La siguiente actividad fue llevada a cabo por seis bibliotecas municipales de seis pueblos de la provincia de Guadalajara en el 450 aniversario del nacimiento de Cervantes (1997).

Las bibliotecas (y bibliotecarias) en cuestión fueron: Azuqueca (Eva), Marchamalo (Xohana), Brihuega (Paloma),  Humanes (Consu), El Casar (Isabel) y Yunquera (Conchi).

 

¿Cómo surgió la idea?

El 23 de abril de 1997 estuve trabajando en la biblioteca municipal de Azuqueca, con Eva. Ella se empeñó en que me tenía que disfrazar de Cervantes y por primera y última vez en mi vida laboral me disfracé para trabajar. La idea consistió en lo siguiente: un grupo de alumnos de un colegio habían preparado LOS JUICIOS DE SANCHO EN BARATARIA como una pequeña obrita de teatro. Ellos hicieron su representación a varios alumnos de 5º y 6º de primaria. Tras recibir los aplausos los actores se iban y en el escenario, con una luz muy tenue, resulta que estaba Cervantes [es decir, quien esto escribe disfrazado de Cervantes] que había querido venir para agradecer tan cálidos aplausos por su obra. Entonces Cervantes les contaba su vida (incidiendo sobre todo en los momentos que consideré que fueron de mayor interés: su marcha inesperada a Italia, Lepanto, los cinco años de cautivo en Argel, espía en Orán, la cárcel, la vida en la capital, su relación con otros escritores, etc.) y después les pedía que me preguntaran lo que quisieran.

Los profesores que sabían lo que iba a suceder habían trabajado muy bien la vida y obra de Cervantes en el aula y los alumnos venían con mucho interés y curiosidad, recuerdo que hicieron preguntas muy jugosas (del tipo: ¿por qué te llevabas tan mal con Lope de Vega?; ¿entonces te casaste por amor?; etc.).

La actividad fue un éxito. Los niños lo pasaron estupendamente y yo también. Si no recuerdo mal la hicimos con dos grupos de 200 niños y niñas, es decir, todo 5º y 6º de Azuqueca pasaron por el teatro aquel día.

Por la tarde volví a ponerme el disfraz y, así vestido, paseé por la biblioteca donde hicimos que todos los usuarios se sentaran en un gran círculo y escucharan algunas de las historias más divertidas del Quijote.

 

Después de haberme cambiado y vuelto a ser Pep otra vez, recuerdo que le dije a Eva, en vez de contar el Quijote, lo que deberíamos hacer es leerlo en voz alta como se hacía en la época de Cervantes (no hay más que recordar la lectura de El curioso impertinente que se hace en la venta, dentro del mismo Quijote). Eva me miró y dijo, deja que lo piense.

En aquella época no se había hecho todavía ningún maratón de lectura del Quijote como los que de unos años a esta parte se vienen haciendo en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid.

 

Y así quedó la cosa.

Un mes después me llamó Eva, ya tenía algo más que una idea.

 

 

 

Las rutas imaginarias del Quijote

 

Cuando fui a la cita con Eva me sorprendió ver que no estábamos solos, eran en total seis bibliotecarias y yo. Y bueno, lo que me contaron estaba muy lejos de lo que en principio habíamos hablado Eva y yo aquella tarde en su biblioteca.

 

La idea consistía en hacer una actividad que durara seis meses, coordinando seis bibliotecas de seis pueblos cercanos pero muy diferentes (de los 20.000 habitantes de Azuqueca a los 500 de Humanes).

 

En cada pueblo, durante esos seis meses, se leería el Quijote en los clubes de lectura. Había pueblos que no tenían club de lectura pero se crearía para la ocasión (y luego ya continuaría su camino por otros libros); Azuqueca era el pueblo con más clubes de lectura, tenía tres.

A cada lectora (mayoría de mujeres, como casi siempre, por eso utilizaré el género femenino, aun cuando había algún varón despistado) se le daba, con el inicio de la actividad, un álbum de cromos que tenía que ir completando. Con cada libro que sacaban en préstamo o cada día que venían al club de lectura, las lectoras, recibían un cromo.

Los cromos estaban distribuidos de tal manera que en cada pueblo se recibían más de unos números que de otros, teniendo que intercambiar cromos con lectoras de otros pueblos (más adelante se verá cómo se hizo esto).

 

Además, en cada pueblo, habría un mes entero dedicado al Quijote. Para ello se preparó una exposición que itineró por los seis pueblos (un mes en cada pueblo), esta exposición era la misma en todos los pueblos. Y luego cada biblioteca organizó actividades propias relacionadas con el Quijote de acuerdo con sus posibilidades y recursos. Por ejemplo, hubo un pueblo que se centró en la música de la época de Cervantes y organizó, si no recuerdo mal, tres conciertos de música y una conferencia de un experto. Otro pueblo se centró en el Quijote y el cine, con proyección de películas relacionadas con el libro de Cervantes. Así cada uno de los seis pueblos.

Además de estas actividades propias de cada pueblo y de la exposición, cada mes había un día de encuentro.

Este día de encuentro se celebraba en el pueblo que ese mes tenía la exposición (y celebraba todas sus actividades quijotiles). Era como una fiesta fin de mes del Quijote. Y esto fue, creo, lo más maravilloso de toda la actividad.

El día de encuentro consistía en los siguiente: todos los clubes de lectura de todos los pueblos que estaban participando en la actividad se reunían en un pueblo.

Y siempre se respetaba el mismo esquema:

  1.  Una conferencia de un experto relacionado con el tema previsto (preparamos seis temas que consideramos importantes, a saber: Claves para leer el Quijote, La mujer en el Quijote, El simpar Sancho Panza, Las historias intercaladas en el Quijote, Las versiones y ediciones infantiles y La libertad y el Quijote). En la mayoría de los casos fue fácil contar con expertos (teniendo tan cerca la Universidad de Alcalá)
  2. Una lectura en voz alta de un capítulo del Quijote, siempre relacionado con el tema tratado en la conferencia y que además estuviera más o menos parejo con las lecturas que los clubes de lectura iban haciendo [¿recuerdas que esta era la idea original?]
  3. Una merienda con platos y comidas que se citan en el Quijote
  4. Un bululú, una obrita de teatro representada por un actor (actriz en este caso), típica del Siglo de Oro. En general bastante divertidas y picantes.
  5. Despedida hasta el mes siguiente en otro pueblo.

En los días de encuentro era cuando las mujeres aprovechaban para cambiar sus cromos y completar los álbumes. Además había que sellar el álbum en, al menos, cinco de los seis pueblos.

 

Hubo otra actividad común en todas las bibliotecas, ésta dedicada a jóvenes. Tenían un carné de caballeros en el que podían sellar unos epígrafes en función de actividades en las que participaban o libros que leían: libros de caballeros, versiones del Quijote, proyecciones de películas... El caso es que todos los jóvenes que habían sellado un número de actividades podían participar en una gymkana de caballeros que se hacía en un pueblo (de nuevo autobuses y grupos de jóvenes de distintos pueblos jugando juntos y conociéndose y pasándolo estupendamente alrededor de los libros y la lectura).

Cada biblioteca se encargó de preparar una prueba de la gymkana.

 

 

 

¿Cómo salió todo?

 

Esta actividad de animación a la lectura es la que yo recuerdo con más cariño de todas en las que he participado (dejando aparte al Maratón de los cuentos, claro).

Según se iban sucediendo los días de encuentro las mujeres de los clubes iban haciendo amistad con otras mujeres de otros pueblos. Además todas se apoyaban y se animaban porque la lectura del Quijote no les estaba resultando nada pesada.

 

El primer mes le tocó a Azuqueca, Eva se atrevió con la incertidumbre que toda nueva propuesta suscita. Y el encuentro fue estupendo. La profesora MªCruz García de Enterría dio una estupenda conferencia, cercana y muy útil para quienes, en muchos casos, se acercaban al Quijote con miedo. Después leí el primer capítulo, y fue emocionante de veras. Luego la merendilla y finalmente Luisa hizo un divertido bululú. La gente salió muy contenta.

Y lo que pasa en estos sitios. Que si la primera vez fue estupenda, la segunda vez tenía que ser mejor.

Así que en el segundo pueblo (Marchamalo) se habilitó una sala más grande, resulta que la gente de los clubes se disfrazaron de personajes del Quijote. Además se hizo bastante más comida y en vez de merendilla eso fue comilona.

Yo más, dijeron los del tercer pueblo (Brihuega). Ya no había local para tanta gente como venía y hubo que habilitar una iglesia recién restaurada que calentaron con una de esas estufas de chorro de aire que utilizan para las naves donde las gallinas ponen los huevos, y antes de entrar te calentaban los huesos con un vasito de caldo de pollo, y después de la lectura aquello ya no era comilona que era el mismo Pantagruel.

En el cuarto pueblo (Humanes), se consolidó todo lo que hasta ahora se había ido haciendo: clubes de lectura disfrazados de personajes del Quijote, grandes comilonas, ambiente festivo por todo el pueblo, biblioteca decorada...

En el quinto pueblo (El Casar) los autobuses pararon a la entrada del pueblo donde Don Quijote y Sancho Panza en persona con su burro y su Rocinante nos vinieron a buscar con unos tamborileros vestidos al estilo del Siglo de Oro. Toda la calle mayor estaba adornada con pendones y estandartes. Y creo recordar que fue en este pueblo donde el mismo alcalde fue quien preparó la conferencia (casualmente era un gran lector de Cervantes). A estas alturas la lectura en voz alta del capítulo era una fiesta y el bululú con la tripa bien llena era la guinda ideal para un día feliz.

Finalmente llegó el último día de encuentro (Yunquera). Y aquí no había sitio para tanta gente así que convencieron al cura para que nos dejara la iglesia, el cura accedió con la condición de que se hiciera mirando hacia el atrio en vez de hacia el altar (hubo que girar todas las bancas de la iglesia). La actividad había crecido de manera espectacular. La iglesia estaba llena (como en los mejores días de fiesta) de gente escuchando una conferencia sobre el Quijote. Luego vino la sorpresa. En vez de leer yo el último capítulo del libro, resulta que Conchi, la bibliotecaria de Yunquera, consiguió que viniera Jesús Sacristán (quien por aquel entonces estaba representando en Madrid El hombre de La Mancha). Je, y luego yo leí el primer capítulo de nuevo, porque la lectura continúa... Otra vez Gargantúa y Pantagruel nos visitaron en el patio de la biblioteca donde comimos hasta decir basta y vimos un estupendo bululú de Luisa.

 

Es evidente que aquí faltan muchos datos, escribo ahora (8 años después) para que esta actividad no caiga en el olvido y sea aprovechada por todos aquellos que quieran disfrutar de una lectura maravillosa en compañía.

Ni siquiera tengo una foto para poner aquí, voy a intentar recoger más materiales e información para completar todos los datos que aquí se bosquejan.

 

Para cualquier duda, sugerencia o comentario, escríbeme, estaré encantado de echarte una mano.

Saludos

Pep Bruno

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