Sobre estos apuntesFichas de oralidad / Una historia de la narración oral / La figura del narrador oral 

 

[texto rescatado del blog tierraoral.com]

Uno de los soportes fundamentales para la narración oral es la memoria: es el lugar en el que habitan las historias hasta que llega el momento en el que estas toman aliento y vuelo, también es un elemento decisivo a la hora de la articulación del discurso narrativo que es el cuento contado y es la causante de que el cuento tradicional sea en variantes.

 

En la microponencia que Estrella Ortiz impartió en el I Encuentro de Narradores Orales en Cádiz 2004 (que podéis leer completa aquí), estableció un deslumbrante paralelismo entre las cualidades de la Musa y la voz del narrador: Meditación (lo que se quiere decir), Memoria (lo que se dice) y Canción (cómo se dice). En este artículo, y centrándonos en la memoria, que es el tema que nos ocupa, Estrella escribe: "El narrador sustenta su trabajo sobre la memoria. Memoria personal llena de emociones y acontecimientos y, también, colectiva."

Es importante esta distinción que hace la autora de memoria personal y memoria colectiva. 

En el ensayo sobre "La función social del narrador oral" que publiqué en marzo de este mismo año (que puedes leer completo aquí) también incidía en esta cuestión asignando al narrador la función (5) de  ser memoria viva, formar parte de la memoria de la comunidad. 

El narrador se alimenta de la memoria colectiva y, al mismo tiempo, la alimenta y forma parte de ella; desde mi punto de vista esta es una de las responsabilidades de quienes habitamos la palabra dicha.

 

Pero volvamos la mirada a la memoria individual.

En el completo ensayo que publicó Marina Sanfilippo: El narrador oral y su repertorio: tradición y actualidad (que podéis leer completo aquí) habla en varios momentos de la memoria del narrador oral pero merece que nos fijemos con especial atención en esta cita: “Dentro de este cajón de sastre, creo que conviene analizar no tanto la capacidad de retención de datos —un aspecto ya muy estudiado, sobre todo desde el punto de vista de las técnicas y recursos mnemotécnicos— sino la estrecha relación entre la memoria del narrador oral y la memoria autobiográfica, que tiene la tarea específica de ayudar a las personas a conservar y reelaborar continuamente el conocimiento de sí mismas, un tipo de memoria especializada (...) Para el buen narrador, sus narraciones preferidas suelen adquirir las mismas características de los recuerdos personales de vivencias propias y a menudo, al igual que las narraciones estrictamente autobiográficas, las historias narradas son capaces de evidenciar el significado profundo de experiencias reales e incluso pueden ofrecer una «risoluzione fabulatoria ai suoi [del narrador] problemi di vita» (Milillo, 1983: 103)" (p. 77).

La estrecha relación entre la memoria narradora y la memoria autobiográfica del cuentista hace de los cuentos contados mucho más que una experiencia estética o artística: es, sencillamente, una experiencia vital. El cuento vive en el narrador quien, a su vez, habita en los cuentos. Y estos, los cuentos, organizan el discurso narrativo de la realidad.

 

En el libro Historia del cuento tradicional, de Juan José Prat Ferrer, un libro que es un regalo (nunca mejor dicho y que podéis leer completo aquí) también se habla de la memoria y, citando a Frederic Bartlett, se cuenta la teoría de los esquemas: "Esquemas (schemata) es el conjunto estructurado de ideas preconcebidas que funciona de manera inconsciente (...) Por medio de los esquemas, la información que uno tiene ya digerida influye en la nueva información recibida. (...) El recuerdo es una reconstrucción imaginativa. Si los elementos que constituyen el relato no se avienen al esquema, esta información será modificada de alguna manera; por otro lado, los detalles más llamativos serán retenidos en la memoria y elaborados en la recreación." (p. 25).

Por lo tanto, las historias que contamos se ajustan a unos esquemas preconcebidos, pero igualmente las historias que vivimos se ajustan a esos mismos esquemas, por eso recordar es contar (es una reconstrucción imaginativa) y por tanto contar es recordar, es revivir (lo que incide de nuevo en el texto que citábamos de Marina Sanfilippo). 

También de aquí se podría deducir que cuantas más historias y, por lo tanto, más esquemas habilitados en nuestra memoria, más y mejor capacidad de recordar, pero también más y mejor capacidad para organizar el discurso narrativo y comprender las historias ¡y la vida!

Pero terminemos con una última cita del libro de Prat Ferrer: "Jerome Brunner (...) trabajó en la narrativa autobiográfica, manteniendo que los seres humanos construimos nuestra propia historia y que esta construcción es un acto creativo en el que transformamos los acontecimientos para amoldarnos a nuestros propios esquemas (...) Así pues, los relatos no solo modelan en nuestra mente el mundo (o su sentido de la realidad) sino también modela nuestras mentes en su búsqueda de sentido"(p. 25).

 

La memoria es el lugar en el que los cuentos son. Pero sucede que, al mismo tiempo, los cuentos aportan recursos fundamentales para la memoria (esquemas, palabras...) que organizan los discursos narrativos (historias, ideas...) y preservan los recuerdos (lo que hemos sido, lo que somos). 

Los cuentos son, por lo tanto, alimento imprescindible para la memoria. 

Necesitamos contar y escuchar cuentos para ser.

 

PD. Incluyo este vídeo de Estrella Ortiz hablando de la memoria del cuentista (realizado dos años después de la publicación de este artículo).

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