art–NarracionOral

Texto publicado originalmente en la web de AEDA, exactamente aquí.

El presente artículo es, sencillamente, una excusa para compartir con vosotros y vosotras algunas cuestiones relativas a los hábitos saludables que he ido asumiendo a lo largo de estos años y que me han resultado de utilidad en el devenir de los días de este oficio nuestro. Seguramente me he dejado unos cuantos: os invito a que los incorporéis en los comentarios al artículo.

 

Del tiempo en casa

Actividad física. Son muchas las horas que pasamos leyendo libros, escribiendo o consultando delante del ordenador. A veces estas tareas son especialmente absorbentes, por ejemplo cuando estás preparando un nuevo espectáculo de cuentos, o en esas temporadas en las que no paras de enviar presupuestos o proyectos que te han pedido, o cuando tienes que actualizar la web o el blog y revisar redes sociales. Hay días que, si te descuidas, podrías pasarlos sentado, apenas sin moverte, leyendo o escribiendo. Y lo que es peor, a veces encadenas días de ese tipo, uno tras otro, hasta sumar muchos. 

Es por eso que para evitar un sedentarismo que resulta verdaderamente incómodo (cuando te levantas estás molido y sin fuerzas para nada) me obligo a realizar prácticamente todos los días algo de actividad física. En mi caso al menos dos días en semana suelo ir a nadar y el resto, a pasear (un mínimo de una hora). 

Artículo escrito para la web de AEDA y publicado el 8 de marzo de 2014. Puedes verlo aquí.

 

Hoy, ocho de marzo, parece un buen día para recordar la íntima, vital relación de los cuentos y la mujeres. Más allá de las figuras femeninas emblemáticas que aparecen en miles de historias contadas (con Sherezade a la cabeza), este breve artículo pretende hacer un recorrido por algunas habitaciones y calles, plazas y patios en los que sherezades de carne y hueso alimentaban la llama de la palabra dicha. Porque las mujeres son protagonistas de la pervivencia y la revitalización de esta arte, de este oficio de contar cuentos.

mujer contando 1001 noches en 1910
Mujer contando en 1910 al estilo de Las 1001 noches. Foto tomada de aquí.

 

Memoria viva

Que las mujeres contaban cuentos es algo sabido, había muchos momentos propicios a lo largo del día para dejar que la palabra fuera dicha: ya fuese acompañando tareas, ya fuese alimentando conversaciones, ya fuese en espacios donde habitualmente se contaba... era tan común que las mujeres contaran que, como afirma Julio Caro Baroja en Lo que sabemos del folklore, se acabó acuñando la expresión "cuentos de viejas". Las mujeres eran memoria viva de la tradición oral. Por eso no ha de extrañarnos que quienes se preocuparan por recopilar cuentos tradicionales acudieran a ellas. Charles Perrault bajaba hasta las cocinas del palacio real para escuchar a las cocineras contando cuentos a las aprendizas. Los hermanos Grimm citan admirados a algunas de sus mejores informantes: Katherina Viechmännin les contó veintiún cuentos; Dortchen Wild, quince, y sus cinco hermanas y su aya otro buen puñado de ellos. También en España tenemos casos con nombres y apellidos de grandes informantes de colecciones históricas, sin duda el más significativo es el de Azcaria Prieto (1883-1970) que contó un total de venticuatro relatos a lo largo de dos días a Aurelio M. Espinosa hijo quien, en 1936, recogió acaso la más importante colección de cuentos tradicionales de Castilla*.

 Peig Sayers
Peig Sayers. Foto tomada de aquí.

De todos los casos de informantes que conocemos sin duda uno de los más relevantes es el de la irlandesa Peig Sayers (1873-1958) que vivió cincuenta años en la isla Gran Blasket. Peig contaba cuentos tradicionales en una lengua muy minoritaria en aquellos años, el gaélico, y fue ese el motivo por el que la Comisión del Folclore Irlandés se interesó por ella y por sus textos y decidió transcribir su repertorio. Peig Sayers contó más de trescientos cincuenta cuentos, relatos, leyendas... y más, muchos más textos de la tradición, hasta completar un total de seis mil páginas. Su prodigiosa memoria sirvió de puntal para la preservación de una lengua que por aquel entonces contaba con muy pocos hablantes y supuso un empuje para la revitalización de la misma.

 

Palabra viva

Pero las mujeres no se han limitado a contar en la intimidad de las casas, ellas son y han sido protagonistas indiscutibles de la revitalización de la palabra dicha. En España tenemos unos cuantos ejemplos que pueden dar fe de esto que afirmamos. La primera persona que se preocupó por recopilar cuentos de la tradición oral en nuestro país fue Cecilia Böhl de Faber (1796-1877), alias Fernán Caballero. La primera persona que habló de las posibilidades de la narración oral como un oficio, como "una profesión deliciosamente femenina" fue Elena Fortún (1886-1952); ella impartió cursos a bibliotecarias de Madrid en la década de los treinta del pasado siglo para aprender a contar cuentos; y también fue ella quien en 1941 escribió el primer manual en España del que tenemos constancia sobre cómo contar cuentos, el Pues Señor... cómo debe contarse el cuento y cuentos para ser contados. Unos años después, en 1964, Montserrat del Amo (1927) publica un nuevo libro de teoría sobre cómo contar: La hora del cuento, y sigue contando cuentos por bibliotecas y escuelas.

Ellas fueron pioneras e impulsoras de este oficio nuestro que se sustenta en decenas de nombres de mujeres: Ana Pelegrín, Blanca Calvo, Estrella Ortiz, Marina Sanfilippo, Marina Navarro, Roser Ros, Virginia Imaz, Teresa Durán, Nati de GradoClaudia de Santos, Eva Ortiz, Mercé Escardó... y cientos de bibliotecarias, maestras, narradoras que hacen, día a día, que este oficio sea posible.

Y esto no es el caso aislado de este país, en muchos otros lugares las mujeres son y han sido protagonistas indiscutibles de la revitalización de la narración oral, y como muestra aquí va un botón.

 Diane Wolkstein
Diane Wolkstein. Foto e información tomadas de aquí.

Diane Wolkstein (1942-2013) fue escritora, folclorista y, sobre todo, narradora. Entre 1967-1971 estuvo contratada como narradora oficial de la ciudad de Nueva York, y en esos cinco años puso en escena cientos de eventos de narración oral, con una media de diez espectáculos a la semana en diversos parques de la ciudad (su nómina provenía de la Comisión de Parques). Su trabajo provocó un renacimiento de la narración y despertó de nuevo el interés por esta vieja arte a lo largo y ancho de Estados Unidos. Cuando en 1971 la ciudad consideró que no podía pagar a una narradora de manera continuada, Diane Wolkstein ya había ayudado al nacimiento de asociaciones cuentistas locales, revitalizando la tradición de contar y desarrollando suficientes talleres de narracion como para que la llama de la palabra dicha no se extinguiera. Posteriormente colaboró en la creación del Centro de Narración de la Ciudad de Nueva York.

Durante sus años infatigables en pro de la narración oral instauró y consolidó la tradición de los cuentos contados todos los sábados por la mañana al pie de la estatua de Hans Christian Andersen de Central Park, hasta el punto de que la asistencia a ese evento cotidiano se ha convertido en una suerte de rito de paso para los niños y niñas de la ciudad. [Aquí puedes leer una entrevista que le hacen].

 

Las mujeres, memoria y palabra viva, tierra fértil para los cuentos, madera para la llama de la palabra dicha. Las mujeres hoy y siempre empeñadas en la pervivencia de esta arte, de este tesoro, de este oficio. Gracias. Mil y una gracias.

 

*La historia de Azcaria Prieto se recoge en un libro delicioso de José Manuel de prada Samper: El pájaro que canta el bien y el mal, en Lengua de Trapo.

Artículo publicado en el primer número de la segunda época de la revista Tantágora (en formato digital y abierto) que se publicó el 1 de febrero de 2014. Puedes acceder al artículo en la web de Tantágora directamente aquí, y a toda la revista, aquí.

 

PANORAMA DE LOS FESTIVALES DE NARRACIÓN ORAL EN ESPAÑA

 

Cuando en julio de 2011 terminé el estudio en el que trataba de dar una visión diacrónica y una conclusión sincrónica del panorama de la narración oral en España y de su profesionalización, comencé a elaborar fichas que complementaran la información del estudio y aportaran, de esta manera modular y algo más orgánica, el mayor número posible de contenidos relevantes y actualizados. Entre estas fichas abrí una que intentaba dar un listado lo más fidedigno posible de los diversos festivales que se realizaban a lo largo del año en España, enlazando cada evento con su respectiva web, o al menos intentándolo, porque cuál no fue mi sorpresa cuando comprobé, no sin desaliento, que muchos de los grandes festivales de narración oral en España no cuentan ni con un pequeño blog para dar a conocer y difundir sus actividades. Pero esa es cuestión para otro artículo.

Para la elaboración de este listado conté con la ayuda de los amigos y amigas de AEDA y de la lista de cuentistas, todos ellos me aportaron valiosas pistas y datos que hicieron que esa ficha estuviera, realmente, completada.

Desde aquel momento hasta hoy trato de ir actualizando y ampliando la información de aquel estudio, y una de las fichas que más dificultades da a la hora de este proceso de remozado es la de festivales. Voy a tratar de explicar el por qué de esta cuestión.

Prácticamente hasta 2010 la crisis no alcanzó a nuestro oficio, de hecho hasta primeros de 2011 no hay apenas constancia de que el colectivo de narradores y narradoras se movilizara para protestar por la situación en la que estaba quedando el oficio (ver aquí). Los recortes y las políticas contra la cultura empezaron a afectarnos de manera muy directa: brutal disminución de la contratación, tremenda bajada de los cachés (hasta precios de hacía veinte años en muchos casos) e insólita subida de los impuestos (que sumaban más del doble que el año anterior y el triple que hacía sólo diez años). La crisis afectó también a quienes nos contrataban, especialmente en lo referente a programaciones estables de entidades públicas (como escuelas o bibliotecas) que eran, son, el grueso de nuestros contratadores, pero no solo, pues los grandes eventos y ciclos de narración oral han visto muy mermados sus recursos.

Desde 2010 hasta hoy han desaparecido algunos festivales de gran relevancia (Festival de la Oralidad “Huesca es un cuento”; Festival “Un Madrid de Cuento”; Festival de Cuentos de Gijón; La Ruta de los Cuentos Blancos en Cádiz; Extremocuento en Hoyos; etc.), han ido naciendo otros (Festival de Cuentos de Ávila; Palabras al Viento de Lanzarote; Festival de Cuentos Eróticos de Zamora; Festival Atlántica de Santiago de Compostela; Kontuz Kontari! en Errentería; Munduko Kontu Kontalariak en Elorrio; FragaTCuenta...), y prácticamente todos los festivales de larga trayectoria que continúan celebrándose han modificado formatos para adaptarse a estos tiempos de crisis.

Todo esto está transformando de manera rápida y relevante el panorama de los grandes eventos de narración oral en España (me ciño a los festivales, dejo a un lado los maratones de cuentos y hablo más adelante de los ciclos de narración), y hay algunos aspectos comunes en todo esto que está sucediendo.

La gran dependencia de lo público (las ayudas y subvenciones que han sostenido gran parte de los costes de estos festivales) y el poco apoyo privado, sumado con que en muchos casos eran eventos gratuitos para el público, ha resultado fatal para el mantenimiento de algunos de estos festivales. 

En este sentido, además de reivindicar, insistir, demandar que siga habiendo un apoyo expreso de lo público a la cultura (ayudas, programas, bajada de impuestos, etc.), haría falta una ley de mezenazgo que incentivara el apoyo privado a estos espectáculos culturales que, por otro lado, debido a la peculiaridad de nuestro oficio (versatilidad y necesidad de muy pocos recursos) resultan bastante baratos dentro del panorama de las artes escénicas. 

Y por último fomentar que el público asuma parte del coste con el pago de entrada

De hecho muchos de los festivales de narración oral que perviven han ido haciendo cambios en este sentido (entradas, apoyo público y privado). Pero también han ido modificando sus formatos: recortando en número de narradores contratados, rebajando el número de sesiones, disminuyendo la duración del festival, afinando en los gastos de todo el evento y, en muchos casos, ajustando los cachés de los profesionales

Una de las propuestas más interesantes para la resistencia en estos tiempos aciagos es la de las extensiones: agrupar esfuerzos y recursos para compartir los gastos que implica traer a cuentistas de otros lugares, sumando sesiones que, aunque tienen unos cachés muy ajustados, al ser varias, resulta rentable. Ya los primeros festivales que se celebraron en España (el FIO de Elche y “Cuenta con Agüimes”) utilizaron este recurso para abaratar costes; utilizaron y utilizan.

En cuanto a los festivales que han nacido en estos tiempos procelosos hay una constante que merece la pena señalar: en la organización de casi todos ellos nos encontramos con narradores que se empeñan en poner en marcha estos proyectos, narradores que pasan a ser organizadores, gestores, programadores... hablamos de cuentistas como Carles García Domingo, Sole Felloza, Héctor Urién, Maísa Marbán, Cristina Temprano, Chati Calvo, etc., todos ellos empeñados en habilitar espacios para que la palabra dicha siga habitando estas tierras.

Sin embargo, y retomando una cuestión citada al principio de este artículo, sucede que con todos estos cambios, adaptaciones, nuevos enfoques... parece que se va diluyendo la idea que antes estaba tan clara sobre lo que era un festival de narración oral. Es decir, cuando en 2011 yo pedía información a otros colegas para completar la ficha de festivales en el estudio de la profesionalización de la narración oral en España, no había dudas sobre lo que un festival era, y es que, por aquel entonces, cuando uno pensaba en un festival (de narración, de música, de teatro...) entendía que se trataba de un evento que contaba con recursos propios y una organización de varias personas, que tenía al menos un escenario central, que cuidaba la calidad de los otros espacios periféricos, que contrataba a profesionales contrastados y que solía tener una duración de entre tres y diez días.

Actualmente la cosa no parece estar tan clara. Aquí van, para ilustrar esta cuestión, unos ejemplos.

En estos últimos años han surgido varios ciclos de narración oral que tratan de condurar los recursos que se pondrían a disposición de un festival estirando su presencia en el tiempo: por ejemplo, en vez de ocho sesiones de cuentos en tres días se realizan, estas mismas ocho sesiones, a lo largo de cuatro semanas y, de esta manera, se da más visibilidad al evento y no se quema toda la pólvora en pocos días. Como ejemplo paradigmático de esto que cuento valga la aparición de CuentaCuarenta (puesta en marcha por Patricia Picazo), este año en su tercera edición, y Domingos de Cuento (que surge a rebufo de CuentaCuarenta).

En este sentido hay festivales al uso que han decidido modificar su formato inicial (diez días continuados de actividades alrededor de la palabra dicha) y hacer algo más parecido a un ciclo o a una programación estable: FragaTCuenta es un buen ejemplo. En 2013 concentró sus actividades en diez días y, para la edición de 2014, con menos presupuesto, ha estirado la programación hasta cinco semanas repartidas a lo largo de cuatro meses. En 2015 FragaTCuenta queda convertido en un ciclo más al uso: dos días de cuentos cada semana durante cuatro semanas seguidas.

El caso más extraordinario de festivales que alargan sus programación lo encontramos en el formato actual del FIO, el Festival Internacional de la Oralidad, cuya sede está en Elche. El FIO ha decidido compaginar dos formatos distintos, uno permanente (que es más bien una programación estable de cuentos a lo largo de los meses) y otro más al uso, como fiesta de la palabra en un corto espacio de tiempo, que se celebra en marzo.

Visto todo esto aquí tenemos una cuestión de interés que ha cambiado con respecto a los festivales tal cual los conocíamos hace unos años: la extensión. Es por eso que a la hora de actualizar la ficha de festivales decidí incluir también los ciclos de narración.

Y, en el sentido contrario, también encontramos festivales que han acortado su duración hasta apenas dos días para recortar, de esta manera, los costes. Valga como ejemplo el Festival Internacional “Conta con Narón”.

Otro aspecto particular es la aparición de festivales que no cuentan con un escenario al que podríamos denominar central (en el que contarían en algún momento del festival cada uno de los artistas invitados) y que distribuyen los espectáculos por diversos espacios, incluso la calle (como ocurre en “Un barrio de cuento”, en Zaragoza) o por diversas ciudades y momentos como el festival itinerante “Anda que anda” (que todavía no he incluido en mi ficha, pues suelen entrar a partir de la segunda edición).

Muy interesante es la propuesta del EVA Festival (En Veu Alta) puesto en marcha por la narradora Jordina Biosca. El evento se presenta como un festival que, de manera similar, puede repetirse en diversos municipios y diferentes fechas del año, con variantes propias en cada edición. Por lo tanto el festival y su organización funcionaría como una marca (que garantiza su puesta en marcha y una calidad contrastada) cuyos costes serían asumidos por las entidades que decidieran celebrarlo.

Por último quería comentar el caso particularísimo del CONTesCOLTES, la única muestra de narración oral que se celebra en España. Este evento está presentado como una feria de muestras en el que los cuentistas invitados (contratados para la ocasión) pueden mostrar sus propuestas de narración a un selecto público de bibliotecarios y programadores. Al estar abierto al público (en el pase de tarde) y al cuidar espacios y programación decidí incluir también este evento en la ficha de festivales.

Dicho todo esto conviene también anotar que muchos festivales que funcionan de un modo más tradicional siguen gozando de una buena salud a pesar de estos duros tiempos para la cultura y los grandes eventos.

Antes de terminar este artículo sería pertinente comentar algunas cuestiones que se observan en algunos grandes eventos de narración oral y que suscitan dudas sobre el beneficio que puedan aportar a estas fiestas de la palabra en particular y al oficio en general. En este sentido hay que destacar el artículo que en julio de 2013 publicamos desde AEDA, la asociación de profesionales de la narración oral en España, en el que se cuestionaban algunas de las prácticas llevadas a cabo en estos tiempos difíciles para la cultura, se titulaba “Nadar a contracorriente” y sirvió para generar un intenso debate en las redes sobre todo esto que estaba sucediendo (podéis leerlo completo aquí). Entre estas cuestiones conviene destacar las siguientes:

Para empezar se puede observar el uso en muchos casos confuso o erróneo del concepto festival aplicado a otro tipo de eventos como, por ejemplo, una muestra de alumnos de una escuela de narración.

Para continuar creo que no debe confundirse la idea de las extensiones con la ausencia de una programación propia: es decir, aglutinar en un mismo folleto programaciones variadas, dispersas, externas a la organización del festival, y presentarlas como si de una programación propia se tratase y que este fuera el grueso (o el casi completo) del programa del supuesto festival.

Hay algunos casos en los que los recortes aplicados al presupuesto del festival se ceban especialmente en los profesionales invitados, la bajada de cachés puede hacer sencillamente inviable el proyecto. Quizás sería bueno reconsiderar esta cuestión: merece la pena contar con menos espectáculos y pagados dignamente que no más espectáculos y un pago indigno.

De la mano del punto anterior está la cuestión de los pagos “a taquilla” sin ningún fijo mínimo establecido. Aunque son pocos los festivales que contemplan esta opción de pago (en general se suele cerrar un presupuesto por el total de los espectáculos previstos). Pero en los casos en los que se da esta situación personalmente opino que es conveniente negociar un fijo, siempre, al que se pueda sumar un variable en función del público asistente: de esta manera el cuentista se asegura que el programador haga bien su trabajo (publicidad, difusión, preparación, etc.) para conseguir recuperar ese fijo previo apalabrado.

Una cuestión sobre la que también habría que pararse a pensar es la proliferación de festivales con el adjetivo “internacional” que sustentan esa internacionalidad en cuentistas que sí, efectivamente, nacieron en otros países (que no en España) pero que llevan viviendo y trabajando muchos años aquí. Es fácil en ese caso que un festival sea internacional pues basta con que programe entre sus narradores invitados a muchos de los grandes y buenos colegas extranjeros que comparten estas tierras de palabra. Tal vez sería bueno reflexionar sobre este asunto.

Dicho todo creo que los grandes eventos de narración oral  en España, en general, están resistiendo los embates de la crisis, algunos cuentan de hecho con muy buena salud y la mayoría han encontrado maneras inteligentes de adaptarse a estos nuevos tiempos permitiendo que la palabra dicha siga encontrando espacios para la celebración. Esta es, al menos, mi impresión. 

Y esta es, actualizada, la ficha de festivales de narración oral que hay en mi web.

 

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