en los Países Nórdicos, y poco a poco fue extendiéndose por el resto de Europa y América. Hasta llegar a España en los años 30 del pasado siglo.

*Elena Fortún*, escritora que forma parte del canon de los autores españoles que escribieron para niños en S.XX, autora de varios personajes inolvidables (Celia entre otros) fue también narradora oral. Había estudiado Biblioteconomía, conocía la actividad de La hora del cuento, cada vez más difundida entre la cultura anglosajona, y sabía de las bondades del cuento contado no solo a través de la teoría sino también desde la práctica, pues ella también contaba: quizás todo comenzara cuando la autora andaba buscando cuentos tradicionales para modernizar en algunos textos de los que escribía, o quizás empezó a contar cuentos durante sus visitas como autora a los colegios o bibliotecas, o quizás, sencillamente, contaba cuentos y los niños la escuchaban, sencillamente.

Lo cierto es que antes de la Guerra Civil *Elena Fortún* impartió unas charlas a las bibliotecarias de Madrid sobre cómo contar cuentos. Después llegó la guerra y con ella el exilio, y fue en Argentina cuando, recogiendo las notas de sus charlas y añadiendo cuentos tradicionales para contar a niños (y agrupados por edades), elaboró el libro  Pues Señor... cómo debe contarse el cuento y cuentos para ser contados, un hito en el oficio del narrador, pues es en el prólogo a este libro donde se habla de contar cuentos como una profesión, además de ser este libro nuestro primer manual sobre cómo contar.

Tras la Guerra Civil hubo quienes perseveraron en la continuidad de esta actividad que, lentamente, iba implantándose en bibliotecas. Es el caso de las Bibliotecas Populares de Madrid (hoy de la Comunidad de Madrid) y de otras bibliotecas y bibliotecarias como Concepción Carreras quien, en los años cuarenta, creó la costumbre de narrar cuentos en la biblioteca de Santa Creu (con el aliciente de que en ocasiones eran cuentos contados en catalán a pesar de la prohibición de la Dictadura: los cuentos como una forma de rebelión). 

Esta actividad toma impulso en los años cincuenta y sesenta en la figura de *Montserrat del Amo*. Escritora y narradora oral, contaba cuentos a los niños en las Bibliotecas Populares de Madrid (hoy de la Comunidad de Madrid): importa resaltar la militancia de estas Bibliotecas Populares de Madrid en favor del cuento contado, su perseverancia y empeño fueron sustento imprescindible para mantener vivo el rescoldo de la palabra dicha y para su posterior crecimiento y desarrollo, nuestro oficio no sería lo que es sin bibliotecas como estas que han creído en el cuento contado desde mucho antes del resurgimiento de la profesión.

Como ella misma cuenta, Montserrat del Amo comenzó a contar en bibliotecas de Madrid acompañada por Mª África Ibarra e Isabel Niño y de Barcelona a mediados de los 50 del pasado siglo. *Puedes leer la transcripción donde lo cuenta aquí*.

*Montserrat del Amo* publicó, en 1964, La hora del cuento, nuestro segundo manual sobre cómo contar que, indudablemente, sirvió para la difusión de la actividad entre las bibliotecas y dio pistas a quienes querían preparar cuentos para contar.

De la introducción del libro entresacamos las siguientes líneas (p.6): 

"El método más apropiado de que puede servirse un bibliotecario para extender la afición a la lectura entre los niños y comunicar una intensa vida a la marcha de la biblioteca infantil es la organización de «La Hora del Cuento».

Llamamos «Hora del Cuento» en una biblioteca infantil al espacio de tiempo que se dedique periódicamente y dentro del mismo edificio destinado a la lectura, a las narraciones orales a cargo del bibliotecario o persona por él designada, ante un auditorio más o menos numeroso y homogéneo, formado por lectores habituales de la biblioteca, o por otros niños que hayan sido especialmente invitados al acto.«La Hora del Cuento» tendrá distintos efectos en los niños que asisten a ella: En los más pequeños servirá para abrir nuevos cauces a su fantasía, en los medianos actuará como un estímulo inmediato a la lectura, mientras que ayudará a los mayores a definir sus propios gustos y aficiones, afinando su sensibilidad y madurando su juicio, pero en todas las edades servirá de enlace entre la vida personal de cada niño y el contenido de los libros.Organizándola debidamente y manteniéndola con constancia, pronto vendrá a ser «La Hora del Cuento» el alma que vivifique la marcha de una biblioteca infantil."

De donde se deducen las líneas claras de esta actividad: entra dentro del ámbito de la biblioteca, está dedicada a público infantil y tiene entre sus claros objetivos el de animar a leer.

A finales de los años setenta y principios de los ochenta ya está en plena ebullición la escuela (véase epígrafe correspondiente) y hay figuras de la talla de *Federico Martín Nebras* o *Ana Pelegrín* que entran a contar en las bibliotecas (una vez más en las Populares de Madrid).

También Ana Pelegrín "junto con un grupo de personas procedentes de sus talleres de expresión oral, colaboró con las Bibliotecas Municipales de Madrid en los años ochenta, organizando espectáculos infantiles de cuentos (populares y literarios)" (del libro de Marina Sanfilippo).

 

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En el curso 80/81, en la Comunidad Valenciana se están desarrollando programas continuados de animación a la lectura (entre cuyas actividades está la de narración oral), la persona que organizó todo esto fue Teresa Llabata, bibliotecaria de varias poblaciones del área metropolitana.

Es también a principios de esta década de los 80 cuando entra en escena una biblioteca que desde entonces se ha convertido en referente imprescindible para nuestro oficio, la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara, y con ella su directora, *Blanca Calvo*.

En 1982 nace el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara (SLIJGu) tras unas charlas sobre animación a la lectura realizadas en la Biblioteca a maestros y bibliotecarios de la zona. En ese mismo año, y como actividad del SLIJGu comienza la publicación del Boletín del seminario que dará paso a ¡Atiza!, una de las revistas pioneras en España en este ámbito. La cada vez mayor necesidad de aprender y compartir experiencias anima al SLIJGu a organizar en 1984 el 1er Encuentro Nacional de Animación a la Lectura (los encuentros se sucederán entre 1984 y 1996). A ese primer encuentro asistieron bibliotecarias, maestros, escritores, formadores y algunas personas que ya hemos ido citando en este somero estudio (*Federico Martín Nebras*, *Paco Abril*, etc.). Ya en ese primer encuentro tuvo un lugar destacado la narración oral, siendo *Estrella Ortiz* la encargada de dar voz a los cuentos (otra de nuestros pioneros).

Al igual que las Bibliotecas Populares de Madrid (hoy de la Comunidad de Madrid) fueron en su momento un lugar en el que confluyó la renovación pedagógica de las escuelas con la revitalización de las bibliotecas y con el cuento contado, es ahora esta BPE en Guadalajar, el SLIJGu y los Encuentros los que personifican la renovación que hará del cuento contado un huésped habitual entre sus actividades y espacios. Además será también punto de encuentro entre estas dos líneas: la escuela y la biblioteca, pues el SLIJGu estaba formado en sus inicios, básicamente, por maestros y bibliotecarios.

En el caso concreto del SLIJGu y de la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara, toda esta sinergia confluirá en el nacimiento y consolidación de una actividad que resultó fundamental para nuestro oficio: el *Maratón de los Cuentos de Guadalajara*, pero de ello hablaremos más adelante.

 

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A partir de los años 80 y, sobre todo, en los 90 del pasado siglo, la hora del cuento vuelve a las bibliotecas. 

Mientras por un lado se van creando nuevas bibliotecas y renovando las ya existentes, consolidando así una notable red de bibliotecas públicas por todo el Estado (especialmente en algunas Comunidades); por otro lado surgen bibliotecarios cada vez mejor formados (y en continua formación) y con muchas ganas de hacer de la biblioteca un espacio vivo y público. Cada vez más bibliotecarias desarrollan actividades de animación a la lectura (v.g., la BPM de Villafranca de los Caballeros, en Toledo; o la BPM de Zuera, en Zaragoza) y cuentan cuentos regularmente (v.g., la BPM de Can Butjosa en Parets del Vallés, en Barcelona). De hecho aparecen algunas bibliotecarias que, fuera de su horario laboral, se dedican a contar cuentos de forma profesional (a principios de los 2000, por ejemplo, la A. C. Pirujas, de la BPM de Herencia, en Ciudad Real).

 

Según va avanzando la década de los 90 van apareciendo *programaciones estables de narración oral* en bibliotecas públicas, valga como ejemplo los cuentos contados todos los viernes del curso escolar en las bibliotecas municipales de Las Rozas (Madrid); esta tendencia se acelera y multiplica en la siguiente década, así aparecen actividades como "Días de Cuentos" organizada por la Biblioteca Insular del Cabildo de Gran Canaria que llevará los cuentos por toda la isla, o las sesiones de cuentos "Noches Inenarrables" de las bibliotecas municipales de Zaragoza (sesiones dirigidas a adultos), etc.

Un caso peculiar para la consolidación de "La hora del cuento" es el de las bibliotecas municipales de Coslada (Madrid) que, en octubre de 1998, deciden incluir en su plantilla (como personal laboral) a un cuentista profesional (Mercedes Carrión). Un caso del que hablaremos más adelante y que puede dar la medida del interés que despiertan en ese momento y la revitalización que experimentan los cuentos contados en las bibliotecas.

También las pequeñas bibliotecas tendrán posibilidad de llevar profesionales de la narración oral gracias a las ayudas y guías de recursos que van surgiendo con la intención de que las bibliotecas puedan realizar actividades de animación a la lectura. Destaca entre todas ellas la narración oral, inicialmente para niños pero que, con el paso de los años, va encontrando (también en bibliotecas) lugares para la narración con adultos. Como ejemplos de estas guías vayan estos dos: la Guía de Animación a la Lectura de Castilla La Mancha y los programas de narración oral del CAL en Andalucía.

Además de las actividades continuadas y de pequeño formato, hay también bibliotecas que organizan festivales de narración (v.g., la BPM de Liétor, en Albacete) o pequeños maratones (v.g., la BPM de Mota del Cuervo, en Cuenca) con muy buena aceptación por parte de usuarios y vecinos.

 

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Sin lugar a dudas la biblioteca es espacio natural para el cuento contado. Los libros toman voz y los cuentos se hacen palabra: la biblioteca es tierra de cuentos. Hoy en día no entenderíamos este oficio nuestro sin la paciente labor de las bibliotecas y las bibliotecarias que han dado importancia al cuento contado y han exigido profesionales capaces de hacer de la palabra dicha un saco de sueños, cuentos y emociones. Este oficio nuestro en España es lo que es gracias a esta labor perseverante y entusiasta de las bibliotecas de pequeños pueblos y grandes ciudades.

 

 

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Más en internet:

-sobre las bibliotecas populares.

 

Bibliografía:

*Dossier sobre Literatura Oral de la Asociación de Amigos del Libro (1995)*

-Montserrat del Amo, La hora del cuento, Servicio Nacional de Lectura, Madrid, 1964. [Disponible en la web]

-Elena Fortún, Pues Señor... cómo debe contarse el cuento y cuentos para ser contados, Olañeta.

-Marina Sanfilippo, El renacimiento de la narración oral en Italia y España (1985-2005), Fundación Universitaria España. [Disponible en PDF en la web]

Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

 

En esta etapa cientifista resaltamos el concepto de ATU, las iniciales de las siglas de Aarne, Thomson y Uther, los tres estudiosos que crearon (Aarne) y perfeccionaron (primero Thomson y luego Uther) la clasificación de los cuentos tradicionales según su tipo. De esto hemos hablado ya cuando mencionábamos la Escuela Finlandesa. El ATU implica la ordenación y clasificación de los cuentos tradicionales de todas las culturas y la posibilidad de comparar textos de muy diversos orígenes. Pensamos que es lo que mejor simboliza esta etapa cientifista.

 

La etapa cientifista de los folcloristas comienza tras la finalización de la Guerra Civil. Como ya vimos, *Aurelio M. Espinosa, hijo*, tuvo que marcharse precipitadamente de España interrumpiendo su labor de recogida de cuentos tradicionales.

Tras la contienda todo el impulso de recopilación y revalorizacion del folclore quedó truncado.

El Centro de Estudios Históricos (CEH) de *Ramón Menéndez Pidal* fue refundado como Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La nueva maquinaria, armada con viejas piezas, tardó mucho tiempo hasta ponerse de nuevo en funcionamiento.

La coleccion de cuentos de *Aurelio M. Espinosa, padre*, como ya dijimos, vio por fin la luz en 1947, editada por el CSIC (casi ¡treinta años después de su recogida! los cuentos veían por fin la luz en España). Aunque ya antes, en 1930 (pero fuera de España...) *Ralph S. Boggs* publica el primer Índice de cuentos folclóricos españoles (Index of Spanish Folktales, 1930). 

Hubo algunos solitarios empeñados en seguir recogiendo cuentos, destacan entre ellos José Miguel de Barandiarán (en el País Vasco) y Fermín Bouza-Brey (en Galicia).

 

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Si este momento tiene un nombre no es otro que el de *Julio Caro Baroja*, sabio estudioso y conocedor del folclore, director durante quince años de la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares y vinculado muchos años al área de Antropología del CSIC. Fue ahí, en el CSIC, donde consiguió rodearse de un grupo de jóvenes entusiastas (entre ellos *Julio Camarena Laucirica*) y donde, gracias a sus artículos, su empeño y entusiasmo consiguió revitalizar el conocimiento y estudio del folclore y la tradición. (Os recomendamos que echéis un vistazo a la bibliografía que hemos incluido en su ficha, algunos de sus textos son absolutamente maravillosos.)

Es bajo la dirección de *Julio Caro Baroja* y al cuidado de de Julio Camarena Laucirica cuando por fin, cincuenta años después de su recogida, se publican en España (1987) los cuentos que recopiló *Aurelio M. Espinosa, hijo*.

 

Otras figuras importantes aparecen en el panorama español.

Por un lado *Maxime Chevalier* comienza a publicar estudios sobre el folclore y la tradición en el Siglo de Oro. Por otro lado Joaquín Díaz, reconocido estudioso de la cultura tradicional (cuentos, canciones...) empieza a recoger cuentos (entre otros materiales del folclore) y a grabar algunos cedés de cuentos contados (os animamos a que echéis un vistazo a su bibliografía y a su discografía). Juntos, Maxime Chevalier y Joaquín Díaz publican los Cuentos castellanos de tradición oral, en la editorial Ámbito.

Por otro lado *Julio Camarena Laucirica* va recogiendo impresionantes colecciones de cuentos (como los Cuentos de León o la colección de cuentos de Ciudad Real). 

En 1980, comienza a publicarse la Revista del Folklore, dirigida por Joaquín Díaz, que enseguida pasa a ser un referente imprescindible para los estudiosos del folclore. En 1994 nace la  Fundación Joaquín Díaz, con sede en la villa-libro de Urueña: un lugar para el estudio y la reflexión sobre la tradición y el folclore. 

 

En estos años se ha consolidado el conocimiento del método finlandés. Proliferan las colecciones de cuentos tradicionales recogidos y ordenados científicamente. Aquí van unos cuantos ejemplos de colecciones recogidas entre 1980 y 1995:

En lengua castellana: *Maxime Chevalier* y Joaquín DíazCuentos castellanos de tradición oral, (1983); Juan J. Sandubete, Cuentos de la la tradición oral recogidos en la provincia de Cádiz, (1981); Alfonso Prieto, Cuentos de la montaña leonesa y aledaños, (1982); *Julio Camarena Laucirica*, Cuentos tradicionales recopilados en la provincia de Ciudad Real, 2 vols. (1984);  MªJosé Porro y otros, Cuentos cordobeses de tradición oral, (1985); Juan Navero Sánchez, Cuentos populares de la comarca de Baena, (1985-88); Emilia Cortés Ibáñez, Cuentos de la zona montañosa de la provincia de Albacete, (1989); Juan Rodríguez Pastor, Cuentos populares extremeños y andaluces, (1990); *Julio Camarena*, Cuentos de León, 2 vols. (1991); José Manuel Fraile Gil, Cuentos de la tradición oral madrileña, (1992); Carmen García Surallés, Era posivé... cuentos gaditanos, (1992); Carlos González Sanz, Cuentos populares de Kampezu, recogidos de boca de Macaria Iriarte, (1993); Elvira Carreño Carrasco y otros, Cuentos murcianos de tradición oral, (1993); José Luis Puerto, Cuentos de tradición oral en la Sierra de Francia; etc.

En lengua catalana: Col·lectiu Folkloric Ciutadella, Recull de Rondalles Populars Menorquines, (1981); y Lluis G. Constans, Rondalles, (1981). Aparece también el primer intento de catálogo tipológico de la rondalla catalana, elaborado por Josep M. Pujol a principios de los ochenta del pasado siglo: Contribució a l'index de tipus de la rondalla catalana, (1982). Aparecen también páginas web que ofrecen recursos como este Buscador del cuento folclórico catalán, un tesoro.

En lengua gallega: Xosé Ramón Mariño Ferro, Contos marabillosos, (1995).

En lengua vasca: Juan Mugarza, Tradiciones, mitos y leyendas en el País Vasco (1981); y Juan Garmendia Larrañaga, El pensamiento mágico vasco (1989).

 

Todo este interés por el cuento folclórico culmina con la aparición del *Catálogo tipológico del cuento español*, descomunal empresa que comenzaron *Maxime Chevalier* y *Julio Camarena* y que a día de hoy todavía sigue inconclusa. Un trabajo imprescindible para conocer el estado del cuento tradicional y su expansión en España.

 

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Por todo lo visto hasta aquí podemos decir que los cuentos tradicionales y las colecciones de recopilaciones tienen interés y son objeto de estudio y reflexión. Quizás ahora es el momento de mayor valorización y reconocimiento del cuento folclórico, tal vez sea debido a la debilidad de su pervivencia y la, cada vez más difícil, recogida de textos. En España van desapareciendo los narradores tradicionales, los portadores de la palabra, y con ellos, los cuentos contados.

Figuras como José Manuel Pedrosa, Luis Díaz Viana, Joaquín Díaz, Javier Asensio, José Luis Agúndez, Alfredo Asiain, Ángel Garí, Carlos González Sanz, Juan José Prat, José Manuel de Prada Samper, Ángel Hernández Fernández, Anselmo Sánchez Ferra, Juan Rodríguez Pastor, José María Domínguez, Pedro C. Cerrillo, Nieves Gómez... siguen recopilando y estudiando el cuento tradicional y el folclore.

Importa señalar también la aparición de archivos de oralidad de fácil acceso desde la implantación y generalización de internet, valgan como muestra los siguientes ejemplos: el archivo riojano de folclore y tradición oral y el archivo oral vasco; y también de webs con contenidos interesantísimos para el conocimiento, estudio y difusión del folclore, como por ejemplo El jardín de la voz (Biblioteca de literatura oral y popular).

 

Quizás para terminar este epígrafe último dedicado a los folcloristas podría lanzar una pregunta que no deja de inquietarnos: ¿que prolifere el interés por el cuento folclórico por parte de universidades y estudiosos es una muestra de su cada vez mayor alejamiento del terruño en el que el cuento habitó siempre: la boca, el ojo, la oreja del pueblo; o acaso una señal de alarma de su languidez?

 

 

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Bibliografía:

José Manuel Pedrosa, La literatura tradicional en el mundo hispánico: estado de la cuestión y nuevos horizontes. [Artículo inédito, desde aquí agradecemos al autor su amabilidad al enviárnoslo]

Enciclopedia Universal DVD, Micronet S.A. 1999, véanse los artículos de José Manuel Pedrosa, así como la sucinta información y señalada bibliografía.

Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

 

En *1910 Antti Aarne, de la Escuela Finlandesa, publica su Types of the folktale, la primera versión del Catálogo tipológico de los cuentos folklóricos, revisada y mejorada por Stith Thompson (1929 y 1961) y Uther (2004)*. Los estudios y la comprensión de los cuentos tradicionales van a vivir un importante avance que, todavía, no llega a España.

No será hasta la publicación de las colecciones de cuentos de *Aurelio M. Espinosa, padre* (recogidos en 1920 y publicados en 1947 en una edición muy limitada e inaccesible) y de *Aurelio M. Espinosa, hijo* (recogidos en 1936 y publicados en ¡¡1987!! en una edición también muy difícil de conseguir), cuando este avance comience a llegar a España. Y será con el proyecto del Catálogo tipológico del cuento folklórico español, de *Julio Camarena Laucirica* y *Maxime Chevallier*, cuando termine de consolidarse. Pero eso sucederá más adelante.

 

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Mientras tanto aquí en España la recogida de los cuentos tradicionales sufre un parón tras la muerte de *Antonio Machado y Álvarez* el proyecto de la *Biblioteca de Tradiciones Populares* queda truncado. Ninguno de sus colaboradores toma el relevo. 

También "las Sociedades de folklore que habían proliferado por toda España desaparecieron, y con ellas desapareció, al parecer, el interés por el folklore. De todos los ramos del folklore español, solamente los romances tradicionales son hoy en día objeto de estudios serios" (A. M. Espinosa, padre, Cuentos populares españoles, tomo I, p. 27)

Y este empeño por el estudio de los romances tradicionales llega de la mano de otra figura relevante para la valorización y recogida de los textos folclóricos de transmisión oral, se trata de *Ramón Menéndez Pidal*.

Ramón Menéndez Pidal, intelectual, estudioso y hombre de gran energía, emprende dos grandes proyectos que afectarán positivamente a la recogida de cuentos tradicionales, se trata 1) del proyecto de recogida y estudio de los romances españoles de transmisión oral y 2) del ALPI, el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica.

En 1910 Ramón Menéndez Pidal es nombrado director del Centro de Estudios Históricos (CEH), el CEH asume el proyecto de estudio de la situación actual del romance tradicional: los romances cantados y contados seguían muy vivos y era urgente saber qué se cantaba, dónde y qué variantes existían. Esta tarea renueva el interés por el folclore y la tradición.

Pocos años más tarde, en 1914 Ramón Menéndez Pidal diseña el proyecto del ALPI, un proyecto que no se pondrá en marcha hasta 1930 y que no terminará de realizar las últimas encuestas hasta 1954. Los resultados de tamaña empresa todavía están sin publicar (tan solo uno de los diez volúmenes previstos se publicó en 1961). También el trabajo de los encuestadores del ALPI reforzó el interés por lo tradicional-popular.

 

Al calor de estos proyectos hay estudiosos y entusiastas que se dedican a recoger cuentos populares de transmisión oral, así, aparecen algunas colecciones de cuentos que dan idea de la pervivencia de la tradición oral en España, pero que son recogidos con más voluntarismo que método: cuentos descontextualizados (en los que no conocemos ni siquiera el nombre de los informantes), o reescritos para, supuestamente, embellecerlos. 

Aun así se recogen importantes colecciones de cuentos, entre otras destacan las siguientes:

En Asturias *Aurelio del Llano* publica Cuentos asturianos recogidos de la tradición oral y *Constantino Cabal* publica Los cuentos tradicionales asturianos; José A. Sánchez Pérez publica Cien cuentos populares españoles, ed. Saeta, Madrid, 1942; en Extremadura *Marciano Curiel Merchán* publica el libro Cuentos extremeños, 1944; *Arcadio de Larrea Palacín* publica Cuentos gaditanos, CSIC, Madrid, 1959, y "Cuentos de Aragón" en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Tomo III, Madrid, 1947; Luis Cortés Vázquez publicó en 1952 los Cuentos populares de la Ribera del Duero, [y más adelante los Cuentos populares salmantinos, en dos vols. (1979) y Leyendas, cuentos y romances de Sanabria (1981)]; etc.

 

En Cataluña, Valencia y las Baleares, el trabajo de recopilación de rondallas tradicionales iniciado en el pasado siglo continúa con trabajos como los de Antoni Mª Alcover, Andreu Ferrer Ginart, Valeri Serra Boldú (que publica entre 1930 y 1933 ¡18 volúmenes! con el título de  Rondalles populars), Esteve Caseponce, Joan Amades, Enric Valor, etc.

En Galicia aparecen las primeras colecciones de cuentos folclóricos, entre ellas destacan las de Laureano Prieto, Contos vianeses (1958), Loís Carré Alvarellos, Contos populares de Galiza (1963-67) y los Contos populares da provincia de Lugo (1963), colección promovida por el Centro de Estudios Fingoy.

En el País Vasco también comienzan a publicarse colecciones de cuentos, destacan las de Resurrección Mª de Azkue, Euskalerriaren yakintza (1935-47) y José Miguel de Barandiarán y otros, El mundo de la mente popular vasca (creencias, cuentos y leyendas) (1960-66)

 

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Antes de que muchas de estas colecciones empiecen a ser recogidas, un profesor de la Universidad de Stanford, en USA, solicita a colegas de universidades españolas que le envíen cuentos populares españoles para poder compararlos con otros textos similares que han sido recogidos en Iberoamérica. La respuesta es sorprendente: no hay ninguna colección del tipo que solicita. De hecho, sumando los cuentos recogidos hasta la fecha en España (los que aparecen en la *Biblioteca de tradiciones populares*, los de los libros de *Fernán Caballero* y algún otro recogido por *Rodríguez Marín*) no suman más de cien. 

*Aurelio M. Espinosa, padre* (hay que diferenciarlo de su hijo, que también jugará un papel importante en la recolección de cuentos populares españoles) decide venir a España a recoger él mismo los cuentos que precisaba. Gracias a la ayuda de la American Folk-Lore Society, a la generosa aportación de Elsie Clews Parsons y al apoyo de Ramón Menéndez Pidal, A. M. Espinosa, padre, pudo venir a España a recoger cuentos sobre el terreno.

La intención de Aurelio M. Espinosa para que estos cuentos puedan servir para estudios comparativos de folclore le animan a utilizar *el "método histórico-geográfico" de la Escuela Finlandesa y a ordenarlos según el Catálogo tipológico de los cuentos folklóricos desarrollado por Aarne-Thompson*. Así lo afirma en el prólogo a la edición española (1947) Ángel González Palencia: "Es el sabio folklorista norteamericano partidario de la moderna escuela de folklore llamada finlandesa y alemana, y sigue, en general, los métodos folklóricos de Antti Aarne, Karl Krohn y Bolte-Polivka". 

 

Aurelio M. Espinosa, padre, vuelve a Estados Unidos para seguir con su estudio comparativo de los cuentos tradicionales. A pesar de que se vuelve con una excelente colección de cuentos bajo el brazo, sabe que la tarea no está terminada. Durante su estancia en España ha podido ver la pervivencia de la tradición oral y de los cuentos folclóricos en España. Hay que seguir recogiendo.

 

En 1930 *Aurelio M. Espinosa, hijo*, viene a España y se incorpora al proyecto del ALPI, que dirige Tomás Navarro Tomás. Mientras tanto, en Estados Unidos, su padre sigue trabajando con los cuentos que recogió. Prevé terminar (el estudio y la edición) en un plazo pequeño de tiempo y poder volver a seguir recogiendo cuentos a España: a estas alturas se han recogido en España unos 900 cuentos tradicionales en castellano (incluyendo los de *Fernán Caballero*, la *Biblioteca de Tradiciones Populares*, *Constantino Cabal*, *Aurelio del Llano* y *su propia colección*), todavía resulta un número bajo si se compara con las colecciones de cuentos recogidos en otros países de nuestro entorno. 

Pero el trabajo de catalogación, estudio y edición de su propia colección de cuentos se demora y, un proyecto que esperaba duraría unos pocos años, le ocupa algo más de veinte años. Así pues, en 1935, viendo que pasa el tiempo y no consigue terminar su trabajo comparativo para poder volver a España, Antonio M. Espinosa, padre, sugiere a Elsie Clews Parsons que tal vez su hijo, que lleva cinco años en España trabajando para el proyecto del ALPI, sería la persona ideal para proseguir con la recopilación de cuentos tradicionales.

Aurelio M. Espinosa, hijo, accede a continuar este viejo proyecto de su padre, y Elsie C. Parsons, accede también a sufragarlo. El 22 de marzo de 1936, con la libertad de movimiento que le permite el Ford del ALPI, comienza la recogida de cuentos, proyecto que se verá bruscamente interrumpido el 18 de julio de 1936, momento aciago de la historia reciente de España. En ese breve espacio de tiempo Aurelio M. Espinosa recogió unos 510 relatos (unos pocos se perdieron en el envío de los materiales), de los que se publicarán 487.

Desde octubre de 1936, momento en el que están los cuentos de nuevo en poder de *Aurelio M. Espinosa, hijo*, éste comienza el proceso de ordenación, transcripición, estudio y edición de los cuentos. En 1946 la editorial Espasa Calpe publica una selección de unos setenta cuentos. Pero hasta 1987 la colección completa no fue publicada; la aparición de este libro se debe, en gran parte, a la labor de mediación de *Julio Camarena Laucirica*, que en aquella época estaba trabajando en el CSIC con *Julio Caro Baroja*. Desafortunadamente tuvieron que pasar cincuenta años para que se publicara en España la colección más notable de cuentos folclóricos recogidos de la tradición oral. Todo un dislate y una rémora para el progreso de la disciplina. Mientras tanto, como hemos podido ver, algunas colecciones de cuentos estaban elaborándose, quizás puedan parecer muchas, pero si nos asomamos a la introducción que escribió *Arcadio de Larrea Palacín* a sus cuentos gaditanos (1959), podemos leer: "Entre las manifestaciones de la vida popular española, el cuento, a pesar del lugar destacado que ocupa entre el pueblo, no ha sido de las más afortunadas en despertar la curiosidad de los estudiosos. (...) Pocas son las colecciones editadas y, por lo común, aparecen menguadas y pobres."

 

Afortunadamente  en el último cuarto del S. XX empiezan a publicarse colecciones de cuentos que siguen los parámetros cientifistas de la *Escuela Finlandesa*. Pero esto podemos verlo con más detenimiento en el siguiente capítulo.

 

 

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Bibliografía: 

 

Aurelio M. Espinosa, padre, Cuentos populares españoles, CSIC, Madrid, 1947.

Aurelio M. Espinosa, hijo, Cuentos populares de Castilla, col. Austral, Espasa Calpe, México, 1946.

Aurelio M. Espinosa, hijo, Cuentos populares de Castilla y León, CSIC, Madrid, 1996.

José Manuel Pedrosa, La literatura tradicional en el mundo hispánico: estado de la cuestión y nuevos horizontes. [Artículo inédito, desde aquí agradecemos al autor su amabilidad al enviárnoslo]

José Manuel de Prada Samper, El pájaro que canta el bien y el mal. La vida y los cuentos tradicionales de Azcaria Prieto (1883-1970), Ed. Lengua de Trapo, Madrid, 2004. [Imprescindible para conocer los avatares de los dos Aurelio M. Espinosa, padre e hijo, en sus trabajos de recopilación, estudio y publicación de los cuentos que recogieron]

Arcadio de Larrea Palacín, Cuentos gaditanos, CSIC, Madrid, 1959.

Antonio Rodríguez Almodóvar, Los cuentos populares o la tentativa de un texto infinito, Universidad de Murcia, 1989. [Disponible en la web]

Ramón Menéndez Pidal, Flor nueva de romances viejos que recogió de la tradición antigua y moderna, Madrid, 1933.

Enciclopedia Universal DVD, Micronet S.A. 1999, véanse los artículos de José Manuel Pedrosa, así como la sucinta información y señalada bibliografía.

Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

 

A finales del S. XVII, exactamente en 1697, aparece el primer referente de la recopilación de cuentos tradicionales, el libro, escrito por Charles Perrault, se titulaba Cuentos de la Madre Oca. Historias o cuentos de tiempos pasados.

Más tarde, cuando la corriente del Romanticismo tomó el relevo de la Ilustración (y con ella a la primacía de la razón y al absolutismo), sucedió que "lo popular era considerado romántico, algo propio, el acervo cultural de cada pueblo, el referente que permitía distinguirse de los demás" (Historia portátil de la literatura infantil, p. 39). Es en este momento cuando aparece la idea de los Estados-Nación, y en Europa se promueve la búsqueda de la expresión del alma de las naciones, es el inicio de la valorización de la tradición, su recopilación y búsqueda: Jacob Ludwing (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm son su máximo exponente. En 1812 se publicó el primer volumen de Cuentos de niños y del hogar; en 1815, el segundo volumen; y en 1822, el tercero. Esta colección de cuentos fue el epicentro de una onda que se expandió por toda Europa y acabó por llegar a España.

 

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Nuestro país siempre fue rico en tradición oral: cuentos, retahílas, romances, leyendas, sortilegios, refranes... aparecen continuamente insertos en obras literarias, pero esta riqueza se vive con absoluta normalidad porque la tradición era algo cotidiano y estaba presente, siempre, en hogares y calles. Pero "los españoles, que con tanto esmero se cuidaron de recoger e imprimir romances viejos, no dedicaron igual atención a los cuentos orales que se relatarían en veladas y corrillos. Tampoco surge en las letras españolas colección de novelas cortas que evidentemente reflejarían abundante caudal de cuentos maravillosos. España no engendró ningún Perrault ni produjo ningún Straparola" (Cuentos folklóricos españoles del Siglo de Oro, p.9). 

De todas formas, antes de la fecha en la que comienza nuestro estudio (a partir de 1850), se publican algunas colecciones de cuentos y, sobre todo, hay presencia de los cuentos tradicionales en otras obras literarias [*puedes leer más información sobre este asunto aquí*].

 

El Romanticismo y su interés por la tradición popular llega a España. *Fernán Caballero, seudónimo de Cecilia Böhl de Faber*, fue su máxima exponente en España. Su colección de Cuentos de encantamiento es, acaso, la primera colección de cuentos tradicionales hecha en España con voluntad de ser exactamente eso: una colección de cuentos tradicionales, recogidos de viva voz. Fernán Caballero literaturiza los textos según era costumbre de la época, y no cita a los informantes, pero es un primer paso. Hay en esa época otros autores con libros fallidos, como el costumbrista Antonio de Trueba y sus Cuentos Populares (Madrid, 1862).

Destaca también en esta época la extraordinaria labor de Manuel Milá y Fontanals, quien dedicó sus esfuerzos a la recogida de romances en Cataluña pero que también recogió y publicó algunos cuentos en catalán.

Habrá que esperar todavía unos cuantos años para que el folclore, y con él los cuentos tradicionales, vuelvan a ser objeto de interés.

 

Tras las colecciones de cuentos llevadas a cabo por Fernán Caballero, hay que esperar unos cuantos años hasta la aparición de *Antonio Machado y Álvarez*: estudioso apasionado por la tradición y el folclore, hombre culto e inquieto, que conseguirá reunir a un grupo de valiosos amigos y colaboradores e inoculará en todos ellos la pasión por la tradición.

En 1872 publicó, junto con Federico de Castro, el libro Cuentos, leyendas y costumbres populares, preámbulo de la labor que realizará dirigiendo la *Biblioteca de tradiciones populares*.

A raíz del nacimiento en Londres de la primera Sociedad del folklore (1878), funda, en 1881 la Sociedad del Folklore Andaluz, modelo para la creación de otras sociedades del folklore en España (Cataluña, Galicia, Asturias, Extremadura, Castilla, etc.). Entre marzo de 1882 y febrero de 1883 publica una revista quincenal con el mismo nombre. En 1884 esta revista pasará a llamarse El Folclore Bético-Extremeño.  

Pero el reflejo más importante de su entusiasmo y pasión por la recopilación de la tradición es la creación y dirección de la *Biblioteca de Tradiciones Populares* (1883-1888), de la que se publicaron once tomos, y para la que contó con la ayuda de estudiosos, editores, escritores y folkloristas de la talla de Luis Montoto, Sergio Hernández de Soto, Alejandro Guichot, Francisco Rodríguez Marín y otros.

Mientras tanto, en Cataluña, Francesc Maspons i Labrós, defensor de la unidad universal de la literatura popular, publicaría entre 1871-74 su Lo rondallayre, y en 1885 sus Contes populars catalans.

El pastor anglicano Wendworth Webster publicó en 1879 las Basque legends. Por otro lado el francés (y vascólogo) Julien Vinson publicaría en 1883 Le folklore du Pays Basque, entre cuyos contenidos estaban incluidos los cuentos, de los que dice: "los cuentos que se han recogido entre ellos [los vascos] no han proporcionado hasta ahora ningún dato sobre su estado social primitivo y prehistórico; sólo se presentan como simples variaciones regionales de antiguas leyendas indo-europeas".

 

Con *Antonio Machado y Álvarez* en su etapa de director de la Biblioteca de las tradiciones populares aparecen las primeras cuestiones acerca del método de recopilación de cuentos (ver en su ficha el comentario al respecto).

Pero tanto empeño por recoger y mostrar la riqueza de nuestra tradición, tanto esfuerzo por su publicación y difusión, se trunca con la muerte del padre de los Machado. Su nutrido grupo de colaboradores es incapaz de continuar con la labor iniciada.

De cualquier manera la semilla ya está plantada y pronto comenzará a germinar y dar sus frutos.

 

 

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Bibliografía:

 

Ana Garralón, Historia portátil de la literatura infantil, Anaya, Madrid, 2001

Antonio Rodríguez Almodóvar, Los cuentos populares o la tentativa de un texto infinito, Universidad de Murcia, 1989. [Disponible en la web]

José Manuel Pedrosa, La literatura tradicional en el mundo hispánico: estado de la cuestión y nuevos horizontes. [Artículo inédito, desde aquí agradecemos al autor su amabilidad al enviárnoslo]

Maxime Chevalier, Cuentos folklóricos españoles del siglo de oro, ed. Crítica, Barcelona, 1983.

José  A. Sánchez Pérez, Cien cuentos populares, ed. Saeta, Madrid, 1942.

Enciclopedia Universal DVD, Micronet S.A. 1999, véanse los artículos de José Manuel Pedrosa, así como la sucinta información y señalada bibliografía.

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