El 21 de agosto, Alicia Ramos publicó en la web de TenTeatro esta entrevista que podéis leer a continuación y que está centrada básicamente en aspectos de mi infancia.
Puedes ver la entrevista directamente en la web aquí.
Puedes ver un álbum de fotos (en féisbuc) de mi infancia aquí.
Puedes verme (y leer un relato relacionado) en plena acción aquí.
TAMBIÉN FUERON NIÑOS: Pep Bruno Galán
Si te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria? Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame
Mi infancia es un país con muchos lugares: el pueblo de Selas (con sus calles, sus fuentes, su egido, sus rincones, sus pinares, sus montes...), las playas y la casa del avi en Vilanova i la Geltrú, los pinares de Luesia... al tener raíces en muchos lugares tengo también recuerdos dispersos por toda la geografía. Si cierro los ojos y pienso en mi infancia me puedo ver indistintamente en estos sitios (de Guadalajara, Barcelona y Zaragoza) con mi hermano y mis amigos corriendo, jugando, con la bicicleta, haciendo cabañas... en suma, siendo feliz.
Cuéntame un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.
Son muchos los momentos felices de mi infancia y en ellos siempre aparece mi familia o mis amigos, especialmente mi hermano. Algunos podrían ser el día que estrené mi bicicleta naranja, o el día que llegábamos a la playa... como verás los tengo siempre asociados al verano: el mejor tiempo para la infancia.
Un momento triste fue la muerte de mi tío Vicente, la recuerdo con pena todavía.
Había también otros momentos difíciles (como puedes ver aquí: http://www.pepbruno.com/index.php?option=com_content&view=article&id=339:las-cabras-y-yo&catid=4:general&Itemid=62).
¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento?
De niño no me contaban cuentos. Mi padre contaba historias de vida que escuchábamos embelesados, pero generalmente para irme a la cama siempre que podía me llevaba un buen libro.
¿Recuerdas que fue lo primero que leíste sólo: un libro de cuentos, un tebeo, un libro de aventuras ….? ¿Te acuerdas del título?
No, no lo recuerdo. Una lástima pero en casa había muchos libros y muchos tebeos y no sabría decirte. Lo que sí te puedo decir es que desde siempre he tenido gran afición a leer.
¿De qué libro guardas un buen recuerdo y porque?
Guardo un buen recuerdo del libro El zoo de Pitus, de Sebastiá Sorribas, un libro que leí en varias ocasiones y que he vuelto a releer ya de adulto y me sigue gustando. ¿Por qué? Quizás por la historia en la que una pandilla de niños es capaz de conseguir dinero para ayudar a un amigo con un empeño monumental: hacer un zoo en su barrio.
¿Qué era lo mejor del verano?
El tiempo. El tiempo que había por delante. El tiempo que se desplegaba larguísimo desde junio hasta septiembre. Un lujo de posibilidades. Una maravilla, un saco de minutos por estrenar llenos de juegos.
¿Te gustaba jugar solo o preferías las pandillas?
Tenía tiempo para jugar solo (aunque teniendo hermano a veces era difícil porque siempre acabábamos jugando juntos) y tenía tiempo para estar con la pandilla. Quizás según iba creciendo el grupo de amigos se volvía más importante para los juegos.
¿Recuerdas alguno de tus juegos favoritos con los amigos?
Me encantaba ir con las bicicletas y explorar por el monte o jugar en el egido, en Selas. También en Selas hacíamos barcos de pizarra y los echábamos al regato haciendo carreras (es un recuerdo que tengo muy vívido). En la playa hacíamos castillos de arena enormes, chapoteábamos, buceábamos... ¡pasábamos las horas jugando!
¿Cuál es el juguete del que guardas un especial recuerdo?
Sin duda la bicicleta, de hecho ya la he citado en un par de ocasiones.
¿Qué te gustaba coleccionar de niño?
Tenía una colección de sellos y una de monedas. La de monedas era mi favorita. Aunque a veces también me enganchaba con alguna colección de cromos.
De los amigos de la infancia, ¿conservas alguno?
A veces veo a alguno de ellos, pero ya no tenemos esa íntima complicidad.
¿De pequeño querías ser como...?
Sandokán, Supermán, Orzowei, Pippi Calzaslargas... ¡había muchos y muy extraordinarios a los que imitar!
¿Cuando eras pequeño que soñabas ser de mayor?
Pensaba en ser bombero o escritor. Parece que algo escritor voy siendo.
¿Se han cumplido los sueños de tu infancia?
En mi infancia no tenía anhelos para la edad adulta, me dedicaba a jugar y crecer. Los sueños de mi infancia se cumplieron en mi infancia, una infancia llena de juegos, libros y con una familia que me acompañó (y acompaña) con mucho amor.
Si pudieras volver a ser un niño ¿que tres cosas no dejarías de hacer?
Jugar, soñar con los ojos abiertos y leer.
Datos
Pep Bruno
nací el 18 de mayo de 1971
mis padres: Juan y Marián
mi hermano pequeño: Joan
casado y con dos hijos (de 12 y 9 años, actualmente)
profesión: narrador oral profesional, escritor, editor.
hobbies: me gusta leer, es mi gran pasión. También escribo mucho. Y además de esto, siempre que puedo, nado, veo cine, juego al ajedrez y, de vez en cuando, vuelo la cometa.
[En la web de TenTeatro la entrevista tiene una introducción bastante completa con datos sobre mí]
Entrevista realizada por Vicky Jiménez para el Diario de Yebes que fue publicada el 12 de julio de 2011. Puedes ver la entrevista en el enlace directo.
Pep Bruno, maestro de la imaginación
Si hay alguien capaz de hacer que un auditorio de niños pequeños no se mueva y viva una historia única es Pep Bruno contando una de sus historias. El mago de la palabra es capaz de que el cuento más sencillo se convierta en el más espectacular, tan sólo a través de su voz.
Pep Bruno es una de esas personas a las que merece la pena no perder de vista. Siempre inmerso en proyectos relacionados con la cultura y, en especial, con la lectura y los cuentos, este cuentacuentos nos vuelve a llevar a mundos de fantasía con cualquiera de los libros que publica.
Nacido en Barcelona pero residente en Guadalajara, este catalán es Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura comparada, en Filología Hispánica y Diplomado en Trabajo Social. Sólo esto ya le hace una persona única e interesante pero, si por algo conquista, es por ser uno de los mejores narradores orales nacionales.
Entre sus obras destacan los cuentos, tanto para el público adulto como para los más pequeños, y es imposible no sucumbir ante ellos. Desde el Diario de Yebes hemos tenido la suerte de poder hacerle unas preguntas y esto es lo que nos ha contado.
¿Qué le hace a alguien dedicarse a contar historias?
En ningún momento yo me había planteado que acabaría teniendo esta profesión, pero la suma de pequeñas cosas hizo que mis pasos llegaran hasta donde estoy ahora. Pequeñas cosas como ser un lector recalcitrante desde bien pequeño; probar suerte escribiendo cuentos; aparecer un día en una actividad que inauguraba la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara y que se llamaba viernes de los cuentos, donde quien quería contaba y quien quería escuchaba; quedar enganchado a los cuentos y entrar a formar parte del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara; y de pronto que un día me llamara Eva, de la Biblioteca Municipal de Azuqueca para ir a contar y pagarme por ello... Así, más o menos, comenzó todo. Y siguió el camino, con más o menos vericuetos, hasta hoy.
¿Cual es el peor defecto de un cuento? ¿y de un cuentista?
Esto de los defectos es algo relativo, al menos en el territorio de los cuentos. Personalmente no me gustan los cuentos que no tienen fondo y se tienen que sustentar con fuegos de artificio: pura palabra huera. Aunque tampoco quiero generalizar, hay narradores maestros en el color de las palabras y da gusto escucharlos. Pero insisto, personalmente, no elijo ese tipo de cuentos para contar.
En cuanto a los cuentistas, y de nuevo desde mi punto de vista, creo que es un defecto tratar de ganarse al público no con buenos cuentos sino con gracietas zafias y vacías, o apelando a su colegueo. El narrador está ahí para contar, para desplegar la palabra, ganarse con ella al público y hacerlo partícipe del acto narrativo que está sucediendo en ese instante. En eso se nota el trabajo previo del cuentista: a nosotros no nos pagan por contar, sino por las horas y horas que pasamos leyendo y preparando nuevos buenos textos para contar.
La imaginación es uno de tus puntos fuertes, ¿dónde están las musas?
En mi caso, el tráfago del día a día es fuente inagotable de inspiración para los nuevos cuentos. En ese día a día cabe todo: desde el tiempo que paso con los míos a los viajes que hago por trabajo, la gente que conozco, las cosas que me pasan.
También hay otro territorio muy fértil para la creación: el silencio y el tiempo de parada. Me refiero a ese tiempo de pereza en la cama antes de levantarme, o a estar sentado bajo una encina mirando al horizonte sin nada más que hacer, o a mirar demoradamente las olas llegando y llegando... el aburrimiento es siempre un excelente punto de partida para el juego y la creación.
¿Qué lectura recomendarías a un principiante?
¿Te refieres a un primer lector? En ese caso para los primeros lectores os recomiendo autores clásicos como Arnold Lobel, Leo Lionni, Eric Carle, Helme Heinne, Maurice Sendak, Antonio Rubio, etc.
¿O quizás te refieres a alguien que esté empezando a contar? En ese caso hay un libro maravilloso, imprescindible, que se titula Contar con los cuentos, está escrito por la narradora alcarreña Estrella Ortiz, y publicado por Palabras del Candil.
Los libros son tesoros... ¿qué opinas de la falta de hábito actualmente?
Para mí, leer es una experiencia muy profunda, muy satisfactoria, muy rica. Pienso que no leer nos aleja de algo muy íntimo, algo adonde se llega por caminos de palabras. Hay mucha fiesta muy somera hoy en día (mucho sms, mucho twitter -¡¡140 caracteres sólo!!-, mucha banalidad), y poca palabra honda en nuestros días, y eso me entristece. Me encantaría ser capaz de transmitir a mis hijos y a la gente que quiero ese placer íntimo que da un buen libro, esa emoción indeleble.
¿Cuáles son los ingredientes esenciales de una buena historia?
Ufff, qué difícil para tan poco espacio. Mira pienso que, básicamente, una buena historia es aquella que cuando has terminado de leerla, de escucharla, sientes que algo ha cambiado (en ti, en tu percepción del mundo), que eres diferente. Una buena historia te alimenta y se queda siempre contigo. Incluso podría decir que te hace mejor.
Pero claro, hay muchas otras cuestiones alrededor del concepto “buena historia”...
En la última edición del Maratón de los Cuentos de Guadalajara te emocionaste... ¿qué se te pasa por la cabeza cuando ves la cara de la gente inmersa en tus historias?
Bueno, fue muy especial el Maratón de este año, celebraba su vigésima edición, y mi trayectoria como narrador profesional ha ido muy pegada al Maratón. Además conté en un sitio excepcional, la Cripta de los Mendoza, y el público me pidió que contara “los cuentos de mi vida”, desde el último cuento que preparé hasta el primero de todos los que conté en público (¡hace 18 años!) pasando por los que más tiempo han perdurado en mi garganta. Fue una sesión muy emocionante.
Cuando estoy contando no se me pasa nada por la cabeza con respecto al público (salvo que sea un público que hace “ruido”, es decir, que distorsiona el natural fluir del cuento). Cuando cuento es como si en ese momento yo fuera cuento, sueño y palabra. De alguna manera el público hace que el cuento salga de esa forma concreta, lo siento dentro (al público), y siento que el cuento sale reforzado y sorprendente. Es una cosa muy extraña y muy excitante. Muy intensa. Cuando termino de contar suelo estar absolutamente agotado.
¿Cual es tu mejor público?
El que viene con hambre de historias.
¿Cual es tu próximo reto?
Tengo varios asuntos entre manos. Para empezar, una Historia de la Profesionalización de la Narración Oral, un proyecto que comencé en octubre del pasado año y que espero tener terminado en julio, más o menos. Será de libre acceso en mi web y tendrá un montón de información.
Para continuar, varios libros que queremos publicar en Palabras del Candil y que tenemos a medias de corregir y limpiar, esa tarea es también para este mes.
Además, mucha lectura y nuevos cuentos que ya me andan rondando por el corazón, la cabeza, la lengua y la yema de los dedos.
Muchas tareas, no voy a aburrirme en estas semanas que vienen.
Entrevista realizada en abril de 2011 para la revista MOSAICO, del IES Ana María Matute, de Cabanillas del Campo, Guadalajara.
[Debajo, la entrevista tal como aparece en la revista.]

¿Cómo se puede vivir “de cuento”?
Entrevista a Pep Bruno, narrador oral y escritor
Hola, me llamo María y vengo en representación de los alumnos del IES Ana María Matute, para realizarle una entrevista para la revista del centro. Nos interesa su trabajo ya que es un tanto peculiar, y queremos hacerle muchas preguntas.
Hola María. Sí, la verdad es que el mío es un oficio poco usual, pero es un oficio tradicional, quizás el más antiguo de todos los oficios. Sobre el nombre que más me gusta es el de cuentista, porque es una palabra con mucha historia en nuestra lengua aunque esté algo connotada. Me gusta, desde luego, mucho más que cuentacuentos, que es un calco semántico del inglés y que cada vez más tiene un sentido despectivo.
Mi oficio es, sencillamente, contar cuentos. Me pongo delante del público y me pongo a contar. Lo normal es que una sesión de cuentos dure unos 55 minutos, aunque en alguna ocasión he estado contando hasta dos horas y media. Eso es lo que se ve.
Lo que realmente es mi oficio son muchas horas cada día (todos los días, todos los meses, todo el tiempo) leyendo en busca de nuevos cuentos, escribiendo y preparando textos nuevos para contar. Ese es el trabajo “de cocina” que no se ve y que es, a veces, muy complicado. Es muy difícil dar con una buena historia para contar y dejarla bien pulida.
La verdad es que nunca había pensado que este sería mi oficio. La cosa fue sucediendo poco a poco, como sin querer (tiene una buena historia, la podéis encontrar aquí). Lo que sí tenía claro desde niño es que tenía cosas que contar (siempre dije que quería ser escritor), pero no sospeché que sería de esta manera.
Hasta que la cosa estuvo más o menos clara, y durante muchos años, estuve formándome: tengo tres carreras universitarias terminadas y una que empecé y no terminé, y todo esto mientras trabajaba (desde los quince años).
Sobre lo de darme a conocer... no he hecho nunca publicidad. La mejor publicidad ha sido haber hecho un buen trabajo, eso significaba que al siguiente año volvían a llamarte y que, además, te recomendaban a otras bibliotecas, teatros, cafés, colegios... el boca a boca es una excelente publicidad, pero claro, sólo funciona si tu trabajo funciona.
Es posible vivir de ello, yo lo hago. Pero somos muy pocos en España, calculo que dependiendo de la época entre 50 o 100 personas (estamos dentro de la media europea de 2 cuentistas por millón de habitantes). Vivir de un oficio es también algo relativo: depende de cuánto necesitas para vivir. Yo no necesito mucho y, además, mi sueldo no es el único que entra en mi casa (eso es importante).
También es difícil decirte cuánto gano, porque hay meses como enero o febrero en los que gané 300 euros cada mes y meses como marzo en el que gané 3000, eso depende de la época del año: hay meses con mucho trabajo y meses con menos (más o menos: medio año de mucho trabajo y medio año de muy poco trabajo).
Pero eso no es importante, porque cuando viajo menos (y gano menos) paso más tiempo en casa y me dedico a preparar nuevos cuentos (así pues, estoy trabajando), y necesito esos momentos de parón para poder alimentar mi garganta de nuevos cuentos.
No entiendo muy bien eso de “certámenes”. Hay muchos festivales de narración oral (es algo chocante lo de literatura oral: literatura viene de letra -escrita- y oral es... oral) en España, creo que de todos los grandes festivales me faltan uno o dos a los que asistir como participante, pero claro, yo no me presento ni me postulo ni envío publicidad, yo espero a que llegue a sus oídos la noticia de mi trabajo y consideren invitarme a participar en el festival.
Sobre lo de los certámenes, hay una especie de certamen para narradores orales que dura todo un verano en un pueblo castellano-leonés pero suena más a tener cuentos casi gratis todo el verano que a un certamen serio en el que se elige a un cuentista como ganador.
Empecé a contar profesionalmente (es decir, cobrando por ello) en 1994, así pues llevo 17 años contando como profesional. Empecé contando por aquí cerca (mi primera biblioteca fue Azuqueca de Henares), luego por Albacete, más tarde por el resto de Castilla La Mancha y, con el paso de los años, empecé a contar por otras comunidades. Creo que sólo hay dos comunidades de España en las que no he contado: Baleares y la Ciudad Autónoma de Melilla.
También, desde hace unos cuantos años, salgo afuera a contar: he ido en varias ocasiones a México y a Portugal, también he estado contando en Perú, Panamá, Costa Rica, Bolivia, Paraguay, Chile, Guinea Ecuatorial y Francia. En marzo estuve contando en Bélgica (un festival increíble, Alden Bielsen) y este abril contaré en Túnez.
Yo cuento para todo tipo de público. Empecé contando en institutos, para jóvenes, luego amplié el repertorio para contar a adultos y, finalmente, después de unos años de mucho leer y formarme, empecé a contar para niños. Cuando uno vive de esto tiene que tener un repertorio amplio para todo tipo de público.
Supongo que cuando hablas de los chavales te refieres a los jóvenes como vosotras. Os interesan el mismo tipo de cuentos que a mí cuando tenía vuestra edad y que a los jóvenes de hace treinta años... no hemos cambiado tanto: los centros de interés son los mismos. Fundamentalmente cuentos de humor, cuentos de miedo y cuentos picantes. En las sesiones con jóvenes yo cuento cuentos que aparecen en libros de los siglos XIII, XIV... lo dicho, no hemos cambiado tanto.
La verdad es que ese proceso es bastante complejo. Cuando yo empezaba con esto de contar cuentos tardaba mucho en “oralizar” (así es como lo llamamos) un cuento, la clave es pasar un texto que habitualmente habita en territorios de escritura a la tierra oral: las estrategias y recursos que se utilizan oralmente son diferentes a los que se utilizan cuando se escribe. Si no haces bien este trabajo cuando cuentas el cuento suena artificioso, lleno de aristas y ángulos. Suena falso.
Como te decía, al principio tardaba mucho en oralizar los textos. Pero con el paso de los años he ido adquiriendo habilidad y ahora me resulta muy sencillo.
El proceso consiste en, más o menos (es algo más complicado), descubrir y aprender los puntos imprescindibles del cuento, fijando la estructura interna del mismo (en tu memoria), para que la palabra pueda ir deslizándose libre siempre alrededor de ese mapa y sin pasar por alto esos puntos (que son la base del cuento). Lo que yo memorizo es la estructura interna, no el ropaje de palabras, las palabras con las que cuento el cuento siempre son distintas y varían en función de muchos elementos, por ejemplo, el público que escucha.
Por eso un cuento es diferente cada vez que se cuenta, y eso es una gran diferencia con respecto a los monólogos, que como guiones teatrales que son, son siempre iguales y no contemplan el humor contextual ni la libertad de palabra. Una sesión de cuentos de humor es más divertida que un monólogo, y más cercana, porque el cuento se apoya completamente en el público, el monólogo sólo lo necesita para reafirmarse.
Me gustaría pensar que a mejor. Sigo teniendo algo de aquel narrador ingenuo que era hace 17 años, pero he mejorado algunos recursos que ya apuntaba entonces: conozco mucho mejor los cuentos y el momento en el que se cuentan; he desarrollado mi intuición con el público y los cuentos que creo que le interesarán; sigo teniendo una buena agilidad para la improvisación y el humor contextual; me siento muy cómodo en el pequeño, íntimo, espacio de libertad en el que suceden los cuentos y, sobre todo, me siento muy seguro del poder de los cuentos y de la fuerza de la palabra. Creo que todo esto se refleja en mi trabajo diario. Soy un narrador con tablas que sigue soñando.
Ufff, difícil, muy difícil. Hay algunas historias que me acompañan desde hace muchos años, son viejas historias que a veces asoman y aparecen en una sesión tras muchos años sin ser contadas. Hay una que sí me resulta muy especial: La ola y la ráfaga, la primera historia que conté en público y que ha tenido, sin duda, gran parte de culpa de que yo esté dedicándome a este oficio.
No, claro. Me gusta también mucho escuchar. Y estar en silencio. Pero cuando estoy trabajando sí, sí tengo siempre algo que contar. Al menos hasta el día de hoy.
Hay algún proyecto que no termina de cuajar, quizás porque todavía no es el momento. Pero me gustaría contar algo potente y muy largo, a ser posible, clásico. Acaricio la idea de contar Tristán e Iseo, por ejemplo, o La Odisea. Sería maravilloso, pero necesito mucho tiempo para preparar algo así, y mucha concentración. Seguro que más adelante acabaré por hacerlo.
Otra cosa que me tienta mucho sería contar la guerra civil española, de hecho empecé a investigar y a preparar materiales... pero otra vez la falta de tiempo me hizo parar.
Ahora, cuéntanos sobre ti:
Es difícil eso de hablar de “los jóvenes”, como si fuerais todos iguales. Creo que vuestra generación está viviendo una revolución salvaje con internet y las redes sociales y los chat... pero también creo que no debéis dejar de preservar espacios para vivir (la vida real), la de mirarse a los ojos, charlar, reír, compartir, anhelar... y sobre todo creo que no debéis dejar de mirar más allá del momento, hay objetivos que sólo se consiguen a largo plazo y precisan de trabajo, empeño, tesón, esfuerzo, estudio...
Yo leo porque me da placer, me alimenta, me ilumina, me emociona, me entretiene, me hace soñar... leer para mí es una experiencia vital muy profunda. Me gusta la hondura de la lectura, la encuentro mucho más sabrosa que tantos destellos hueros y tanta letra vana y superficial que, cada día más, encuentro a mi alrededor (en internet, en televisión...).
Todos los cuentos llevan su carga de profundidad, todos dicen algo. Pero ya no llevan moraleja. La moraleja consistía en sacar fuera del cuento lo que el cuento quería decir por si no lo habías entendido, como si quien lo leía o lo escuchaba fuera tonto. Si yo contara un cuento a un joven de 14-15 años no le diría ninguna moraleja, preferiría dejar que el cuento hiciera su trabajo y que el muchacho sacara sus propias conclusiones.
Un saludo
Pep Bruno


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