art–Entrevistas

José Carlos Román, del blog Soñando Cuentos, me hizo esta entrevista con motivo de la publicación de Buñuelos de huracán. Puedes leerla aquí (incluye unas cuantas fotos).

 

De la mano de la editorial A buen paso, acaba de publicarse una original propuesta, en forma de álbum ilustrado, que hará las delicias de los amantes de los dulces y de aquellos que gusten de los viajes imaginarios: Buñuelos de huracán, la historia de una pastelera que posee el secreto de una fabulosa receta, unos buñuelos capaces de transportar a quien los pruebe en un viaje al lugar dónde siempre quisieron estar y del que volverán siendo diferentes.
Pero tan original es la historia como la forma de narrarla. Escrita por Pep Bruno e ilustrada por Carla Besora, hemos querido que sea el propio Pep el que nos cuente todo sobre este álbum, respondiendo a las preguntas de esta entrevista, que amablemente nos ha concedido: 

 

Cuéntanos Pep, ¿cómo se gesta y desarrolla la idea de crear un álbum ilustrado a partir de un tuit de un microrrelato?

Desde hace casi tres años escribo un cuento al día que publico en tuíter. Hubo una temporada que algunos de esos cuentos los compartía también en féisbuc, y fue allí donde la editora Arianna Squilloni leyó el cuentito de “Buñuelos de huracán” y me escribió para decirme si veía posible convertir ese cuento de apenas 130 caracteres en un libro álbum. Tras conversar con ella en varias ocasiones decidimos que el texto podría ser como lo veis ahora en el libro: un texto breve al principio, un guion que iría sin texto (se sostendría sólo sobre las ilustraciones) y un texto breve al final que, más que cerrar el círculo, abriera una nueva posibilidad.

 

Los microcuentos de este álbum ¿han sido creados expresamente para el libro o ya eran parte de tus microcuentos-tuits?

Como te dije antes, el texto del principio estaba ya escrito, era parte de uno de mis cuentos tuit diarios, y fue el detonante para el resto de la historia: todas las historias guionizadas (que no se leen pero se pueden ver) y el texto del final los escribí ex profeso para el libro.

 

En el libro aparece un microcuento al comienzo y otro al final, pero hemos visto que entre ambos se desarrollan diferentes historias (sin texto), ¿cómo se han creado estas historias?

Escribí varias historias que se contarían con las ilustraciones y que se trenzarían formando una sola historia. A partir de aquel guion Carla Besora trabajó y depuró mucho lo contado, simplificando y dándole unidad y coherencia. En esta parte del proceso surge un nuevo elemento en el libro: la idea de que las cosas que soñamos también pueden afectar de forma palpable a nuestra vida. Uno come un buñuelo de huracán y vive (o imagina que vive) una gran aventura con desconocidos pero, al terminar esa aventura (o ese sueño de aventura), los participantes ya no son desconocidos, son gente que han compartido una vivencia (real o soñada). Esta clave se concreta en una de las últimas ilustraciones del libro de una manera bastante explícita.

 

¿Cómo ha sido la relación con la editora de A buen paso, Arianna Squilloni?

Trabajar con editores como Arianna siempre es un privilegio, personas que conocen bien su trabajo y que aman los libros, ¿qué más se puede pedir? Ocurre además que en este caso concreto Arianna es quien vio claro desde el primer momento las posibilidades que el cuento tenía y cómo podía desarrollarse. 

 

En el proceso de creación, ¿cuál y cómo ha sido el contacto y relación entre escritor e ilustradora?

Aunque habitualmente me gusta trabajar mano a mano con la ilustradora, en esta ocasión no ha sido así. En principio yo ya había dado un montón de notas posibles para que la ilustradora pudiera hacer su trabajo, por lo tanto no veía tan necesario seguir dando pautas, sino más bien dejar que la ilustradora fuera tomando sus decisiones a partir de los textos enviados. Ocurre además que mi confianza en el trabajo de Carla y de Arianna es total, eso siempre te da tranquilidad y te hace esperar con ilusión el resultado (que en casos como este siempre supera tus expectativas).

 

Cuéntanos un poco el por qué del original formato del álbum.

Sobre este asunto también hablamos en varias ocasiones y fue Arianna quien propuso un formato así: parecido a una cajita de bombones, de algo delicado y delicioso, algo peculiar y sugerente, ¡quién puede negarse a hacer algo así! Como te he dicho antes, no hay nada como trabajar con una buena editora.

 

Sabemos que hace poco hicisteis una presentación bastante original en Casa Anita (Barcelona). Cuéntanos un poco en qué consistió.

Carla propuso hacer una presentación mientras amasábamos buñuelos y claro, Arianna y yo aceptamos gustosos: ¿quién podría resistirse? 

Arianna hizo de maestra de ceremonias y, tras dar la bienvenida a los asistentes y contar unas pinceladas del libro álbum (mientras nosotros comenzábamos a amasar), nos cedió la palabra. 

Yo relaté la pequeña historia del cuento, sus avatares y su salto del ciberespacio al papel (mientras seguíamos amasando y, además, los niños asistentes se animaban a amasar con nosotros y mancharse un tanto de harina). 

Finalmente Carla contó el interesante trabajo durante el proceso de ilustración (también amasando, claro).

Luego, tras el turno de preguntas, hubo tiempo para contar un cuentecito a los asistentes (todo esto mientras continuábamos amasando con los entusiastas aprendices) y, más tarde, firmar libros, beber vino y comer algún buñuelo (de crema, que los de huracán no encontramos más que en libro).

 

Por último, es obvio que este es un álbum abierto a la imaginación. Si Pep bruno pudiese probar un buñuelo de huracán, ¿dónde le gustaría viajar con su imaginación?

A mí, más que viajar a un lugar, lo que me gustaría es viajar a un tiempo: a las vacaciones. Sospecho que no sería el único en aparecer por allí, ¿verdad?

Sergio Alberruche, Javier Ibáñez y Eduardo Rodrigo de EseDosUno, revista digital, me hicieron una extensa entrevista el 15 de noviembre de 2012 [un día después de la huelga general del 14N]. Puedes leerla aquí en su web con unas fotos estupendas de Yohana Agudo.

No está uno acostumbrado a una demorada entrevista de casi dos horas con tres periodistas, ni tampoco a leer una transcripción casi literal de la conversación (muchas entrevistas hoy en día se hacen a través del correo electrónico. De cualquier manera una experiencia muy interesante que ya podéis consultar aquí.

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Creo en la fuerza transformadora de los cuentos

 

PEP BRUNO (Barcelona, 18 de mayo de 1971, en Guadalajara desde los siete años) se siente poseedor de un “objeto mágico” que no está al alcance de muchos: la palabra. Su mundo gira alrededor de ellas y, especialmente, de las que componen los cuentos, que cambiaron su vida una noche de su juventud en la Biblioteca de Guadalajara. Cree que fueron ellos los que le eligieron a él como mensajero, y ahora, pese a los obstáculos cada vez mayores, ejerce ese afortunado designio como cuentista haciendo miles de kilómetros para revelar su extraordinaria utilidad y vigencia en tiempos convulsos. No existe un límite de edad para acercarse a ellos, la única condición es querer escuchar, un factor que los aleja de una clase política que “vive fuera de la realidad”, según Bruno, y que tendría mucho que aprender de los cuentos, porque en ellos “todo es comprensible y sabes quién es el malo”, no como en el día a día.

 

Empezamos proponiéndole un juego. Recurrimos a la estructura clásica de los cuentos, introducción (creo que será mejor principio), nudo y desenlace, para hablar de usted:

*Introducción: ¿Quién es Pep Bruno? 

Siguiendo la estructura del cuento tradicional, Pep Bruno sería un personaje; podría ser el primer hermano, porque soy el mayor, aunque el primer hermano suele fallar en los cuentos, y el segundo. Como en este cuento parece que el protagonista voy a ser yo, tendría que ser el tercero... Puedo haber nacido en Barcelona, puedo haber llegado hasta Guadalajara y aquí puede empezar la historia. Puede haber un problema, como que se cierra un teatro, o que se abre un espacio para contar cuentos, como la biblioteca. Siempre tiene que haber un ‘pero’ que desencadene el movimiento del protagonista. En mi caso los ‘peros’ pueden ser muchos porque me muevo en muchos frentes, en todos los que puedo.

* Nudo: ¿Cómo se definiría Pep Bruno a sí mismo? ¿Qué hace en la actualidad?

Yo creo que soy militante o activista de la palabra, más bien. Creo en el poder de la palabra, en el poder de la ficción, en la fuerza transformadora que suponen los cuentos y en todo lo positivo que hay alrededor del cuento. Por ejemplo, yo creo que los cuentos son ahora mismo una herramienta mucho más poderosa de lo que los poderes creen, en el sentido de que aúnan al colectivo, acercan al grupo, hacen comunidad, y que una comunidad esté junta, que los lazos estén firmes, cerrados es una herramienta poderosa y útil para hacer frente a los problemas. Así las cosas el protagonista de este cuento tiene un objeto mágico, y es que tiene palabra. Yo tengo palabra y además tengo suerte porque también tengo público que escucha y que hace conmigo las historias, por lo tanto no estoy nunca solo, y eso te hace sentirte seguro, arropado.

* Desenlace: ¿Cuál sería el final de ese personaje?
 

El final siempre es bueno. Siempre encuentras a la chica, te casas con ella, tienes unos hijos fantásticos y puedes seguir contando cuentos y puedes hacer que el río vuelva a llevar agua, que el teatro vuelva a abrir las puertas, que la comunidad viva feliz a pesar de los pesares.

¿Se define como cuentista o narrador oral? Por aquello de que cuentista quizá suene peyorativo...

De este tema hemos hablado mucho. A mí me encanta cuentista, de hecho creo que es el término que deberíamos utilizar para los que cuentan cuentos; ahora bien, ¿quién soy yo para imponer nada a nadie? Narrador oral es un término que va tomando mucha fuerza, sobre todo en contraposición de la palabra cuentacuentos, que es una palabra horrenda (de nuevo es una opinión personal), un calco semántico del storyteller inglés, una palabra redundante y, sobre todo, una palabra que no hacía falta en castellano donde ya tenemos palabras que definen lo que hacemos. Cada vez está más asignada a las sesiones infantiles. Contar cuentos para niños no es denigrante, al contrario, es una labor difícil y emocionante con la que yo lo paso estupendamente, pero cuentacuentos cada vez está más connotado como espectáculo de poca calidad. Quizá por eso, somos cada vez más los narradores que pedimos que no se nos llame cuentacuentos, que se nos llame cuentistas, narrador oral, contador de historias, cuentero… Hay muchas formas posibles. Yo, cuentista.

¿Se puede ganar la vida en España uno como cuentista?

En los años 80 el oficio resurge. Contar cuentos siempre se ha contado, pero vivir de ello no es fácil, es como todo en esta vida. Tener una habilidad para arreglar un grifo es estupendo, pero poder vivir como fontanero no es tan sencillo, porque tienes que tener unos rudimentos, unas herramientas, tienes que saber y, sobre todo, tienes que estar dado de alta legalmente, tiene que existir un epígrafe en el que tú quepas… Era un oficio que estaba inexistente, aunque había gente que contaba y que cobraba por ello desde los años 30, los 50 en España, muy pocos. Entonces en los 80 hubo un resurgir de este movimiento, empujado o ayudado por instituciones como la Biblioteca Pública del Estado de Guadalajara, con Blanca Calvo a la cabeza, como sabéis. Y, sobre todo, este resurgir del oficio vino de la mano de la renovación de bibliotecas y de la renovación pedagógica de las escuelas, que hizo que se demandara gente que contara cuentos, porque, claro,  si tú eres maestro y todos los días tienes que contar un cuento, llega un momento en que dices: ‘macho, es que no puedo’, no das abasto, porque el proceso de preparar cuentos es un proceso lento. Entonces poco a poco se fueron abriendo espacios y hubo cada vez más demanda. En los años 80 aparecieron los primeros narradores profesionales. Muchos de ellos pensaban que eran únicos, que estaban solos.

Entonces hay este resurgir del oficio, un poco impulsado por otros colectivos; no es que haya gente que conscientemente diga: ‘yo quiero contar y voy a hacer de esto mi oficio’, sino que de pronto es gente que dice: ‘es que estoy dedicando más tiempo y ganando más dinero contando cuentos que en mi otro oficio’. El ejemplo paradigmático para nosotros es Estrella [Ortiz], una narradora alcarreña, una de las decanas de los narradores en España. Ella era actriz con Fuegos Fatuos, fundadora de esta compañía, y cada vez hacía menos teatro y contaba más cuentos. Y llega un momento en que tiene que decidir y opta por los cuentos. Después de este reinicio, en los 90 hay un bum, aparece una segunda generación, entre ella estamos gente como yo, Paula Carballeira, los Albo… mucha gente. En la primera década de los 2000, ya hay narradores por todos lados, lo que resulta significativo, porque implica que hay mucha demanda y muchos espacios para el cuento. Ahora, llega la crisis, y la crisis se ceba en bibliotecas y escuelas, que son pilares básicos para el sostenimiento del oficio. Lo primero que dejan es de contratar a gente que venga de fuera para contar cuentos. Entonces, ¿se puede vivir del cuento? Se puede. ¿Bien? Bueno. Más o menos se resiste. Lo que no hay es tanta gente como antes. No es una especie de criba, de selección natural; esta crisis es ciega en ese sentido y va a por todos. O andas espabilado o buscas alternativas para diversificar tus tareas y tus puntos de actuación o la cosa está fatal.

¿Cuándo se dio cuenta de que quería ser cuentista?

Que yo cuente cuentos está íntimamente vinculado a que yo viva en Guadalajara. Por el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil y por la Biblioteca Pública del Estado, que son territorios idóneos para la narración oral. Yo cuento cuentos porque aquí había una biblioteca que abría a las 11 de la noche para hacer los ‘Viernes de los cuentos’, que hace años no eran como ahora; se abría la biblioteca a las 11 de la noche, se hacía una queimada y quien quería iba a contar o a escuchar cuentos. A mí me parece increíble, una oportunidad insólita. Tú lo sigues contando y mucha gente dice que es una cosa muy rara. En aquella época, en el primer viernes de los cuentos mi pareja y yo vivíamos juntos y no teníamos nunca dinero, no podíamos ni ir al cine. Yo escribía cuentos para concursos literarios y recuerdo que habíamos oído por la radio que había una actividad nueva, que era: ‘van a abrir la biblioteca y quien quiera que vaya a escuchar o contar cuentos’, y yo le dije a mi pareja: “Anda, qué bien. Vamos esta noche y así salimos, y además dan queimada y unos bollitos también, vamos a venir cenados y vamos a pasar el rato”. Llegamos allí y fue increíble. Estábamos allí sentados, y de pronto, la bibliotecaria, a la que no conocíamos, dijo: “Bueno, si alguien quiere contar cuentos que cuente. Voy a empezar yo”. Lo contó ella y mi pareja y yo nos miramos como diciendo: ‘esta tía ha contado un cuento aquí a todo este grupo de gente...’. Después todo el mundo aplaude y ella dice: “Venga, ¿alguien quiere contar otro?” Y salta uno: “Pues yo”. Pensamos: ‘¿este tío también va a contar un cuento?’ Nos quedamos… Entonces todo el mundo iba contando, y entonces le dije a mi mujer: “Mira, ¿sabes qué? Yo voy a contar uno”. Y ella me dijo: “¿Que vas a contar un cuento?”. “He escrito uno esta tarde y lo voy a contar. Por un lado me sentía obligado y por otro sentía que me picaba la nariz, no sé… Entonces conté un cuento, y la gente se quedó incluso un poco parada, de no aplaudir. Y yo pensé: ‘he metido la pata, no sé lo que ha pasado aquí’. Me acuerdo que mi mujer me decía: “Anda, siéntate, siéntate…”. Y luego ya empezaron a aplaudir y pensé: ‘ah, qué bien’. Y antes de terminar conté otro cuento inventado sobre la marcha y también resultó fenomenal. 

Y al terminar, se me acercó Blanca, la bibliotecaria, y me dijo: “¿Tú quién eres?”. “¿Yo? Uno que pasaba por aquí”. “¿Por qué no vienes mañana por la mañana y hablamos?” Me pasé al día siguiente por su despacho y ya tenía una pila de libros preparados para mí y me dijo: “Toma, tienes que leerte esto. Tienes que entrar en el seminario, te tengo que presentar a gente…”. Me leí esos libros, que me parecían todos fantásticos, diez o doce libros de autores que no conocía de nada. Y aquello fue como: ‘caray, he estado dando golpes hasta que he encontrado el hueco en la pared para encontrar el camino’. Me fue presentando a la gente del seminario, conocí a Estrella, y ella ha sido de alguna manera mi maestra. Siempre ha sido alguien con quien he podido hablar sobre los problemas o las dudas que tenía con los cuentos. Esto es una cosa compleja, porque ¿con quién hablas de estas cosas? Es un oficio todavía muy minoritario.  Yo empecé contando así. Y al cabo de un tiempo un día me llamó Eva, la bibliotecaria de Azuqueca, para contar allí, y conté, ¡y me pagaron!, luego me llamaron de la biblioteca de al lado… Yo estaba estudiando, trabajaba y al mismo tiempo cada vez tenía más llamadas para ir a contar. Y entonces llegó un momento en que ya no podía: o estabas haciendo la edición crítica de las Obras Completas de Borges o estabas contando. No podía hacer las dos cosas, y un día yo decidí contar. En realidad, yo no creo que yo haya elegido contar cuentos. Esto suena un poco raro, pero yo creo que los cuentos deciden en quién se apoyan. Ellos no solo perviven en nosotros, sino que nos sobreviven.

¿Los cuentos tienen una edad ideal? ¿Qué público es mejor: los niños o los adultos?

No hay una edad. El público ideal es el público que quiere escuchar. Yo disfruto igual contando a niños, a jóvenes, a adultos, a mujeres, a ancianos… me da lo mismo, siempre que sea un público con ganas. A veces hay públicos ‘cautivos’; tú vas al colegio y no se pueden ir, o al instituto. Muchas veces la actitud en el instituto es como de ‘bueno, vamos a ver, viene este ‘pollo’ aquí a contarnos unos cuentos…’. Claro, querían escuchar pero no lo sabían. Hasta que no empiezas a contar no se dan cuenta de que eso que estás contando está muy cerca de sus centros de interés. La clave es que para cada público yo tengo que manejar unos repertorios distintos, eso es lo complejo. Yo soy un narrador que vive de esto, no puedo llegar delante de un público de chavales de 17 años y ponerme a contar, yo qué sé… El medio pollito. El trabajo mío tiene que tener mucho soporte si quieres hacer de esto tu oficio.

¿Qué le parecen como público los políticos actuales? ¿Qué cuento les contaría, si tenemos en cuenta que viven del cuento?

Como he dicho antes, el público bueno es el que quiere escuchar. Obviamente, los políticos de hoy son un público nefasto, un público que no está dispuesto a escuchar por más que cuentes, que clames, que cantes, que te quejes… Viven en otra realidad que no tiene nada que ver con la nuestra. Y no estoy hablando de un partido en concreto, estoy hablando de los políticos. Este es un público duro. Cuando te enfrentas a un público así, que está ahí y que no quiere escuchar, la sesión de cuentos es horrible. Es como bailar. Imagínate que estás en la plaza del pueblo y quieres bailar con una chica o chico que te gusta mucho. Aunque los dos no sepáis bailar, pero queréis bailar, lo vais a pasar bien. Pero si, aunque yo sepa bailar, tú no quieres bailar de ninguna de las maneras, es como bailar con un tronco, no hay manera. Los políticos de hoy son así, no quieren bailar. No se dan cuenta de que nosotros somos la pareja de baile. Y no son los que viven del cuento; el que vive del cuento soy yo [ríe]. Ellos viven de otras cosas, y en teoría deberían hacer su trabajo, y su trabajo es servir. Pero no servir a las instituciones ni a los empresarios ni a los bancos, sino servir al pueblo, que es el que los ha puesto ahí. Creo que están muy fuera de la realidad. Ayer [miércoles 14 de noviembre] hubo una manifestación y una huelga general, y nuestro delegado del Gobierno dijo que había 3.000 personas. ¿En qué mundo vive esa persona? Ayer en Guadalajara yo no pude contar una a una, pero yo he ido a muchas manifestaciones, y es una de las más masivas de la historia de la democracia en Guadalajara. Hay medios que hablan de 15.000. Yo no lo sé, pero desde luego 10.000 había. Y el delegado dice 3.000. ¿A quién está diciéndole eso? ¿Es que los políticos no se dan cuenta de que hay un clamor, de que hay gente hablando? ¿O es que creen que somos idiotas o nos quieren engañar? ¿O es que no saben contar? A lo mejor es eso, y por eso el informe PISA da estos datos que da, que tenemos problemas en matemáticas. A lo mejor es que lo hacen midiendo las capacidades numéricas de los políticos que tenemos en España. Es una cosa asombrosa. Por lo tanto, y volviendo a tu pregunta: sí, son un mal público.

La situación de crisis que se vive actualmente en España, ¿es un buen o un mal cuento? 

Las crisis siempre son buenas. Yo parto de esa premisa, porque las crisis son motores de cambio. Desde luego, hay cosas que están mal. Por ejemplo, está mal esta democracia que tenemos tan extraña, con esta Ley d’Hondt tan extraña, con estos políticos tan extraños. Entonces, a lo mejor, quién sabe, la crisis está sirviendo para que la gente se movilice, actúe, trabaje, reaccione, sea responsable, y quizá todo esto desemboque en un cambio. Las crisis son buenas, lo que pasa es que son una puñeta mientras duran porque lo pasas mal, la situación es fastidiada. Imagínate, si no tienes dinero para comer; hay gente que está siendo desahuciada, ¡gente que se suicida! Pero la crisis tiene que acabar, y cuando acabe, la cosa tendrá que estar mejor.

¿Tendrá un desenlace feliz?

Siempre, siempre. A lo mejor pensamos: ‘el desenlace está ya’. No, porque si no ha salido bien, seguramente es solo un paso más dentro de la misma estructura interna de la crisis. En principio la crisis tiene cosas incluso positivas. Por ejemplo, creo que la actitud de la gente ha cambiado mucho con respecto al dinero, o al consumismo, a cuestiones que antes no nos planteábamos mucho: con respecto a la manipulación, a los medios. Esto hace que la gente reflexione, y eso es bueno. Cojamos lo positivo de la crisis. 

¿Quién está contando o escribiendo la crisis: los ciudadanos, la gente de a pie, o los políticos?

La historia siempre la escriben los que han vencido. Los políticos siempre han tenido un altavoz, pero eso no les da derecho a utilizarlo mal. El pueblo los ha puesto ahí para que administren lo público, para que mejoren nuestras vidas. Que utilicen los medios y ese altavoz para otras cosas es ilegítimo. Ganar unas elecciones no quiere decir un cheque en blanco, solo que tienen cuatro años de trabajo durísimo, bregar con la situación que hay y escuchar al pueblo. Yo puedo entender que haya que tomar medidas drásticas, por ejemplo: ‘se tienen que bajar estos beneficios sociales, se tiene que recortar aquí, nosotros somos los primeros en dar ejemplo…’. Y también hay que cuidar la cuestión formal; no puedes decir: ‘se recortan los derechos de los parados’ y al mismo tiempo decir: ‘que se jodan’. Eso no lo puedes hacer, eso es un desprecio completo y absoluto, eso es vivir fuera de nuestra realidad. Que se usen los medios para tergiversar, manipular, falsear, engañar... es algo que los políticos deberían perseguir, no alimentar y, desde luego, no ejercer. 

Con la situación actual, y recurriendo a uno de sus cuentos (Cuento para contar mientras se come un huevo frito), ¿en la actualidad podría Juan, su protagonista, comerse el huevo frito o el alcalde o el rey se lo quitarían a Juan y el cuento tendría que tener otro final?

Ese es el primer álbum que publiqué, y me acuerdo de que cuando salió me llamó mi tía, que fue la que hizo la traducción al catalán, y me dijo: “Me ha sorprendido mucho que todo el mundo le manda al rey en este cuento”. En ese sentido, la ciudadanía tiene unos políticos para que ejecuten y para que vaya la cosa en ese sentido, en beneficio de toda la comunidad. Ellos son los que hablan, es la gallina, es la tía, es la abuela, los que van diciendo: ‘no, hagámoslo así’, y al final el alcalde, el rey son los que obedecen y hacen. Lo que no sé no es si Juan se comería el huevo, ¡sino si el huevo llegaría a Juan! [risas] tal como está ahora mismo el cuento, porque entre el alcalde y el rey ya habría que poner por lo menos un banquero, que diría: ‘¿dónde va un huevo entero para el niño?’. El alcalde cogería medio huevo, y el rey se quedaría con las cáscaras… Y cuando fuera Juan, le dirían: ‘no…, que había un huevo… Que si tenías hambre, pues que sepas que estaba riquísimo’…

Usted participó recientemente en la programación en contra del cierre del Teatro Moderno de Guadalajara. Se cierran teatros, se sube el IVA… Como narrador oral, ¿qué le parecen los recortes que está sufriendo la cultura en España? 

Puedo hablarte en vez de como narrador como autónomo, porque yo soy autónomo. Yo llevo años promoviendo entre otros narradores que tengamos una situación legal, porque nosotros vivimos en muchos casos de lo público, de bibliotecas, escuelas, teatros... que te contratan. Entonces, es conveniente pagar impuestos; yo soy un fervoroso defensor del pago de impuestos, porque me encanta ir por las carreteras. ¿Qué es lo que está pasando ahora? Que ahora me han subido los impuestos del 8% al 21%, que es una subida demencial. Antes de empezar a contar, un 42% de mi facturación es para el Estado. Para mí no hay problema, como si fuera un 60%, siempre que eso revirtiera en lo público. Si yo pago un 60%, y a cambio mis hijos tienen un colegio bilingüe público, una universidad fantástica con los mejores profesores y los hospitales son los mejores, no el 60, yo doy el 80%  de mis impuestos. Pero no, yo estoy dando un 42% y además todos los servicios públicos están recortados. Lo que tienen mis hijos es cada vez peor. Mi mujer se tiene que operar de las manos, es profesora y obviamente no tener las manos bien le afecta a la hora de hacer su trabajo. Si está de baja, no va a cobrar, tendrá que ir a clase sin poder coger tizas ni a los niños de infantil, que no son dos ni tres, que pueden ser 29. Esta es la educación pública que nos están dejando. Ella ha estado muy pocas veces de baja, pero ahora se tiene que operar. Además, la operación no es de ahora, lleva meses en lista de espera. Después de la operación, por los tres primeros días no va a cobrar nada, luego le van dando un poquito, y hasta los 21 días no cobras tu sueldo. Entonces, ¿qué pasa? Que cada vez hay más profesores que van con fiebre o con gripe a dar clase o a lo que sea. 

Yo quiero pagar impuestos, pero no quiero ver que a cambio lo único que se hace es dar dinero a la banca. 50.000 millones para Bankia. Yo no soy economista, no tengo ni idea, pero un tipo como yo piensa: ‘con 50.000 millones, si los repartimos entre todos, yo me quito la hipoteca, e igual que yo, el resto’. Y de pronto el banco tiene 50.000 millones y nosotros estamos sin hipotecas. Pero claro, se dice: ‘eso no se puede hacer, cómo se va a poder hacer…’. Sí se puede dar dinero al banco, pero a nosotros no. Y ese dinero y esa deuda que se genera sale de nuestros impuestos, de nosotros, los ‘curritos’. Porque los tipos que tienen mucha pasta tienen muchas formas de no pagar impuestos. No sé, es complejo, no como en los cuentos donde todo está bastante natural, organizado, comprensible, y aquí, en nuestro día a día, no. Además, en los cuentos el malo sabes quién es; no tiene dobleces, el malo es malo y el bueno es bueno. No hay equivocación para el que lo escucha, no como aquí.

Respecto al cierre del Moderno, acaba de salir la campaña de captación de socios para evitar su cierre. ¿Cómo se puede animar a la gente en estos tiempos que corren para que se sume a la causa?

Creo que conseguir que una asociación popular como la Asociación de Amigos del Moderno se hiciera con la gestión del teatro sería una pequeña victoria muy simbólica. Solo por eso ya merece la pena. Nosotros vivimos el cierre del Teatro Moderno como un mazazo. Ya el año pasado, el cierre de ‘La linterna mágica’ para mis hijos fue increíble. Ellos llevaban años yendo y en ese programa proyectaban películas de la historia del cine, mudo, en blanco y negro… fantásticas. Han hecho críticos, niños capaces de ver y comprender cine, no solo comercial, una experiencia que no había otra forma de acceder a ella. Cuando cerró, mis hijos se quedaron anonadados, y al empezar esta movilización, ellos fueron los primeros en sumarse. De hecho, ayer mismo estuvieron en casa haciendo un corto para animar a la gente a hacerse socia. Yo creo que solo por beneficio democrático, por lo que lleva de carga simbólica, merece la pena intentarlo. Si lo conseguimos, es como lo que parece que está pasado ahora mismo, y salvando las distancias, con los desahucios, donde la movilización del pueblo ha servido para que los políticos se pongan en marcha.

Precisamente, el día de su actuación contra el cierre del Moderno narró un cuento de Caperucita Roja que acababa con la niña devorada por el lobo. ¿Por qué en general los cuentos suelen tener un desenlace edulcorado?

No todos. La versión que conté el otro día es la más antigua que conocemos, la  que recogió Perrault. Desde hace muchos años, esta peste de lo políticamente correcto va inoculándose en todos los estratos de la sociedad. Pero no es de ahora; la versión de los hermanos Grimm 50 años después ya es distinta, ya aparece el cazador. ¿Por qué? Porque ‘uy, pobre Caperucita, que se la come el lobo, pobrecita...’. ¡Cómo que pobrecita, vamos a ver…! [risas]. ¡Si ha desobedecido a la madre! Si tú a tu hijo le dices: ‘no cruces por la calle o ve por el paso de cebra’ y no te hace caso, le van a atropellar y le van a matar. Lo que tiene que estar es entrenado para la vida. Por eso es importante que la tragedia suceda en la ficción, porque así cuando llega a la vida uno está preparado. Por eso los cuentos nos construyen, nos ayudan a formarnos. Si un día llega un lobo por la calle, sabes cómo actuar. Si haces que la ficción no sea trágica, sino que sea ‘Disney-happy-flower’, pues en vez de entrenarte para la vida, sirve para desentrenarte y decir: ‘lo que mola es la evasión’. No se trata de evadirte;  sí es verdad que a veces sirven para eso, pero también para que cuando has visto una buena peli, salgas y rumies, para alimentarte. Entonces, a Caperucita hay que comérsela. Los niños tienen que saberlo.

Usted publica en su Twitter (@pep_bruno) cuentos diarios en apenas 140 caracteres. ¿Se atreve a contarnos uno ahora mismo?

En realidad son 130, porque tengo que poner el hashtag [#CuentoPB]… Si queréis os cuento el de ayer. Decía: “El político en su despacho oía al pueblo rugir. Pensó q era el mar rompiendo las olas, pensó q iba en un barco, pensó q no naufragaba”.

¿Cómo es la experiencia de contar un cuento en 130 caracteres?

Los cuentos tuit son para mí una experiencia estupenda, porque es un juego, es como gimnasia. A pesar de todos los frentes que hay abiertos, que si el Teatro Moderno, que si la crisis, las huelgas, las manifestaciones, el trabajo… porque yo ahora trabajo para trabajar. Te pasas horas, horas y horas pensando proyectos, desarrollando programas, enviando propuestas. Y a veces los mandas a 50 bibliotecas y una te dice que sí, muchas te dan las gracias pero te dicen: ‘no tenemos dinero’… Y a pesar de todo eso, siempre tengo un momento al día, aunque sea pequeño, de sentarme y decir: ‘bueno, hoy un cuento’. Y es alegre. Es una cosa muy gratificante porque en realidad es lo que me gusta. Contar y escribir es lo mío. Más que manifestarme y dar mis opiniones, o hacer mis facturas trimestrales o estar de huelga… Y es el mejor momento. Además, a mí me da músculo, no dejas de escribir. Yo antes publicaba un cuento semanal en El Decano, esa revista que hemos tenido durante años en Guadalajara. Escribí este cuento semanal durante 17 años. Me ponía todos los domingos a escribir y me llevaba dos o tres horas, pero era el mejor momento de la semana. Ahora ya escribo mis cuentos para publicar, pero no tengo tanto método como antes; en cambio ahora con los cuentos tuit he recuperado esto de que todos los días, aunque sean 10 minutos, tengo que sentarme. Y eso es lo que hago, porque escribir el cuento no es que te caiga en la cabeza, sino que tienes que sentarte, parar.

Le vamos a proponer otro juego con personajes característicos tradicionalmente de los cuentos. Usted nos tiene que decir qué persona real en la actualidad podría interpretar ese personaje de cuento y por qué. Vamos allá:

* El príncipe: El príncipe se supone que tiene el poder, y simboliza además esa cosa positiva. Pues sería el pueblo.
* La princesa: Depende, hay princesas y princesas. Hay una princesa a la que le gustaría casarse con tres maridos, y acaba casándose con los tres. Es un cuento tradicional maravilloso, esa princesa mola [risas]. Es complicado, estos personajes son un poco ambiguos…
* El lobo: El lobo está muy definido, siempre es malo. El mercado es el lobo. En realidad, si te fijas, el lobo no hace nada más que lo que tiene que hacer, no es que sea malo, sino que se come a la gente. El problema del mercado es que lo hemos creado nosotros y le hemos dicho: ‘ponte a funcionar’. Le hemos dado tanto poder…
* La madrastra: Es la que siempre actúa con doblez, el personaje que más antipático ha evolucionado. Tiene un claro papel, es mala y actúa por propio interés. La madrastra hoy son los políticos. Quiere acabar con Blancanieves y, sin embargo, al final es la que muere.
* La bruja: El banquero podría ser la bruja, no tanto en el sentido tradicional del cuento, sino en el que le dio Roald Dahl, estas brujas que aparentemente eran muy atractivas, pero que cuando te descuidabas te comían o convertían a los niños en ratones. ‘Estamos con vosotros. ¿Tenéis hambre? Coged chocolate de la casita, no hay problema’, y cuando entran dentro, ¡ra! ¡Al horno! [risas]. Además los bancos, igual que las madrastras, son insaciables.

¿Qué es lo que tiene que tener el cuento perfecto?

Tiene que tener unos personajes bien definidos, que tengan muy claras sus motivaciones, es decir, el ‘pero’ del que hablábamos antes; eso pone al personaje en funcionamiento y ayuda a que tenga una acción bien definida; y una trama fantástica, por supuesto con una resolución redonda. Si consigues todo eso, has hecho el cuento perfecto. Claro, es difícil.

¿Se puede educar en los valores adecuados a los niños a través de los cuentos? ¿Debería ser una de sus máximas?

Los cuentos, ya lo decían los clásicos en Grecia y más allá, hablaban del cuento como algo que servía para educar deleitando. Transmitir valores, conocimientos, y entretener, emocionar… Estas son dos funciones, pero hay muchas más. Por ejemplo, trabajar la memoria. La memoria es importante. Si no sabes quién eres o cómo has llegado hasta aquí no te importará perderlo. No te importará que se desmonte la sanidad si no sabes lo que ha costado tenerla. Por eso es tan polémico el tema de la memoria histórica. Los cuentos trabajan mucho la memoria, trabajan la imaginación, y la imaginación es importante porque hace que tú seas capaz de ver otro mundo posible, una salida distinta a la que te están proponiendo. Es distinta a la fantasía, porque con la fantasía te evades, pero la imaginación sirve para transformar. La memoria y la imaginación juntas hacen la creatividad, haces cosas nuevas, aportan valores, dan vocabulario, que parece una tontería, pero las palabras lo son todo. ¿Qué son las ideas? Palabras. Si no eres capaz de organizar las palabras, no tienes ideas. ¿Qué son los sentimientos? Si tú no eres capaz de expresar lo que sientes, no sientes. Tener un vocabulario amplio te da un mundo grande, dentro y fuera. Cervantes, en su lengua habitual, utilizaba unas 25.000 palabras; sin embargo, hoy en día la gente utiliza unas 2.000 o 3.000 palabras. Paradójicamente, el mundo de Cervantes era más grande que el nuestro. O sea, que los cuentos alimentan, pero hacen más cosas. La estructura interna de un cuento es exactamente igual a la estructura interna del pensamiento. Entonces, cuanto más cuentos, más ejercicio estás haciendo y más músculo tienes para pensar. 

¿Qué es lo que se hace? Se arrincona toda la ficción. Nos estamos alimentando ahora de una ficción que viene de fuera adentro. La ficción de la televisión, por ejemplo, es una ficción colonizadora, son imágenes que entran y ya no te las puedes quitar de la cabeza. Siempre pongo el mismo ejemplo: si yo te hablo de Mc’ Donalds, tú ves el logo de Mc’ Donalds. No lo veas, no veas Mc’ Donalds. Es imposible, estás colonizado. Sin embargo, la ficción de los cuentos trabaja de dentro hacia fuera, trabajas tú y eso se proyecta hacia fuera. Eso es mucho mejor, es más sano, te hace crecer. Además, los cuentos crean comunidad, etcétera, etcétera… Los valores son muchos, y educar es uno de ellos, de los más importantes, por eso hay que tener cuidado también, porque hay cuentos que son fantásticos para contar, pero la transmisión de valores que hace a lo mejor no es la misma que la de los valores en los que tú crees. La selección previa que tú haces en casa es laboriosa para conseguir que los cuentos que tú cuentes de alguna manera piensen como piensas tú. 

Para terminar, ¿qué cuento le contaría a Rajoy esta misma noche? 

Creo que el cuento tuit de ayer que os he dicho antes estaría muy bien para Rajoy. De todas formas, los políticos y en general todo el mundo estaría bien que leyéramos, contáramos, escucháramos más cuentos. Yo ahora estoy empeñado con los cuentos de Esopo. Yo colaboro en la SER y todos los lunes cuento un cuentecito de Esopo, y es sorprendente lo que contaban, porque hace unos años esos cuentos no me llamaban la atención, pero en la situación que estamos viviendo ahora te das cuenta de que esta sociedad, que ha ido creciendo, se ha tenido que sostener en muchos cuentos que han ido imaginando otras posibilidades y te van alertando de los peligros. Por ejemplo, muchas veces en estos meses cuento en la redes sociales: ‘hemos puesto a la zorra a gestionar el gallinero, quien no cree en lo público está dirigiendo lo público, se están comiendo las gallinas’. Todo esto son cuentos de Esopo. Este pasado lunes contaba un cuento de unas ranas que quieren un rey. Zeus les manda un madero. Lo tira a la charca y todas se esconden. Luego ven que el madero no hace nada, se acercan, suben al madero, dicen: ‘este rey es una porquería’ y le dicen a Zeus: ‘que no, que queremos un rey’. Entonces Zeus, enfadado, les manda una cigüeña, y cuando llega la cigüeña, pues ‘ñaca-ñaca-ñaca’, se come a todas las ranas. Y acaba la moraleja diciendo: es mejor tener un político tonto que no haga nada, que un político malo, que se come al pueblo. Esto lo leemos hace cinco años y decimos: ‘qué cuento más estúpido’; sin embargo lo ves ahora y dices: ‘caray con Esopo, qué moderno es a pesar de tener 2.500 años’. 

¿Y a Ángela Merkel? Y en un plano más concreto, ¿a María Dolores de Cospedal? ¿También alguno de Esopo?

Sí, yo ahora soy devoto de Esopo. Sabes que se acerca una zorra al redil donde están las ovejas y ve un corderito y piensa: ‘hum, este cordero me lo voy a comer’. Y cuando está justo al lado del corderito se acerca el perro y le dice: “¿Dónde vas?”. “Uy, aquí con este corderito tan estupendo. Le acaricio, le cuento cuentos, estoy con él, le acaricio…”. Y le dice el perro: “Pues como no te vayas de aquí te voy a dar yo caricias de perro”, que es un poco lo que necesitan saber los gobernadores, que no está solo la zorra ni estamos solo los corderos, también hay perros dentro del corral. Hay gente que no quiere que las cosas sigan así, y que como sigan así van a recibir caricias de perro. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar?

El 19 de noviembre de 2012 se publicó esta entrevista que me hicieron para la web Boolino, especializada en LIJ. Aquí puedes leerla directamente en su web. También la tienes aquí debajo. Espero que algunos temas de los muchos tratados (libros, lectura, narración oral, animar a leer en casa, creación, etc.) os interesen. 

 

 

PEP BRUNO 

Escritor y narrador, está licenciado en Filología Hispánica (Universidad de Alcalá de Henares) y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (Universidad Complutense de Madrid), y diplomado en Trabajo Social (Universidad Pontificia de Comillas). Ha realizado bastantes cursos de formación complementaria sobre: creatividad, teatro como recurso educativo, formación en educación sexual, etc. 

En el ámbito universitario ha trabajado cuatro años en la primera edición crítica de las obras completas de Jorge Luis Borges. Comenzó a contar cuentos como profesional en 1994 y esa sigue siendo, a día de hoy, su profesión y su pasión. Cuenta cuentos a público infantil, juvenil y adulto; ha contado por toda España, y también en otros países: México, Portugal, Perú, Chile, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Bolivia, Guinea Ecuatorial, Suiza, Bélgica, y Túnez, participando en ferias, festivales y eventos importantes de narración oral.

Imparte talleres literarios y de creación; organiza actividades de animación a la lectura; escribe artículos especializados, da cursos y conferencias… en universidades, colegios, centros de profesores, bibliotecas, casas de la cultura, etc.

También escribe: ha publicado durante 17 años un cuento semanal en la revista El Decano de Guadalajara. Colabora con la radio SER Guadalajara desde 2004. Y mantiene tres blogs: uno sobre narración oral y su día a día –como narrador, lector, editor, escritor…- (www.tierraoral.com), otro sobre toponimias fantásticas (http://toponimiafantastica.blogspot.com) y un tercero sobre la editorial Palabras del Candil (http://palabrasdelcandil.blogspot.com)... además de andar bastante enredado con las redes sociales (twitter y facebook). Y hay que añadir que tiene unos hijos la mar de lectores y también tienen un blog donde reseñan sus lecturas.

ENTREVISTA

 

¿Por qué narrador oral?

Podría contestarte de una forma sencilla: porque tengo algo que contar y hay quien quiere escucharlo. Pero en realidad la cosa no es tan simple. Contar cuentos es un oficio viejo (tan viejo como el ser humano) y especial (porque es un oficio artístico y muy depurado), pero sobre todo es un oficio bastante invisible: no conozco a ningún niño que, cuando le preguntan qué quieres ser de mayor, diga: cuentista. De hecho tampoco conozco a ningún profesional de contar cuentos que llegara hasta aquí porque “quería ser narrador oral”. Tengo una teoría algo peregrina al respecto: creo que no somos nosotros los que elegimos vivir de contar cuentos, sino que los cuentos deciden de quien se apropian para pervivir en gargantas y corazones. Por lo tanto, cuento cuentos porque ellos habitan confortablemente mi garganta, de hecho se encuentran tan cómodos que he podido hacer de esto mi oficio.

Eres socio fundador de AEDA, Asociación de profesionales de la narración oral en España, ¿en qué consiste? Y ¿qué le aporta? 

En 2009, tras varios años de encuentros de narradores, vimos la necesidad de promover una asociación en la que, quienes habíamos hecho de contar cuentos nuestro oficio, pudiéramos sumar fuerzas y voces, un lugar que promoviera espacios para la reflexión (pensar y pensarnos), un modo de dar visibilidad a nuestro oficio, para aglutinar sinergias, etc. Son muchas las líneas de trabajo que desarrollamos con esta joven asociación, pero van dando sus frutos (como la revista El Aedo, cuyo tercer número está gestándose ya; o el encuentro del FEST que organizamos en Toledo para representantes de asociaciones, festivales y escuelas de narración oral de toda Europa; o la flamante web que estrenamos hace apenas unos días).

¿Recuerda qué libro marcó su infancia?

Muchos libros marcaron mi infancia. Por citar uno: recuerdo un libro maravilloso de Sebastià Sorribas: El zoo de Pitus, creo que publicado en La Galera, un libro que me encantó, que releí en varias ocasiones y que también he disfrutado leyendo a mis hijos. Pero, como os digo, muchos libros marcaron mi infancia: El negrito Sambo (hoy hay una hermosa edición de este cuento titulada Bábachi, en ed. Juventud), los libritos de Mafalda, las aventuras de Los Cinco y Los Hollyster, Julio Verne, Agatha Christie...

Tengo también un recuerdo sobre el libro que marcó mi paso de la infancia a la adolescencia, fue La Peste, de Camus, recuerdo a mi padre dándome el libro de su biblioteca, la primera avanzadilla de un bosque posible de lecturas en el que perderse. Tenía dieciséis años [cuento más sobre esto aquí]. 

Además de narrador oral también eres escritor. ¿Cuál fue el motivo de empezar a escribir historias?

Desde muy pequeño he escrito cuentos, tengo recuerdos de infancia, con el papel de impresora (aquel continuo, en zigzag) que traían mis padres reciclado de la oficina y que yo utilizaba para escribir e ilustrar cuentos. Siempre he soñado con escribir, con publicar, con ser escritor. De hecho empecé a contar cuentos porque estaba en un lugar en el que se invitaba a contar al público y yo, que acababa de escribir un cuento esa misma tarde, me levanté para contarlo. Y así comenzó todo. Contar cuentos de viva voz y contarlos en el papel son, al fin y al cabo, dos formas de contar. Y eso es lo que yo hago, cuento historias.

Cuéntanos un poco más sobre su trabajo, ¿cómo es tu proceso creativo a la hora de ponerte a escribir una historia? ¿Por qué libros infantiles?

Antes de ponerme a escribir debo sentir que tengo algo que contar. Generalmente todo lo que me rodea es susceptible de provocar un chispazo, un detonante que se convierte en el punto de partida de una historia. Para ello trato de vivir despierto, extrañando la realidad, como si todo lo que viera a mi alrededor fuera nuevo. Obviamente no estás en alerta continuamente, pero sí en cualquier momento cotidiano puede suceder algo que, sin proponértelo, sea la palanca que levante la realidad y muestre algo nuevo, insólito, inesperado. En ese instante se pone el engranaje en marcha.

Generalmente tomo notas en mis cuadernos sobre posibles ideas o momentos que me han resultado sugerentes y, cuando me siento frente al ordenador, me pongo a trabajar sobre esos esbozos. El proceso puede durar una tarde o cinco años (como La siesta de los Enormes) y es muy demorado: suelo dejar los textos reposando para distanciarme de ellos y mirarlos con ojos limpios semanas o meses después. Tiro muchas historias que no me convencen (en su estructura o desarrollo o conclusión) y me gusta pulir el texto hasta que suena bien (leído en voz alta) y me resulte verosímil, creíble.

Publico muy poco porque este proceso resulta fatigoso y porque escribir tiene que convivir con otras de mis pasiones: leer, contar, reflexionar sobre mi oficio, impartir cursos... (por no hablar de las grandes pasiones como mi familia).

En cuanto a la pregunta de los libros infantiles. Yo siempre he escrito para adultos, jóvenes y adultos, pero mi trabajo contando cuentos me permitió acercarme a los niños y escribir cuentos para ellos. Sigo escribiendo para adultos pero ahora también me atrevo a escribir textos que pueden leer, comprender y disfrutar los niños (para mí este lector es el más difícil). 

De cualquier manera escribir para niños me permite soñar álbumes ilustrados, un ámbito en el que me encuentro feliz: libros creados a seis manos (autor, ilustrador, editor), pequeñas obras de arte en las que texto e ilustración se abrazan para contar una historia. Un espacio de felicidad para mí.

Y en el momento de realizar una sesión de narración oral, ¿qué es esperas de los pequeños asistentes? ¿Cómo te sientes después de una sesión? ¿Qué prefieres contar a pequeños o a grandes?

A la hora de contar espero, por parte del público, una participación activa: el cuento se sostiene entre todos (narrador y auditorio) y un público desaparecido significaría la ruina de un cuento. Ojo, que esa participación activa no quiere decir presentarse voluntario o gritar o interrumpir a cada palabra o cosas de esas; participación activa significa  sentirse parte implicada de lo que está sucediendo en ese momento, parte responsable (atender, visualizar, participar si el cuento lo requiere, etc.).

Tras una sesión de cuentos suelo encontrarme agotado y feliz. Agotado porque se deja uno hasta el último gramo de energía en lo que hace (al menos en mi caso la entrega es total) y feliz porque el acto de contar y escuchar, de participar juntos en el desarrollo del cuento, es siempre gratificante. 

En cuanto a mis preferencias sobre el público, no tengo ninguna en especial. El mejor público es el que tiene ganas de escuchar (ya sea infantil, juvenil o adulto).

En boolino estamos convencidos de que tenemos que conseguir que las niñas y los niños lean más para que se diviertan y, además, cuando sean adolescentes y adultos sigan haciéndolo, y hayan desarrollado más sus capacidades cognitivas. ¿Qué les recomendarías a los padres que quieren que sus hijos sean buenos lectores? Sabemos de la pasión de tus hijos por la lectura, así que seguro que tiene muchas ideas que nos gustaría que pudiera compartir con las familias que nos siguen, así como con los profesionales. ¿Piensa que son importantes las historias de tradición oral para crear ese hábito lector en los más pequeños?

Coincido con vosotros en que es fundamental acercar la lectura a los niños y niñas. Y es que leer, hay que leer (quizás os apetezca echar un vistazo aquí: http://tierraoral.blogspot.com.es/2012/05/leed-leed-malditos.html). 

Hay muchos artículos y decálogos y propuestas para animar a leer en casa. Personalmente nosotros seguimos dedicando un tiempo y un lugar para la lectura en casa todos los días (sin otros ruidos o entretenimientos), además nuestros hijos nos ven leer, comentar y disfrutar lecturas (por lo tanto somos modelos para ellos) y les leemos mucho en voz alta (por la noche o cuando vamos de viaje). Para nosotros la lectura es una actividad gratificante y compartida. Una actividad feliz.

Y por supuesto, hay muchos cuentos en casa (como dice Blanca Calvo: a leer se aprende por la oreja). Desde que los niños estaban en la barriga de su madre les andamos contando cuentos. Y todavía seguimos contando (el mayor tiene ya trece años).

Actualmente contamos con otros nuevos formatos o soportes en los que poder leer. ¿Crees que son compatibles las diferentes opciones de lectura? O, por el contrario, ¿cree que en diez años el papel se extinguirá?

Aquí quiero ser algo radical. Creo que no hay tiempo para todo, igual que creo que debe haber un proceso, un camino lógico. Pienso que es un error que los niños, al menos hasta los nueve años, tengan que enfrentarse a una pantalla. El camino, desde mi punto de vista, es otro: álbumes ilustrados, libros en cartoné, lectura en papel, lectura en voz alta, lectura compartida... Este proceso debe buscar la consolidación de una lectura sosegada, demorada, reflexiva. Esto ha de ser un aprendizaje continuado y perseverante. Ya habrá tiempo para la lectura saltarina e infinita de las pantallas.

La interactividad de las pantallas resulta demasiado atractiva para ayudar a consolidar esta lectura de la que hablo. Hasta, insisto, por lo menos los nueve años, yo no dejaría que los niños leyeran (ni jugaran) con pantallas. Es imprescindible hacer de la infancia un territorio lleno de tesoros: juegos al aire libre, con otros niños, juegos tradicionales, cantares... y cuentos. Y nada de pantallas que se vuelan y dejan huecos en el paraíso de la infancia.

Se habla mucho sobre si dejará de publicarse en papel o no. Yo de eso no sé. Yo puedo dar mi opinión: creo que habrá convivencia de distintos formatos de libro, pero no creo que dejen de imprimirse libros en papel.

Conocemos –y nos encantan- tus cuentos tuits que publicas en twitter diariamente e invitamos a nuestros lectores a seguirte (https://twitter.com/pep_bruno) y poderlos leer cada día. ¿Qué ha supuesto para tu trabajo las nuevas redes sociales? Si no es mucho pedir, ¿les dedicarías a nuestros usuarios un cuento tuit? 

Las redes sociales han supuesto mayor visibilidad para mi trabajo. Hace más de diez años que tengo página web (con bastantes contenidos: artículos, enlaces, cuestiones sobre mi oficio, etc.) y cuatro que tengo blog; de alguna manera ya estaba asentado en internet, pero desde que estoy en diversas redes sociales (especialmente féisbuc y tuíter) he conseguido que se conozca más y mejor mi trabajo (el número de visitas ha crecido notablemente).

También es verdad que el caso de tuíter es especial, al menos en cuanto al cuento tuit, porque la inquebrantable frontera de los 140 caracteres y la tozudez de la continuidad (todos los días escribo al menos uno) ha hecho de este ejercicio algo irresistible, un reto autoimpuesto estupendo que, al parecer, también interesa a unos cuantos lectores en red.

Aquí os dejo cuatro cuentos tuit, ojalá os gusten:

Ni cobertura, ni mapa, ni senda para desandar... sólo arena. La excursión por el desierto fue bien hasta la muerte súbita del guía.

Abrió el tarro de mermelada y salieron decenas de mariposas. Leyó la etiqueta: "contiene gusanos, consuma rápido". Había caducado.

Para la cita a ciegas no había que llevar ni gafas ni bastón ni perro lazarillo. Pero eso lo supe después, cuando se marchó enfadada.

El primer día de clase la profesora les pidió que dibujaran lo mejor del verano. Todos dibujaron el primer día de vacaciones.

Y para finalizar, abusando de la oportunidad brindada, nos atrevemos a pedirte que nos recomiendes algunos libros para conseguir despertar en nuestros pequeños el amor por la lectura.

Me gusta mucho leer (si os habéis fijado, solo en tierraoral.com tengo reseñas de más de 300 libros en estos tres años), pero disfruto especialmente con algunos autores como Roald Dahl, Antonio Rubio, Ursula Wölfel, Pablo Albo, David McKee, Andrés Barba... No soy muy amigo de novedades y sí de libros que resisten el embate de la novedad (y las novedades). 

Pero os voy a dejar unos títulos recomendados para Boolino.

-Para los más pequeños sé que están a punto de publicarse cinco libritos maravillosos de Estrella Ortiz, entre ellos uno extraordinario (todos lo son) titulado Cada cosa en su lugar, en ed. La Fragatina.

-Para primeros lectores os recomiendo los álbumes de Julia Donaldson y Axel Scheffler, especialmente El grúfalo. Están traduciendo y publicando otros álbumes de este tándem con un formato estupendo en McMillan.

-Para lectorcitos hay un libro delicioso: El oso que no lo era, de Frank Tashlin, en Alfaguara.

-Para jóvenes lectores avezados quedé deslumbrado con El salvaje, de Antoni Garcia Llorca en SM.

-Para gourmets tenéis Bombástica naturalis, de Iban Barrenechea, en A buen paso.

-Y para adultos, os recomiendo el fantástico Vean ve, mis nanas negras, de Amalia Lu Posso Figueroa, en Palabras del Candil.

Muchas gracias por tu atención y mucho ánimo en poder continuar con tu profesión de narrador de cuentos.

Link de interés:  

www.pepbruno.com

www.tierraoral.com

 

Esta extensa entrevista fue publicada en Octubre de 2012 en la Web LitOral, en su Boletín nº 64. Podéis verla (con algunas fotos) directamente en la web, o aquí debajo.

Hablo sobre mi oficio, contar cuentos, además de otras cuestiones como cuentos tradicionales, poesía, Palabras del Candil, etc.

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¿Desde cuándo te dedicas a contar cuentos de forma profesional?

Cuento de manera profesional desde 1994. Fue en ese año cuando comencé a cobrar por contar cuentos, aunque ya llevaba un par de años contando cuentos y muchos años más escribiéndolos.

¿Podrías hablarnos de la herramienta principal de tu trabajo, la palabra? ¿Qué dimensión adquiere a través de la narración oral?

La palabra lo es todo: es la carretera por la que circula el cuento, es también el vehículo que lo transporta, es el puente entre el narrador y el escuchador. Y más, más: la palabra es la tierra sobre la que me sostengo, en la que planto y en la que crecen los árboles que riego y cuido y me cobijan.

Resulta fundamental conocer las palabras y sus significados, su ubicación en la narración, su valor, sus sentidos, el juego que nos ofrecen, su ritmo, su etimología... la palabra es la materia de la que estamos hechos.

Además sucede que la manera de contar también cuenta. Por eso las palabras con las que contamos una historia, también cuentan en la narración de la historia (no solo por lo que dicen, sino por cómo lo dicen).

¿Y cómo definirías ese conglomerado de palabras llamado cuento desde tu experiencia profesional?

El cuento es una sucesión de acciones. Una trama en la que personajes con distintos intereses acaban enredados. Pero además es un trasunto de los días, de nuestros días; un espejo en el que mirarnos; una tierra en la que florecer los sueños (y las pesadillas); un espacio de anhelos y advertencias; un lugar de imposibes posibles; alimento para el alma, nutriente que nos humaniza.

 

¿Qué lugar ocupa lo poético en la narración oral? ¿Es el narrador oral fundamentalmente un transmisor de poesía?

La oralidad comparte elementos de la poesía en cuanto a la forma de lo dicho, el ritmo (el cursus del discurso), las figuras retóricas en juego... pero no comparte otros elementos, entre ellos y fundamentalmente, lo constreñido del papel: el texto fijado y por siempre idéntico. El texto oral surge en un espacio de libertad, en un contexto único e irrepetible que sobrevuela el texto fijado por escrito. Y ese contexto es determinante para lo oral: determina su forma (que, como el contexto, acaba por ser única e irrepetible). 

Los textos que eran contados/cantados por los antiguos aeda comparten estructuras rítmicas e isosilábicas que permiten su mejor memorización, de aquel sustrato ritmado, cantado, con estrofas intercambiables, se desgajó la poesía y continuó su propio camino (de textos únicos que podían ser recitados, cantados, leídos individualmente, pero no modificados) mientras que la narrativa (ya en prosa, ya en verso) proseguía su andadura.

La vinculación pues entre narración y poesía es profunda y viene de lejos. Pero pienso que, actualmente, los narradores no somos transmisores de poesía (aunque a veces incluyamos en nuestros repertorios poesías o textos en verso).

En cuanto a lo poético versus lo prosaico: la narración oral se muestra como un modo de contar los días, de contarnos, de extrañar la realidad y hacerla brillar. Por eso es en sí poético. 

 

¿Qué cualidades debe tener un cuento para que pase a tu repertorio? ¿Qué textos lo forman? ¿Hay alguno que signifique algo especial para ti? 

Debe ser un cuento que objetivamente sea bueno (por su estructura, su historia, sus recursos...) y que subjetivamente me resulte interesante (por los temas que toca, por cómo piensa, por cómo lo cuenta...).

Mi repertorio está formado por textos que provienen de tres vías distintas: cuentos tradicionales (de tradiciones diversas), cuentos de autor (fundamentalmente para público infantil: porque me interesa que los niños y niñas puedan encontrar los libros donde se alojan los cuentos que cuento) y una tercera vía es la de los textos propios (que inicialmente formaba el grueso de mi repertorio y que con el paso de los años se ha quedado en algo casi testimonial).

Sí, hay muchos cuentos que significan mucho para mí, la lista sería larga: porque fue el primero que conté en público, porque fue mi primer gran cuento (que conté miles de veces), porque me emociona siempre que lo cuento, porque es mi cuento más largo (y mi reto más largo: tengo algunos cuentos que duran más de 40 minutos, y uno que dura una hora y media). En fin, muchos cuentos, muchos buenos recuerdos.

¿Los cuentos de tu infancia influyeron en tu profesión como narrador?

No, influyó más mi padre, un narrador formidable, un charlatán magistral capaz de tomar la palabra en una reunión familiar y no soltarla en horas consiguiendo que todo el mundo le escuchara fascinado. Casi todo lo que sé como narrador lo aprendí de él (sin saber que me estaba enseñando, sin saber que estaba aprendiendo). No me contaron muchos cuentos en mi infancia (tenía discos de vinilo para eso), pero sí escuché muchas y muy buenas historias contadas por mi padre. Y también leí mucho.

¿Qué papel tiene el narrador oral en la sociedad actual teniendo en cuenta los nuevos usos y costumbres en relación con el ocio?

El narrador oral sigue teniendo el papel de transmisor de la palabra, de portador de la ficción, pero también es el bufón que critica con el verbo acerado, el trovador que canta al amor imposible, el griot que preserva la sabiduría y la tradición, el cuentista que distorsiona la realidad hasta tocar su corazón...

El narrador debe conocer el pasado, habitar en el presente y habilitar el futuro, y todo ello con solo la palabra y el cuento contado.

Pienso por todo esto que el narrador hoy sigue siendo imprescindible, a pesar de que la competencia en e-ficciones y en “rellenadores de tiempo” sea tanta. Porque, a pesar de toda esta competencia, ninguna toca en lo hondo como lo hace la palabra dicha, ninguna llega adonde llega el cuento contado.

¿Qué te aporta personalmente tu trabajo? ¿Y a los demás?

Creo que soy una persona afortunada: vivir abrazado al cuento es un sueño. Soy feliz con mi trabajo, todos los días. Disfruto buscando cuentos, preparándolos, contándolos, soñándolos. Y siento que con este trabajo también hago disfrutar a mucha gente, emocionarse, soñar, ser felices (al menos por un rato). 

Me siento además responsable por continuar con una tradición vieja, un oficio que se remonta a los orígenes de la humanidad y que seguirá siendo necesario mientras queden humanos en la tierra: contar cuentos nos alimenta y nos humaniza, nos hace críticos y nos ayuda a vivir y a entender mejor el mundo.

Cuando hablas de narración oral, ¿separas el mundo de los adultos del de los niños?

Todos necesitamos cuentos. Parece que la narración oral es algo más cercano a los niños, y esta percepción es debida a que el empuje que este oficio ha tenido en los últimos 30 años (y que lo ha revitalizado) ha venido de la mano de su capacidad para animar a leer (entrando por ello en escuelas y bibliotecas). Acaso este sea el motivo por el que rápidamente todo el mundo asocia cuentos e infancia. Sin embargo siguen siendo necesarios los cuentos: para niños, jóvenes, adultos, viejos... los cuentos son alimento. Quien ha contado en institutos de secundaria o para público adulto comprenderá perfectamente esto que digo. Quien ha disfrutado de una sesión de cuentos para adultos, también.

Las diferencias entre las sesiones de adultos y niños (y cualquier otra clasificación que queramos hacer de públicos) residen en los centros de interés: cada público tiene sus propios centros de interés. Cada edad, cada colectivo, cada persona. Por eso cuando voy a contar a un sitio hago una previsión de cuentos que podrán interesar pero sólo cuando estoy delante del público decido qué cuentos voy a contar, porque “siento” que tal o cual cuento les va a interesar.

Formalmente también hay algunas diferencias por edades, en el sentido en el que yo trato de tensar al máximo la capacidad de atención del público, pero obviamente el tiempo de atención de los niños de tres años es diferente al de los adultos, por eso entran en juego otros recursos (textos más o menos largos, cantados, participativos -nunca con voluntarios, por cierto-, con apoyo de ilustración, etc.) que afiancen la atención del público. 

En el ámbito infantil parece todo demasiado centrado en el fomento de la lectura. ¿Qué otras vertientes encuentras en contar cuentos en edades tempranas?

Que contar cuentos sea la actividad estrella para animar a la lectura ha hecho que este oficio entrara en aulas y bibliotecas y se revitalizara. Pero contar/escuchar cuentos va mucho más allá de animar a leer, son muchas otras las virtudes que pueden colegirse de esta actividad tan vieja como el ser humano: transmite valores/conocimientos, entretiene, desarrolla la capacidad de atención, activa la capacidad de imaginar, aporta vocabulario, promueve una actitud activa y responsable, fomenta la integración/acción comunal, etc.

 

La oralidad antecedió históricamente a la escritura y también cronológicamente en la vida de una persona. Sin embargo, ¿en qué medida el narrador oral se vale de la escritura para expresarse? (contenidos, formas, fórmulas, hábitos…)

Personalmente diferencio mucho entre mi yo-narrador y mi yo-escritor, son caras distintas de un poliedro en cuyo corazón late la pasión por las historias. Así las cosas, las estrategias que uso para escribir o para contar son completamente diferentes. Incluso en el caso de historias que he escrito (y publicado) y que también cuento, las diferencias en ambos registros son enormes: cada territorio (el de lo escrito y el de lo oral) usan herramientas distintas aunque haya puentes que comuniquen ambos. Ahora bien, es cierto que muchas de las historias que acabo contando han llegado a mí por vía escrita (recopilaciones de cuentos tradicionales o textos de autor): este es el apoyo fundamental de la escritura para la oralidad hoy, el papel, el libro, es quien preserva muchas historias que están esperando a los narradores para que les demos vuelo.

 

¿En qué medida crees que los narradores actuales conocen y aplican la tradición a la que pertenecen? 

Hice un breve cuestionario a un grupo de narradores el pasado año para recoger información para la historia de la profesionalización de la narración oral en España, un breve estudio que publiqué en mi web en julio de 2011. En aquel cuestionario preguntaba sobre este asunto y las respuestas fueron bastante desalentadoras: eran pocos o muy pocos los narradores que contaban textos tradicionales y lo que es peor, muy pocos los que la conocían. Y eso, opino, va en detrimento del oficio. Por lo que he podido ver, en Europa, lo habitual es que los cuentistas tengan un grandísimo repertorio de historias tradicionales: ello hace que sean conocedores de la tradición y la cultura, que tengan una gran experiencia narradora (internalizando estructuras tradicionales y manejando herramientas orales que llevan siglos funcionando) y que se sientan portadores de una voz ancestral que se sirve de ellos para existir y, por ello, se consideran privilegiados.

Personalmente creo que todo aquel que quiera formarse como narrador debería pasar una gran temporada (3-5 años) sólo leyendo, buscando y contando cuentos tradicionales. Eso nos daría una formación extraordinaria sobre estructuras internas de cuentos, recursos orales, etc.

  • Sobre contar cuentos populares (ventajas e inconvenientes, bondades y limitaciones, conveniencia o no…).

Como os decía antes, contar cuentos tradicionales es un extraordinario aprendizaje para los narradores. 

También tiene ventajas para quienes escuchan: los cuentos tradicionales son perfectos para ser contados y escuchados (llevan muchos siglos de rodaje de boca a oreja) y son “alimento” natural para el ser humano. Sucede en muchos casos que oímos un cuento tradicional por primera vez y tenemos la sensación de que lo recordamos, y esto es debido a que están íntimamente pegados a nosotros, son nosotros. 

También tiene ventajas para la comunidad, pues los cuentos tradicionales son cultura que debe respirarse para seguir viva: no están en su hábitat en los libros recopilatorios, su espacio natural es el aire de quien los respira, el aliento de quien los cuenta, el corazón de quien los acoge. 

Y por último, es bueno para los propios cuentos. Por ejemplo, que se siga contando estos cuentos hace que se vayan adaptando a los nuevos tiempos y valores y, por tanto, se asegura su pervivencia y utilidad.

  • ¿Qué límites te impones como narrador oral: algún tipo de cuentos que nunca contarías, alguna temática o contexto, un tipo de público…?

Antes de contar cuentos hay un largo proceso de búsqueda, selección, oralización... que viene a ser como un noviazgo entre el cuento y yo. Tras ese “noviazgo” (que a veces me lleva años) el cuento se instala en mi garganta y comienza un “matrimonio” que puede durar toda la vida o una larga temporada o apenas un par de sesiones. 

Tras casi veinte años contando pienso que los cuentos que perduran en mi garganta son los que piensan como yo, o, mejor aún, los que me cuentan mejor. 

Por eso el límite que “naturalmente” surge es el de la convivencia: hay cuentos que he contado muchas veces (miles de veces), si la relación (entre el cuento y yo) no fuera buena, no podría contarlo.

Otra cuestión es qué cuento a cada público, eso no tiene que ver con mi relación con el cuento, sino con mi relación con el público. Trato de contar los cuentos de mi repertorio que sospecho forman parte de los centros de interés del público con el que comparto una sesión. Es decir, si yo tengo un repertorio vivo de 150 cuentos, selecciono entre estos cuentos los que voy a contar cuando estoy delante del público y puedo “sentir” qué les interesará. Lo que está claro es que si esos cuentos forman parte de mi repertorio “vivo” es porque a mí sí me interesan.

Como curiosidad no suelo contar cuentos de pedos o cacas a público infantil, me parece un recurso demasiado fácil. Pero tampoco me fuerzo a ello: es de forma natural que no me interesan (al menos hasta ahora).

  • ¿Cuáles han sido tus mejores experiencias como narrador oral? ¿Y dónde te gustaría contar y por qué?

Contar cuentos siempre es una gran experiencia. A veces (pocas veces) hay sesiones duras, público difícil o contexto contrario al hecho narrativo. Pero, en general, contar cuentos SIEMPRE es una fiesta, un momento emocionante y divertido en el que un grupo de seres humanos comparte la palabra y viaja de la mano a tierras de ficción. Una actividad maravillosa.

Recuerdo muchas y muy buenas sesiones, algunas especialmente emocionantes (como la vivida en Panamá con un grupo de chavales de la calle), otras especialmente intensas (como las vividas en Costa Rica, en la Feria Internacional de las Artes), otras muy divertidas (imposible olvidar algunas sesiones en el Café La Luna, en Logroño, o en el Festival de Las Siete Lenguas del Dragón, en Laussana, Suiza; o en los festivales de Segovia, Jaca, o Los cuentos eróticos por los rincones, en Las Palmas), y muchos momentos de felicidad: en Guadalajara (en Maratones de cuentos o Viernes de los cuentos), en las bibliotecas de Las Rozas, en muchas pequeñas bibliotecas y escuelas de Castilla La Mancha, Gran Canaria, Aragón, La Rioja, Andalucía, Extremadura...

Sobre dónde me gustaría contar. Me gusta contar donde cuento, en bibliotecas, escuelas, cafés, pequeños teatros... Tal como están los tiempos me gustaría seguir contando en estos sitios.

  • ¿Y qué elementos debe poner en juego un buen narrador para dar vida a un cuento?

La preparación previa es importante, especialmente la selección del texto: contar un buen cuento es tener ya mucho camino hecho. 

Necesito también que el cuento pueda existir en un contexto de libertad (para que pueda fluir naturalmente, adaptándose al momento y al público) y en un espacio adecuado (este detalle es bien importante: no se puede contar cuentos en un sitio incómodo, con mala acústica, etc.).

A la hora de contarlo yo me dejo arrastrar por la historia y el contexto: soy voz en ese lugar y con ese público. Esto conlleva la implicación del público, la aceptación de que eso que está sucediendo ahí es también cosa de ellos: somos un grupo alrededor de la palabra. Y la participación del público afecta al cuento (y, obviamente, me afecta a mí).

  • Nos gustaría que nos contaras algo sobre tu labor como editor:

    • ¿Qué objetivos persigues y qué has conseguido?

A la hora de crear la editorial Palabras del Candil pretendía generar un espacio para la reflexión  sobre el hecho de contar cuentos, así como un lugar para compartir textos y experiencias. Creo que esto se va consiguiendo título a título, sobre todo en las tres colecciones fundamentales de la editorial: Escrito en el aire (textos creados por narradores orales para sus sesiones), En teoría (libros de teoría sobre el acto de contar cuentos) y Tierra oral (libros que recogen tradición y tratan de preservar los buenos viejos textos orales).

    • ¿Qué acogida ha tenido tu proyecto?

Personalmente creo que la acogida ha sido estupenda: entre los narradores profesionales (no solo de España, sino también de América y, cada vez más, en otros países que no se habla español) y para aquellos que disfrutan contando o escuchando cuentos, Palabras del Candil es, cada vez más, un referente.

    • Números: ¿Cuántos títulos llevas publicado? ¿Cuántas colecciones? ¿Cuántos autores?

Si no recuerdo mal rondamos ya en los 35 títulos en apenas seis años de vida. Son cinco colecciones, además de las tres citadas está “1001 noches”, con libros que también pueden leer jóvenes y adultos, y “Biblioteca de ratones”, una colección de álbumes ilustrados ideales para contar que, de momento, cuenta con un único título. Vamos despacio pero vamos. Nuestros autores son básicamente narradores profesionales, aunque contamos también con algunos folcloristas (para la colección Tierra oral), en total son unos treinta autores de cuatro continentes (Europa, Asia, América y África).

    • ¿Qué libros destacarías entre todos los que has publicado en Palabras del candil?

Hay cuatro libros que son especiales para mí como editor. El primero es 99 pulgas, que fue el primer libro que publicamos y que, a día de hoy, se sigue vendiendo y sigue encontrando lectores (libro que, por cierto, acabamos de publicar también en inglés). El segundo libro que resultó especial para mí fue Cuando el hombre es su palabra, de Nicolás Buenaventura Vidal, un libro que había leído en su edición colombiana (ed. Norma) y que, tras cerrarlo, pensé: “si algún día hago una editorial para narradores este es el modelo a seguir”, años después entró en nuestro catálogo. Un tercer libro que marcó un hito fue la publicación de Contar con los cuentos, de Estrella Ortiz, acaso el mejor libro de teoría sobre contar cuentos que ha escrito una neonarradora (es decir, una cuentista de esta generación, de esta nueva hornada de narradores que ha surgido con la revitalización del oficio desde los 80 del pasado siglo), libro que estaba agotado y que pudimos re-publicar. Un libro extraordinario para iniciar la colección de teoría. Y por último, un libro que es, en verdad, un tesoro; se trata de Los cuentos de Ahigal, una colección de más de 250 textos tradicionales recopilados durante treinta años por José María Domínguez y que, en foros de expertos, es ya considerado como una de las cinco mejores colecciones de cuentos tradicionales recogidos España. Editar este libro supuso tres años de trabajo pero ha sido, para nosotros, como dije antes, como encontrar un tesoro.

Aun así resulta injusto que deje atrás los otros títulos, pues cada libro es especial y su camino hasta la editorial, hasta la imprenta, hasta la librería, hasta las manos del lector, una aventura.

  • Como escritor, ¿cuentas los libros que escribes, escribes lo que cuentas, qué relación establecerías entre las tres facetas de tu trabajo: oralidad, escritura, edición?

Como he dicho en respuesta a una pregunta anterior, separo cada faceta de mi actividad, aunque todas ellas son caras de un poliedro en cuyo corazón late el placer por contar y escuchar historias.

Actúo como escritor cuando escribo, como narrador cuando cuento, y como editor cuando selecciono un texto que considero adecuado para la editorial y lo preparo para la imprenta. Obviamente, no puedo hacer separaciones estancas, hay vasos que comunican entre estas actividades y a veces sucede que el Pep-narrador encuentra interesante algún cuento que ha escrito el Pep-escritor para contar. Aquí va un ejemplo concreto: de los doce álbumes ilustrados que he publicado como autor he incorporado a mi repertorio como narrador cuatro. Puedo contar los otros ocho álbumes en alguna ocasión, pero no es algo habitual.

  • Como persona vinculada a la organización de eventos, ¿cómo ves la narración oral en España, especialmente en relación con los países del entorno y Latinoamérica?

Durante muchos años he colaborado en la puesta en marcha del Maratón de Cuentos de Guadalajara y del Maratón de Cuentos de Las Palmas. También he puesto en marcha algunos otros festivales (La calle de la palabra, en Alcalá) y espacios de narración (como el último festival en Yebes, Guadalajara). Pero no me considero organizador de eventos ni programador. Es algo en lo que a veces, puntualmente, me puedo involucrar. Pero en cuanto el espacio está funcionando y encarrilado, suelo dejarlo en mejores manos. Mi oficio es el de contar cuentos.

Dicho esto, pienso que la situación de la narración oral en España hoy está en una situación muy complicada. 

Por un lado la narración tradicional está prácticamente desaparecida, al menos en cuanto a la narración de cuentos en espacios en los que tradicionalmente habitaban (la mesa camilla, la calle en verano, las tareas del campo...), aun así pequeños textos y leyendas urbanas siguen encontrando acomodo entre la gente, pero la oralidad popular, tradicional, tal como la conocíamos hasta ahora, creo que languidece.

Por otro lado la narración profesional se había ido revitalizando desde su resurgimiento en la década de los ochenta de la mano de la renovación pedagógica en las escuelas, el replanteamiento de las bibliotecas, la aparición de espacios de narración oral para adultos... sin embargo, estos últimos años en los que la crisis ha tocado la línea de flotación del Estado de Bienestar, la cultura, y especialmente la cultura de base, se ha visto afectada de lleno. Hoy en día vivir de contar cuentos con los exiguos o inexistentes presupuestos para ello en instituciones y con las últimas subidas de impuestos que se comen, antes de decir una palabra, el 42% de lo facturado (21% de iva y 21% de irpf), parece más una broma que una realidad. De todas maneras los cuentos han ido encontrando espacios en los que pervivir. Esperemos que los narradores también.

 

El 21 de agosto, Alicia Ramos publicó en la web de TenTeatro esta entrevista que podéis leer a continuación y que está centrada básicamente en aspectos de mi infancia.

Puedes ver la entrevista directamente en la web aquí.

Puedes ver un álbum de fotos (en féisbuc) de mi infancia aquí.

Puedes verme (y leer un relato relacionado) en plena acción aquí.

 

TAMBIÉN FUERON NIÑOS: Pep Bruno Galán

 

Si te pido que hagas un viaje a tu infancia ¿qué es lo primero que se te viene a la memoria?  Una imagen, un color, un olor, una canción…..? Cuéntame

Mi infancia es un país con muchos lugares: el pueblo de Selas (con sus calles, sus fuentes, su egido, sus rincones, sus pinares, sus montes...), las playas y la casa del avi en Vilanova i la Geltrú, los pinares de Luesia... al tener raíces en muchos lugares tengo también recuerdos dispersos por toda la geografía. Si cierro los ojos y pienso en mi infancia me puedo ver indistintamente en estos sitios (de Guadalajara, Barcelona y Zaragoza) con mi hermano y mis amigos corriendo, jugando, con la bicicleta, haciendo cabañas... en suma, siendo feliz.

 

Cuéntame  un momento muy feliz de tu infancia y uno que recuerdes con tristeza.

Son muchos los momentos felices de mi infancia y en ellos siempre aparece mi familia o mis amigos, especialmente mi hermano. Algunos podrían ser el día que estrené mi bicicleta naranja, o el día que llegábamos a la playa... como verás los tengo siempre asociados al verano: el mejor tiempo para la infancia.

Un momento triste fue la muerte de mi tío Vicente, la recuerdo con pena todavía.

Había también otros momentos difíciles (como puedes ver aquí: http://www.pepbruno.com/index.php?option=com_content&view=article&id=339:las-cabras-y-yo&catid=4:general&Itemid=62).

 

¿Para dormir preferías leer o que te contaran un cuento?

De niño no me contaban cuentos. Mi padre contaba historias de vida que escuchábamos embelesados, pero generalmente para irme a la cama siempre que podía me llevaba un buen libro.

 

¿Recuerdas que fue lo primero que leíste sólo:  un libro de cuentos, un tebeo, un libro de aventuras ….? ¿Te acuerdas del título?

No, no lo recuerdo. Una lástima pero en casa había muchos libros y muchos tebeos y no sabría decirte. Lo que sí te puedo decir es que desde siempre he tenido gran afición a leer.

 

¿De qué libro guardas un buen recuerdo y porque?

Guardo un buen recuerdo del libro El zoo de Pitus, de Sebastiá Sorribas, un libro que leí en varias ocasiones y que he vuelto a releer ya de adulto y me sigue gustando. ¿Por qué? Quizás por la historia en la que una pandilla de niños es capaz de conseguir dinero para ayudar a un amigo con un empeño monumental: hacer un zoo en su barrio.

 

¿Qué era lo mejor del verano?

El tiempo. El tiempo que había por delante. El tiempo que se desplegaba larguísimo desde junio hasta septiembre. Un lujo de posibilidades. Una maravilla, un saco de minutos por estrenar llenos de juegos.

 

¿Te gustaba jugar solo o preferías las pandillas?

Tenía tiempo para jugar solo (aunque teniendo hermano a veces era difícil porque siempre acabábamos jugando juntos) y tenía tiempo para estar con la pandilla. Quizás según iba creciendo el grupo de amigos se volvía más importante para los juegos.

 

¿Recuerdas alguno de tus juegos favoritos con los amigos?

Me encantaba ir con las bicicletas y explorar por el monte o jugar en el egido, en Selas. También en Selas hacíamos barcos de pizarra y los echábamos al regato haciendo carreras (es un recuerdo que tengo muy vívido). En la playa hacíamos castillos de arena enormes, chapoteábamos, buceábamos... ¡pasábamos las horas jugando!

 

¿Cuál es el juguete del que guardas un especial recuerdo?

Sin duda la bicicleta, de hecho ya la he citado en un par de ocasiones.

 

¿Qué te gustaba coleccionar de niño?

Tenía una colección de sellos y una de monedas. La de monedas era mi favorita. Aunque a veces también me enganchaba con alguna colección de cromos.

 

De los amigos de la infancia, ¿conservas alguno?

A veces veo a alguno de ellos, pero ya no tenemos esa íntima complicidad.

 

¿De pequeño querías ser como...? 

Sandokán, Supermán, Orzowei, Pippi Calzaslargas... ¡había muchos y muy extraordinarios a los que imitar!

 

¿Cuando eras pequeño que soñabas ser de mayor?

Pensaba en ser bombero o escritor. Parece que algo escritor voy siendo.

 

¿Se han cumplido los sueños de tu infancia?

En mi infancia no tenía anhelos para la edad adulta, me dedicaba a jugar y crecer. Los sueños de mi infancia se cumplieron en mi infancia, una infancia llena de juegos, libros y con una familia que me acompañó (y acompaña) con mucho amor.

 

Si pudieras volver a ser un niño ¿que tres cosas no dejarías de hacer?

Jugar, soñar con los ojos abiertos y leer.

 

Datos

Pep Bruno

nací el 18 de mayo de 1971

mis padres: Juan y Marián

mi hermano pequeño: Joan

casado y con dos hijos (de 12 y 9 años, actualmente)

profesión: narrador oral profesional, escritor, editor.

hobbies: me gusta leer, es mi gran pasión. También escribo mucho. Y además de esto, siempre que puedo, nado, veo cine, juego al ajedrez y, de vez en cuando, vuelo la cometa.

[En la web de TenTeatro la entrevista tiene una introducción bastante completa con datos sobre mí]

 

 

 

 

 

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