El 6 de octubre de 2009 recibí un amable correo de Rafael Uribe haciéndome algunas anotaciones sobre los tres poemas goliárdicos que hay aquí colgados. La verdad es que esta parte de la web es de 2003 (¡¡mayo del 2003 ya!!) y no suelo revisarla muy a menudo. Creo que es el momento de hacer un pequeño comentario sobre estos poemas.

Indico pues de donde están recogidos estos poemas.

"Yo soy el abad" y "Si un joven con una doncella" están tomados directamente del Carmina Burana, recuerdo que en aquella época no era fácil encontrar poemas de goliardos. Los textos están trascritos del librillo que incluye el cedé del mismo título de Carl Orff en el sello Deutsche Grammophon (Carl Orff musicó textos del Carmina Burana, escritos entre los siglos XII y XIII y encontrados a principios del S. XIX).

El poema titulado "La orden de los vagantes" está sacado del Vol. II de la Historia de la Literatura Universal, de Martín de Riquer y José María Valverde, en la página 118.

Desde 2003 hasta hoy se han publicado algunas antologías de poesías goliárdicas y es más fácil conseguir textos de goliardos. Mi favorita es la titulada Poesía goliárdica, con traducción de Miguel Requena, en ediciones El Acantilado (nº73)

 

 

YO SOY EL ABAD

Yo soy el abad de Cucaña,

Y mi consejo está con los bebedores,

Y mi voluntad está con la secta de Decio,

Quien de mañana me busque en la taberna

Desnudo saldrá tras las vísperas,

Y ya sin sus ropas así gritara:

¡Ay! ¡Ay!

¿qué me hiciste, suerte, infame?

Los goces de nuestra vida

¡todos nos has quitado!

¡Haha!

 

SI UN JOVEN CON UNA DONCELLA

Si un joven con una doncella

Morase en una alcoba,

Que sea feliz la unión.

Según crezca el amor,

Y entre ellos

Desaparezca el tedio,

Comenzará un juego inefable

De miembros, brazos y labios.

 

DE LA ORDEN DE LOS VAGANTES

Habiendo sido proclamado “¡Dispersaos por el mundo!”

Deambulan los sacerdotes, corren los monjes,

Y, abandonando el evangelio, ya se levantan los diáconos:

Entran a nuestra secta, que es la salud de la vida.

 

En esta secta está escrito: “¡Probadlo todo!

¡Observad cuidadosamente nuestro modo de vivir!

¡Encarnizaos contra los malos clérigos,

que no os dan con abundancia, por caridad!”

 

Ahora los modelos de la misericordia somos nosotros,

Porque aceptamos a grandes y pequeños,

Recibimos a ricos y pobres,

Y a quienes los devotos monjes les cierran las puertas.

 

Aceptamos al monje con su tonsura,

Y al sacerdote que viene con su ama,

Al maestro con sus niños, al clérigo con su prebendado,

Y al estudiante, sobre todo al bien vestido.

 

Nuestra secta acepta a los justos e injustos,

A los cojos y débiles, los fuertes y los apuestos,

Los que están en la plenitud de la vida, los agobiados por la vejez,

Los rígidos y ásperos, y los abrasados por Venus.

 

Los belicosos, pacíficos, apacibles e insensatos;

Los bohemios, germanos, eslavos y romanos;

Los de figura mediana, gigantes y enanos;

Los de carácter humilde, y a su vez los frívolos.

 

A los de la Marca, Baviera, Sajonia y Austria,

Quienesquiera que seáis, os ruego, compañeros nobles.

Escuchad las nuevas decretales:

Que mueran los avaros y los poco generosos.

 

Os hago conocer las leyes de la orden de los vagantes,

Cuya vida es noble, y su natural, dulce;

A cuyo apetito en verdad place más la carne gorda asada

Que lo que puede ofrecer el almud de cebada.

 

Esta secta acertadamente se denomina orden,

A la que se adhiere gente de diversa clase.

Por ello, antepóngasele un “este”, “esta” o “esto”,

De cualquier género que sea, recibe hospitalidad.

 

Nuestra orden prohíbe expresamente los maitines.

Hay algunos fantasmas que vagan de mañana,

Y por los que se nos aparecen visiones vanas.

Así, quien a esa hora se levanta, no es de mente sana.

 

Nuestra orden prohíbe siempre los maitines;

Pero cuando nos levantamos, en seguida vamos en busca de lugares frescos.

Allí hacemos llevar vino y gallinas;

Nada nos espanta allí, salvo las amenazas de Azar.

 

Nuestra orden prohíbe usar vestidos dobles.

El que recibe una camisa, para que vaya honestamente,

Pronto se saca la capa, con la intervención de Decio;

El juego abiertamente lo despoja del cinto.

 

Lo que se dice de la ropa exterior valga también para la interior:

Quien disfruta de una camisa no use calzones;

Y si camina con botas, no lleve calcetines.

Pues quien infringe este mandamiento será excomulgado.

 

Nadie salga de la puerta en ayunas.

Y si es pobre, que siempre pida algún regalo:

Una moneda a menudo recibe incremento,

Cuando a la mesa de juego se sienta  el jugador hábil.

 

En el camino, nadie vaya contra el viento;

Nadie muestre cara de doliente en la pobreza,

Sino que siempre mantenga la esperanza de ser socorrido,

Pues después de gran desventura llegará la suerte que provoca alegría.

 

A los que encontráis, decidles por qué razón

Queréis reprochar a cada uno sus costumbres:

“He venido para condenar a los réprobos y aprobar a los rectos,

y para separar a los rectos de los malvados”