Los días 21 y 22 de mayo de 2011, en el Centro de Profesores y Recursos de La Almunia de Doña Godina (Zaragoza) se celebraron las XV Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil.

 

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En ellas impartí una ponencia titulada La palabra dicha, en la que traté de hacer un recorrido sobre la relación del cuento contado y la escuela, la biblioteca, los libros... desde 1850 hasta nuestros días, así como la situación actual de la oralidad en el ámbito educativo y el valor de la palabra dicha.

La charla forma parte de un estudio en el que pasé diez meses enredado entre oct2010 y jul2011 y que fue publicado en esta misma web en julio de 2011.

Aquí tienes los vídeos de la ponencia troceada:

 

primer bloque (13min32seg)

 

segundo bloque (13min28seg)

 

tercer bloque (5min52seg)

 

cuarto bloque (56seg)

 

quinto bloque (6min19seg)

 

sexto bloque (2min23seg)

 

séptimo bloque (1min7seg)

 

octavo bloque (5min35seg)

 

noveno bloque (10min16seg)

 

Que la disfrutéis.

[Artículo publicado en Peonza. Revista de Literatura Infantil y Juvenil, nº84, abril 2008, p.46-48]

 

[En "Animar a leer y escribir, animar a escuchar y contar"]

Pep Bruno

 

El tercer final de semana del mes de junio, en Guadalajara, se celebra el Maratón de los Cuentos. Esta actividad consiste, básicamente, en contar y escuchar cuentos ininterrumpidamente unas cuantas horas. La primera vez que se realizó, allá por el año 1992, la duración del maratón fue de 24 horas (porque era el mínimo para poder entrar en el libro Guiness de los récords). En el Maratón del pasado 2007, la duración de la fiesta fue de 46 horas, que es lo que viene durando desde hace unos cuantos años.

La idea del maratón fue de tres mujeres. La cosa empieza bien, porque si de parir se trata, es bueno que sean mujeres quienes lo hagan. Ellas son Eva Ortiz , directora de la biblioteca municipal de Azuqueca de Henares; Estrella Ortiz , decana de los cuentistas españoles; y Blanca Calvo, directora de la biblioteca pública del Estado en Guadalajara. En aquella época Blanca era, a la sazón, alcaldesa de la ciudad. A esta alcaldesa le parecía insólito que Guadalajara no celebrara el día del libro de ninguna manera, y tomando un día café con sus amigas Estrella y Eva, entre pasta y taza, taza y pasta, surgió la idea.

Así pues, el Maratón de los Cuentos nació como una propuesta festiva, una celebración. Y aunque luego el Maratón ha sido más cosas (y ha asumido más propuestas: Festival de Narración, Maratones paralelos, animación de calle, conferencias, talleres, etc.), nunca ha abandonado esa peculiaridad suya: ser fiesta. Fiesta de la palabra.

Para ponerlo en marcha y permitir que el Maratón de los Cuentos perviviera a lo largo de los años estas tres mujeres contaron con el apoyo del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara (uno de los pioneros en España en esto de la animación a la lectura, organizadores de varios encuentros nacionales de animación a la lectura y encargados de la excelente publicación Atiza, todavía hoy imprescindible), al que pertenecían, y con el apoyo de la Biblioteca Pública del Estado y muchos de sus empleados y usuarios. Ah, claro, y también de muchos amigos.

Esta fiesta de la palabra, esta celebración de cuentos contados, necesita de muchas manos y de muchas voluntades para ponerse en marcha cada año. Por eso son muchos quienes en algún momento han pasado cerca del Maratón y han colaborado con él. Y eso ha determinado otra de sus características: ser de todos.

El Maratón de los Cuentos de Guadalajara se ha convertido en una fiesta, sí, pero en una fiesta que cada uno considera como propia. Es una fiesta del pueblo, popular en su sentido más amplio. Una fiesta que se mantiene gracias al pueblo. De hecho habría que preguntarse por qué razón en los primeros años de Maratón hubo que pasar de 24 a 46 horas. La razón podría ser esta: muchos quieren ser parte de la fiesta, aportar su granito de arena, hacer la fiesta, su fiesta, lo que implica más horas para que más gente cuente.

Esto es lo que de verdad hace grande a este Maratón y lo diferencia de otros eventos similares: la gente de Guadalajara considera que el Maratón de los Cuentos es cosa suya, cosa propia. Y aunque es importante la presencia de narradores profesionales, cuentistas venidos de toda España y de otros países, el Maratón no se sostendría sin la voz del pueblo, sin los ojos del pueblo, sin las orejas del pueblo.

Pero veamos qué tiene esto que ver con la animación a la lectura.

Podemos decir que todo lo que relacione libros y cuentos con momentos agradables, felices, emocionantes, ya es un buen punto de partida. Además, como escribía Blanca Calvo en su “Abecedario de la animación a la lectura”[1]: “La N nos lleva a narración oral, porque a leer se puede empezar con los oídos […] Las historias piden más historias y, desde las palabras escuchadas es natural llegar a las páginas impresas”. Sí, a leer se empieza por las orejas.

Pero hay más. Esto de que el Maratón se haya convertido en una fiesta popular significa que la gente ha de prepararse cuentos para contar. Y ha de contarlos para ensayar. Las escuelas empiezan a primeros de junio con los cuentos , muchas familias también. Los abuelos buscan en la memoria y los padres se preparan algo para contar. Todo el mundo quiere dar voz a los cuentos , quiere regalar su tiempo, quiere que el Maratón sea y sea también suyo. Y para este afán la gente encuentra la ayuda precisa en los libros donde los cuentos están esperando que alguien los elija para ser contados, para ser vivos (cuentos vivos, de viva voz).

Pero además.

No nos hemos parado a pensar qué significa que una persona (anónima, un fontanero por ejemplo) decida subir a un escenario y ponerse a contar un cuento delante del resto de habitantes de su ciudad. ¿Cómo debe afectar esto a las relaciones de quienes habitan esta ciudad? Durante las 46 horas hay alguien contando, pero también hay gente que no cesa de escuchar, escuchadores sedientos de cuentos. Qué significa que alguien decida pasar unas cuantas horas de su vida escuchando a sus vecinos contando cuentos, y de nuevo: ¿Cómo afecta esto a las relaciones de quienes habitan esta ciudad? Pensemos que en algunas horas hay más de mil personas escuchando cuentos en completo silencio.

Tampoco sabemos de qué manera nuestros hijos se verán afectados por este virus del cuento. Mis hijos han vivido intensamente todos los Maratones de su vida. En su vida siempre hubo un Maratón, una fiesta de la palabra, una fiesta dedicada a los cuentos , al silencio, a la escucha. Por eso cuando el pasado junio mi hijo de 7 años me preguntó si mis padres también me llevaban al Maratón y yo le dije: “cuando era niño no existía el Maratón”, Juan me miró atónito: ¿un mundo sin Maratón de los Cuentos ? Eso era sencillamente imposible.

Supongo que para otros niños lo imposible será un mundo sin playstations, o sin internet, o sin móviles, o sin televisión, o sin cedés… Afortunadamente en Guadalajara hay niños que se asombran con la sola posibilidad de un junio sin Maratón de los Cuentos , sin su Fiesta de la Palabra.

 



[1] Blanca Calvo , “Animación a la lectura”, en Educación y Biblioteca , nº100.

[Artículo publicado en las www.consumer.es, 15 de marzo de 2008, enlace directo aquí]

 

Marta Parreño

 

Es uno de los oficios más antiguos del mundo y, en pleno siglo XXI, sobrevive a las prisas y a un ritmo de vida marcado por la practicidad y la falta de imaginación. Rodeados de un aura de romanticismo, los cuentacuentos se ganan la vida explicando historias allá donde los contraten. Unos pocos pueden vivir exclusivamente de ello, mientras que la mayoría han de compaginar el oficio con otros trabajos para poder llegar a fin de mes. Formación, ilusión y trabajo son los ingredientes básicos de una profesión caracterizada por una vocación incansable.

 

Anabel Muro, Pedro Ruiz, Joaquín Ponte y Begoña Gómez forman desde 1996 el grupo “A la luz de las velas”, un colectivo de cuentacuentos que trabaja en el País Vasco pero que, puntualmente, se traslada a trabajar fuera. Dos de ellos se dedican al oficio a jornada completa, mientras que los otros dos lo hacen de forma parcial. Su salario nunca es fijo, ya que cobran en función de las sesiones realizadas y se quejan de estar “bastante desamparados” profesionalmente, porque su actividad no está recogida en ningún epígrafe específico en Hacienda.

Los cuentacuentos se buscan la vida como pueden. Algunos crean pequeñas empresas o forman parte de cooperativas de artistas y otros trabajan como autónomos. Es el caso de Pep Bruno, cuentacuentos de Guadalajara que lleva 15 años explicando historias y ocho dedicado exclusivamente a ello. “Yo vivo literalmente del cuento”, bromea. “Vivo de esto y soy autónomo desde hace cinco años. A mí sí me da para vivir, pero sé que hay muchos colegas que lo simultanean con otros trabajos”, añade. Bruno calcula que en España hay entre 50 y 70 cuentacuentos profesionales que no necesitan compaginarlo con otros trabajos. Él es uno de ellos y su actividad se expande por toda la geografía española, --sobre todo por la zona centro (Castilla la Mancha y Madrid)--, pero sus cuentos han viajado también por Europa, África e Iberoamérica.

Además de ser una afición, el del cuentacuentos es un oficio, una labor que requiere de herramientas, formación, recursos, una inversión inicial y cierta habilidad. Begoña, del colectivo A la luz de las velas, asegura que existen ciertos parámetros técnicos y expresivos que hay que trabajar de forma profesional. “Y eso requiere una formación y un reciclaje continuo en aspectos como la voz, el manejo del cuerpo, la presencia en escena o el desarrollo de un buen repertorio”, afirma.

 

Sesiones en bibliotecas, aulas de cultura y cafés

La narración oral puede desarrollarse en cualquier lugar. Bruno asegura que ha actuado en los lugares más inverosímiles –“en el antiguo foso de los monos del Retiro, en un vagón de tren en Costa Rica, en una antigua bodega palaciega en Yunquera---, pero los “clientes” principales de los cuentacuentos son las bibliotecas, las aulas de cultura, colegios, institutos, cafés y, aunque en menor medida, también los teatros. Estos espacios les contratan por sesión y la manera de hacerlo es, normalmente, a través de la página web, vía teléfono móvil o por correo electrónico. Los honorarios varían en función de la duración, que suele ser de una hora por sesión, y de la cantidad de público. El colectivo A la Luz de las Velas recomienda que el grupo no sea mayor de 50 niños o niñas en caso de público infantil, mientras que el número de oyentes adultos puede ser más amplio.

El público es tan heterogéneo como las historias que explican. Los cuentos no son solo para los niños y cada vez son más los adultos que disfrutan de las sesiones de estos trovadores modernos. Mientras las sesiones infantiles pueden ser más flexibles y abiertas, dependiendo de la edad de los niños y niñas, las que van dirigidas al público adulto suelen girar alrededor de un tema que las enmarca. “Las que más nos solicitan los adultos son las de cuentos eróticos –“Sexo Oral”—y las de cuantos de miedo –“Cuentos Oscuros”—“, afirma Begoña. Pero Caperucita, los Tres Cerditos y el Gato con Botas también caben en estas sesiones. El cliente solicita al cuentacuentos un tipo de repertorio y éste suele disponer de cuentos tradicionales, de autor, adaptaciones de libros e incluso historias escritas por ellos mismos.

Propaganda y dietas también hacen oscilar los precios, tan variados como los cuentos y el público al que se dirigen. Este colectivo vasco cobra unos 240 euros por sesión, que varían en función de diversos factores. Pep Bruno también tiene en cuenta la cantidad de kilómetros que tenga que hacer para desplazarse o las noches que tiene que pasar fuera de casa: “No te puedo decir un precio exacto porque no cobro lo mismo cuando tengo que desplazarme miles de kilómetros o cuando cuento en el pueblo de al lado”.

 

Grandes lectores y buenos escritores

“El cuentacuentos es una persona que ama las historias. Muchos son grandes lectores, algunos son buenos escritores y, en general, todos son buenos escuchadores”, afirma Bruno. Es por eso que no hay un perfil determinado de trabajador del cuento. Sí existen varias generaciones y, actualmente, un movimiento de profesionalización del sector todavía no asentado. Poco a poco surgen nuevas hornadas de narradores que vienen adaptándose a un terreno que tiene como figuras a Estrella Ortiz o Vicent Cortés, que empezaron hace 25 años, y a Félix y Pablo Albo o al mismo Pep Bruno, que se iniciaron en el mundo del cuento hace 15.

“Cada cual tiene su propia historia, y nunca mejor dicho. Somos altos, bajas, gordos, flacas, jóvenes... Hay de todo, como en botica”, dice Begoña. Por eso, una de sus reivindicaciones es  que aparezca el nombre del contador o contadora asociado a la sesión de cuentos en lugar del término genérico “cuentacuentos”, ya que cada cual tiene su propio estilo a la hora de narrar.

¿Y por qué le gusta a la gente que le cuenten cuentos? “Los cuentos han estado con nosotros desde siempre, pero hoy en día que vivimos abrumados por tantas imágenes externas, los cuentos nos abren un camino para crear nuestras propias imágenes internas. Nuestro grupo reivindica la importancia de recuperar la palabra, porque supone recuperar la voz”, dice Begoña. “Supongo que cada persona que va a escuchar lo hace por un motivo diferente. Pero lo que sí es seguro es que escuchar cuentos nos humaniza”, concluye Bruno.

 

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